El mundo del fútbol se conmocionó profundamente hace algunos días, al conocer detalles del grave accidente automovilístico, del cual fue protagonista principal el
delantero del seleccionado nacional del Uruguay, Debray Darío Silva Pereira, un hombre nacido el jueves 2 de noviembre de 1972, en la población de Treinta y Tres, ubicada 286 kilómetros al noroeste de la capital, Montevideo.
Silva Pereira, a quien los médicos debieron amputarle la pierna derecha 10 centímetros por debajo de la rodilla, pues quedó destrozada la parte ósea y la masa muscular al recibir todo el peso del poste del alumbrado público que embistió con su camioneta, vistió en 49 partidos la camiseta nacional uruguaya, además de prestar sus servicios a los equipos ‘Charrúas’ de Defensor y Peñarol, este último el conjunto más antiguo de ese país, fundado el 18 de julio de 1891 y conocido con el actual nombre a partir del 13 de diciembre de 1913.
Con estatura de 1,75 metros y peso corporal de 73 kilos, Darío Silva se distinguió siempre por su picardía, su gran velocidad, su sentido de ubicación en el campo y certero remate al arco. Durante su periplo por el balompié del viejo mundo, actuó para el Cagliari de Italia y los conjuntos españoles de Málaga, Espanyol y Sevilla. Hasta poco antes de retornar a Uruguay, para vincularse posiblemente al Nacional, jugó sus últimos partidos con el equipo inglés de Portsmouth.
A raíz de este doloroso episodio, vale la pena recordar que el fútbol del Uruguay es quizás el único del mundo, que registra el insólito hecho de haber tenido tres jugadores, en época de plena actividad profesional, con mutilaciones en alguna de las extremidades, fuesen éstas superiores o inferiores. La más sencilla se materializó en la persona del portero Roque Bernardico, suplente del Walter Taibo en el seleccionado. En 1953 debió amputársele el dedo meñique de la mano izquierda, al reventárselo en un encontronazo con un rival. Pese al percance, se sobrepuso y fue el portero de Uruguay, la noche del 17 de marzo de 1957, cuando Colombia derrotó por primera vez al equipo ‘Charrúa’, en el Suramericano de mayores en Lima.
Muchos años antes, otro estelar jugador uruguayo, Héctor ‘El Manco’ Castro, campeón olímpico en 1928 en Amsterdam, campeón del mundo en 1930 en Montevideo y campeón suramericano en 1926 y 1935, jugó sus mejores años, careciendo de la mano derecha, la cual se mutiló en un accidente industrial, con una sierra eléctrica.
La pérdida de un dedo, una mano y ahora una pierna, definitivamente la más grave, flagelo del destino para con tres jugadores de una misma nacionalidad, donde el fútbol llegó de la mano de los ingleses, en el año de 1878.