Pedro Alberto Spencer Herrera: un hombre que siempre
estará en la mente de los buenos aficionados al fútbol en Ecuador y en Suramérica en general. Se trata, sin lugar a ninguna duda, del mejor jugador que dio Ecuador en todos los tiempos.
Nació en la población de Ancón, provincia del Guayas el 6 de diciembre de 1939. Está pues próximo a cumplir 67 años de vida. Hijo de Walter Spencer, un trabajador inglés de los ferrocarriles y América Herrera, una mestiza ecuatoriana, fue el noveno de 13 hermanos, dos de cuales en algún momento vivieron en territorio colombiano.
Antes de adoptar el fútbol como profesión fue chofer de taxi. Se inició en la segunda división del equipo Everest del puerto de Guayaquil, hacia el año de 1953, pasando luego a la primera categoría en 1955, donde jugando con el número 10, alternaba la titularidad con Isidro Matute. Su primer partido fue contra Emelec, juego que terminó empatado. En 1959 se vinculó a Peñarol de Montevideo, Uruguay.
Su paso al equipo ‘Charrúa’ se produjo a raíz de un torneo suramericano extra celebrado en el Ecuador a finales de la década del sesenta. Spencer defendía los colores nacionales de Ecuador, dirigido por el técnico Juan López. El moreno causó trata impresión entre los directivos de Peñarol. Rápidamente se llegó a un acuerdo y Spencer Herrera pasó al equipo oriental por trece mil dólares de hace 46 años, de los cuales cinco mil fueron para el jugador. Antes de firmar para el Peñarol, recibió ofertas del fútbol español y del Boca Juniors de Argentina. Después de haber mostrado sus grandes condiciones con el equipo uruguayo en Europa, en algún momento fue tentado por el Milán, pero las negociaciones no se concretaron.
Su estreno en campos uruguayos se produjo hacia el mes de febrero de 1960. Lo hizo frente al equipo Atlanta. Un estreno auspicioso, pues Alberto Spencer marcó tres goles. Un año más tarde, en 1961, contrajo matrimonio con la chilena, María Teresa Capetillo, de cuya unión nacieron sus hijos Carlos Alberto, Jacqueline Andrea y Walter, todos uruguayos, en razón de haber vivido Alberto la mayor parte de su carrera como futbolista en tierras orientales.
Con estatura de 1,80 metros y 72 kilos de peso, desde sus primeros años en el fútbol tuvo una gran vocación goleadora, tanto en Peñarol como en Barcelona. Podría decirse que el 70% de sus anotaciones fueron con remate de golpe de cabeza, dada la facultad de Spencer para elevarse frente a los zagueros contrarios. Durante las temporadas de 1961, 1967 y 1968 fue el máximo goleador en el torneo profesional del Uruguay, donde la dificultad para concretar una diana es bien acentuada, dado el juego fuerte, recio, contundente, del balompié ‘Charrúa’.
Vivió la época de gloria del Peñarol. Campeón uruguayo y suramericano de clubes, conquistó la II versión de la Copa Intercontinental de clubes frente al Benfica de Portugal en 1962, liderado por Eusebio y posteriormente el mismo título, en 1966, contra el Real Madrid de España. Al final de cuentas fue tres veces campeón de Copa Libertadores de América (1960, 1961 y 1966) con el conjunto ‘Charrúa’ y dos veces ganador del máximo título intercontinental (ya reseñado) y en una ocasión campeón de la Supercopa.
Fue titular de la escuadra nacional de Ecuador desde 1957 hasta 1972, donde tuvo ocasión de actuar en las fases eliminatorias de Copa Mundo. Se retiró del conjunto nacional luego de actuar en el famoso ‘Mundialito’ de Brasil. Jugando para Peñarol, fue varias veces llamado a hacer parte del equipo nacional de Uruguay, sin renunciar a la ciudadanía ecuatoriana. Visitó en seis ocasiones la casaquilla ‘celeste’ y anotó el primer gol uruguayo en el estadio de Wembley, frente a Inglaterra, en 1964.
Desde 1954, cuando hizo su estreno en el Everest, hasta febrero de 1971, fecha en la cual se desvinculó, a pedido propio del Peñarol, Alberto Spencer Herrera anotó más de 400 goles en partidos oficiales o amistosos, registro digno de tenerse en cuenta.
Después de Peñarol y de regreso a su natal Ecuador, por ‘satisfacción personal’ como el mismo Alberto Spencer lo dijera, terminó su carrera como jugador activo en el Barcelona, cuando promediaba los 33 años de edad.
Pese a su buena voluntad de cerrar por todo lo alto su carrera, en un equipo del terruño, esta fue su experiencia en palabras del mismo Spencer:
El peor momento o el más ingrato fue jugando con Barcelona de Ecuador, al regresar de vivir en Uruguay. Fue en un partido de la Copa Libertadores, precisamente contra Independiente de Argentina en 1972. No veía una y estuve en una noche negra, negra. El público comenzó a silbarme y a reprochar mi actuación. Pedí cambio y dije: Nunca más jugaré en Guayaquil y nunca más lo hice.
Nunca esperé, por desastrosa que fuera una presentación mía en Ecuador, que el público me silbara. Con casi doce años en Uruguay, jugado cantidad de partidos, jamás fui reprobado por el público. En seis meses que actué en Guayaquil, siendo ecuatoriano, habiéndole dado tanto al fútbol d mi país, modestia aparte, fui silbado por todos los 12 años que estuve fuera de la patria. ¡Qué dolor…!
Pedro Alberto Spencer Herrera, una auténtica gloria del fútbol ecuatoriano, quien siempre demostró su admiración por otro ídolo colombiano, el porteño Delio ‘Maravilla’ Gamboa.
Hacia el año de 1974, ya dedicado a la noble pero ingrata labor de director técnico al frente de Universidad Católica, tuvo ocasión de hacer buena amistad con el colombiano Leonel Montoya, por aquellos tiempos entrenador de Liga Deportiva Universitaria de Quito.
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