Atlético Bucaramanga y Atlético Junior hicieron noticia y muy trágica por cierto, hace 25 años. En la ‘Ciudad de los Parques’ se enfrentaron los dos equipos que estaban ubicados en los primeros puestos del torneo profesional, grupo ‘B’. Los ‘Tiburones’ en el segundo puesto con 18 y los ‘Búcaros’ en el tercero, con 17.

Los incidentes que habrían de terminar en una auténtica batalla campal se iniciaron hacia las 5:20 minutos de la tarde, cuando ya habían transcurrido 39 minutos del tiempo complementario y el árbitro Eduardo Peña se abstuvo de sancionar un tiro penal en beneficio del Atlético Bucaramanga, cuando el equipo local perdía por anotación de 1-2. La ‘chispa’ se prendió cuando al área penal del Junior ingresó el jugador Saturno y fue derribado por el zaguero Jesús ‘Toto’ Rubio. De inmediato el propio Saturno, sin autorización del árbitro, ubicó el balón en el punto penal, para ejecutar un castigo no autorizado por el juez central. El público, enardecido, pidió la declaratoria de tiro penal, que jamás se decretó.
A esta negativa se sumó el hecho de estar resentidos los asistentes al estadio ‘Alfonso López’, pues para la gran mayoría el gol de la victorias, hasta ese momento parcial del Atlético Junior, logrado por Tutino, a los 28 minutos de la fase final, había sido en posición ilícita.
En el desarrollo normal del juego, Paruzzo del Bucaramanga abrió el marcador a los 10 minutos del tiempo inicial, mientras por Atlético Junior empató Galván en el minuto cinco del tiempo complementario.
Al no sancionar el árbitro Eduardo Peña el tiro penal, algunos aficionados se lanzaron a la cancha para perseguir a los árbitros, quienes al advertir el peligro huyeron hacia el camerino del Atlético Bucaramanga. En cuestión de segundos una verdadera turba se volcó sobre el campo de juego, arrasando con las mallas de contención e iniciando un combate a campo abierto que la policía fue incapaz de contener con su inferioridad numérica.
Al notarse la gravedad de los acontecimientos, se requirió la presencia de tropas del ejército, adscritas a la V Brigada, que tenían su cuartel a media cuadra del lugar de los hechos. Fue entonces cuando se comenzaron a escuchar disparos que condujeron a la confusión y el pánico total, mientras la multitud buscaba desesperadamente las puertas de salida del estadio.
Los jugadores de ambos equipos debieron refugiarse en los camerinos del equipo local, el Atlético Bucaramanga, mientras la policía y el ejército hacían frente a los revoltosos. En los enfrentamientos, tanto del estadio como en las calles cercanas, murieron cuatro personas, entre ellas un menor de 14 años. Los heridos, según datos del Hospital Ramón González Valencia, sumaron más de 50. Por aquellos días era gobernador del departamento de Santander, Luis Ardila Casamintana.
Ya bien entrada la noche, los desórdenes prosiguieron en lo alrededores del escenario deportivo, siendo mucho de ellos protagonizados por merodeadores, que aprovechando la situación de caos, se dedicaron al pillaje e inclusive saquearon varios establecimientos comerciales del sector.