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Mala imagen nacional e internacional

Ni los tiros de esquina se pueden cobrar en paz

Elementos extraños en el campo de juego, asunto que a ninguno parece importar
Al amparo de que en otros países sucede lo mismo, a la sombra de que en otros estadios se aprecia igual cosa, en fin, al amparo de la perniciosa norma de ‘dejar hacer’, ha tomado fuerza en forma lenta pero sostenida, la costumbre de tener que ejecutar, para citar un solo caso, los servicios de tiro de esquina en los partidos de fútbol, al abrigo de un cerrado cerco de escudos plásticos, formado por la policía asignada para cada partido. Esto se puede apreciar dominicalmente en todos los estadios del país, trátese o no de juegos del campeonato profesional colombiano o de torneos internacionales, como la actual Copa Nissan Suramericana.

Sin entrar a considerar que el estadio tenga o no pista atlética, factor que ubica más o menos lejos a los protagonistas del juego, de buena parte de la legión de salvajes que han tomado el hecho de asistir a fútbol para dar rienda suelta a sus más primitivos instintos, lo cierto del caso es que debe recurrirse a una protección que luce grotesca, para poder cumplir con la ejecución de una jugada más, tan elemental como otra cualquiera del partido.

Y lo más melancólico de este dominical ‘espectáculo’ es que no rige solamente para los jugadores del equipo de la visita. Acontece, y por fortuna los medios de comunicación visuales lo atestiguan, lo sufren los jugadores del equipo dueño del campo, contra quienes sus ‘amantes seguidores’ la emprenden a guijarros desde las tribunas más cercanas.

Si eso se hace con el leño verde... qué podrá acontecer con el seco ?

Pero este denigrante espectáculo doméstico, ‘importado’ de otros campos, pues en nuestro medio somos expertos en asimilar con lujo de detalles los desafueros públicos de buena aceptación en otros lares, cobra una dimensión mayor cuando se trata de partidos de carácter internacional y más aún, correspondientes a un torneo formal.

Para citar un caso concreto, el último partido de la Copa Nissan Suramericana en la ciudad de Ibagué, entre el local Deportes Tolima y el Pachuca de México. Jugadores de ambos bandos ‘lidiando’, al momento de ejecutar un tiro de esquina, con los desniveles del campo (entre pista atlética y gramilla), la presencia de reporteros gráficos en el lugar equivocado, cintas de papel y para completar, el cerco policial de rigor, ‘normal’ en todo juego, en las cuatro esquinas.

Y con esta imagen de ‘civilización deportiva’ ante los ojos de propios y extraños, tener el valor civil de salir a insinuar o pedir la sede de un Campeonato Mundial de Fútbol, sea para el 2014, 2018 ó 2022, etc. No puede ser factible.

Una más: en las canchas de baloncesto no se permite la más pequeña evidencia de humedad o agua sobre el piso, pues se seca de inmediato; en los campos de tenis no se tolera un sola bola a la deriva, pues al instante la retira el cady; en los velódromos, a la más ligera insinuación de lanzar a la pista un objeto, por simple que sea, los jueces convocan por altavoces a la cordura de los asistentes; en el automovilismo se neutralizan las competencias mientras se despeja de obstáculos la pista a consecuencia de un accidente o contratiempo menor. Hasta en las corridas de toros, a mitad del festejo, se refacciona el ruedo, tanto por estética como para vigilar con mayor precisión el tercio de varas. Y así muchas otras manifestaciones de recreación pública. Dicho lo anterior, por qué razón o motivo en los partidos de fútbol se permite jugar, cuando parte del campo está invalido de resistentes cintas de papel, arrojadas desde las tribunas, que entorpecen el discurrir del balón y enredan aún más el desplazamiento de los jugadores?


Ante esta situación, casi todos los árbitros y jueces de línea se hacen los de la vista gorda. Dejan que continúe el partido, sin inmutarse. Es más, ni siquiera en el tiempo de receso de un periodo a otro se hace algo por la adecuada presentación del campo. Debería ser función del árbitro velar por este aspecto y en caso extremo suspender momentáneamente el juego.

Y algo peor aún: en esta instancia no aparece por parte alguna la persona encargada de la administración del estadio, quien debería disponer de algunos subalternos para dejar la gramilla en condiciones de jugar, sin tener ELEMENTOS EXTRAÑOS que entorpezcan el discurrir del partido.

Hace ya unos cuantos años América, en campo del River Plate, por culpa del papel picado, tendenciosamente lanzado hacia el costado que iba a defender el equipo escarlata, salió mal librado de un partido de Copa Libertadores de América. Oscar Córdoba no debe haberlo olvidado.

Que el papel picado o en cintas aporta una visual manifestación de jolgorio al espectáculo, admitámoslo. Pero si no es un elemento de estorbo al desarrollo del juego, de confusión en un momento dado, ¿cuál es la razón por la cual la FIFA no lo admite en los partidos de la Copa Mundo?
Tobías Carvajal Crespo, 27 de septiembre de 2006

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