En 1770 Nícola Cugnot instaló una máquina de vapor a un triciclo con un motor de dos cilindros. Esa rudimentaria tecnología evolucionó con el paso de los años, hasta llegar, en su máxima expresión, a los famosos bólidos de la Fórmula-1 de los actuales momentos.
La ansiedad por rebajar el tiempo empleado en ir de un lugar a otro, dio origen al automovilismo como deporte competitivo. Podría decirse que esta disciplina nació el 20 de abril de 1887, cuando un periodista francés, de apellido Fossier, organizó una carrera de ida y vuelta, entre Neuilly y Versalles, con un trazado de 32 kilómetros.
En Colombia el entusiasmo por las carreras de carros acondicionados cobró especial importancia hacia 1940. Las adversas condiciones de nuestra topografía, el pésimo estado de las ‘carreteras’, pavimentadas de polvo en verano y de lodo en invierno, además de la imperiosa necesidad de vadear buena cantidad de ríos por la parte más baja existente entre una orilla y otra, hicieron de la práctica de esta disciplina algo heroico. Un tema apasionante sobre el cual es preciso entrar en detalles en próxima ocasión.
De momento, pues hace pocas semanas se cumplieron 56 años, recordemos lo que fue la sensacional carrera Gran Premio de América del Sur, que unión a Buenos Aires con Caracas y de regreso a Lima con la capital bonaerense.
Cuando el reloj marcó el primer segundo del miércoles 20 de octubre de 1948, partió de Buenos Aires, cobijado por las sombras de la madrugada, el
Gran Premio de América del Sur, carrera concebida para unir amistosamente a los países del continente, a través de la denominada Ruta Panamericana. El objetivo, cumplir el recorrido Buenos Aires-Caracas, con regreso desde la capital inca a Buenos Aires en automóviles de cualquier fuerza y cilindrada, con excepción de los vehículos especiales de carreras, sport y grand sport. De los 141 pilotos inscritos, salieron 138, divididos en tres categorías según la experiencia adquirida en múltiples competencias anteriores.
Además de Argentina, que fue el país que más pilotos aportó, se hizo presente Perú con ocho coches y en menor escala Uruguay, Chile, Bolivia y Venezuela.
La primera etapa para estos carros, estéticamente desvencijados por razones del acondicionamiento, pero en óptimas condiciones técnicas, se cumplió sobre un trazado exageradamente extenso, 1.692 kilómetros, entre Buenos Aires y Salta. El triunfo correspondió al ídolo gaucho Oscar Gálvez, en un carro Ford, luego de agotadoras 13 horas, 52 minutos y 47 segundos, a un promedio admirable para el estado de las carreteras de esa época: 121,800 kilómetros por hora.

Luego de transitar por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia (desde Pasto hasta Cúcuta) la etapa final, en el primer sentido de la carrera se programó entre Valera, ya en territorio venezolano y Caracas, con trazado de 677 kilómetros. El triunfo fue para el mendocino Víctor García, previo ‘permiso’ del inolvidable Domingo Marimón, quien en su condición de piloto de mayor edad, ordenó la detención de todos los carros al presentarse, en aquella etapa hacia la capital venezolana, el accidente de Juan Gálvez, quien contó con la solidaridad de sus compañeros de competencia, para salir del contratiempo. García, invocando su popularidad en su tierra natal, General Alvear, deseaba ganar al menos una etapa y a ello contribuyó el gordo Marimón, dejándolo seguir, como caso excepcional. Pero en Caracas todo el público anhelaba ver entrar triunfante a Oscar Gálvez -hermano de Juan- vencedor en siete de las 14 etapas iniciales.
Como ganador global de la primera parte del Gran Premio de la América del Sur se consagró, en las calles caraqueñas, Domingo Marimón, quien a bordo de su Chevrolet número 12, cubrió los 9.576 kilómetros, desde Buenos Aires, en 118 horas, 37 minutos y 18 segundos. Juan Gálvez, por culpa del accidente, ocupó el puesto 37º. y pasó a ser tercero en la clasificación general. Oscar fue descalificado por recibir ayuda de un Buick particular, aspecto que estaba por fuera del reglamento.
Fue tan dura aquella travesía por América del Sur, que de 138 coches que partieron de la capital argentina, solamente 44 llegaron a Caracas.
Como las normas permitían el reintegro, en el regreso a la capital bonaerense (segunda parte) de todos aquellos pilotos que como mínimo hubieran terminado en tiempo reglamentario la primera etapa (Buenos Aires-Salta), de Lima hacia Buenos Aires salieron 80 máquinas, de las cuales sólo 43 llegaron.
El 11 de diciembre de 1948, hace pues 56 años, toda la capital argentina se volcó a la avenida General Paz para vivir las últimas emociones de la increíble prueba. Las manos se enrojecieron aplaudiendo a Oscar Gálvez, ganador del tramo de regreso, 5.189 kilómetros en 47 horas, 20 minutos y 29 segundos. Había perdido la competencia hacia Caracas por ayudar a su hermano Juan, otro ídolo continental del automovilismo.
Si el título del Gran Premio de América del Sur se hubiera otorgado por ambos trayectos, 14.765 kilómetros en total, Juan Gálvez habría sido el campeón con 170 horas, 19 minutos y 29 segundos, el mejor registro entre los únicos 26 pilotos que hicieron completo el recorrido.
De un total de 19 jornadas, los hermanos Gálvez, auténticos iconos del automovilismo suramericano en las décadas del cuarenta y del cincuenta, ganaron 17. Víctor García, fue vencedor parcial en Caracas y Juan Manuel Fangio en la jornada La Paz-Arequipa, como únicas excepciones.
Juan Gálvez murió trágicamente el domingo 3 de marzo de 1963, cuando se cumplía la X Vuelta a Olavarría. Había nacido el 14 de febrero de 1916. Su muerte motivó una conmoción en el empírico mundo automovilístico de aquellos tiempos, similar a lo ocurrido con la muerte, también trágica, del brasileño Ayrton Senna el 1º. de mayo de 1994, pero ya en carreras de Fórmula-1