La Ciudad de México, sede de los XIX Juegos Olímpicos de 1968, determinó celebrar dos y tres años antes lo que, en buen momento, se denominó Semanas Pre-Olímpicas, evaluaciones deportivas encaminadas a conocer la real incidencia del factor altura en los competidores de las diversas disciplinas olímpicas, antes de su intervención oficial.
La II de tales semanas se cumplió a finales de octubre de 1966. Cerca de 800 atletas, durante nueve días, midieron su real capacidad en diez deportes.
El único representante colombiano en esa competición fue el atleta antioqueño Alvaro Mejía Flórez, que como mejor carta de presentación de ese año enseñaba los títulos de campeón Centroamericano y del Caribe (Juegos de Puerto Rico) en la modalidad de 1.500, 5.000 y 10.000 metros planos, donde superó a difíciles adversarios del área, siendo el principal de ellos, el mexicano Valentín Robles.
Debido a sus precarios viáticos, Alvaro Mejía, ya en la propia capital azteca debió deambular de hotel en hotel, buscando la tarifa más económica posible, hasta lograr una ubicación más estable, cedida generosamente por las autoridades del evento en el Centro Olímpico.
Desde el punto de vista atlético, al lado del colombiano estaban figuras de la talla mundial del belga Gastón Roelants, doble campeón, por aquel entonces, de la famosa Corrida de San Silvestre y poseedor del segundo mejor tiempo mundial para la prueba de 10.000 metros planos. Igualmente el gran fondista tunecino Mohamed Gammoudi, medallista de plata en la prueba de 5.000 metros planos, en los Juegos Olímpicos de Tokio, dos años antes. Como si lo anterior fuese poco, también figuraba en la lista de los convocados a la semana Pre-Olímpica, el húngaro Laszlo Mecser, sexto mejor tiempo mundial para los 10 kilómetros. Y por Latinoamérica los mexicanos Juan Martínez y Valentín Robles.
La presencia de Mejía Flórez, como solitario deportista colombiano, se debió a su interés por correr las pruebas de 5 y 10 kilómetros, respectivamente, frente a rivales de categoría mundial, ya que poseía las marcas suramericanas en ambas longitudes. En los 5.000 metros su mejor registro era de 15m-53s 4/10 (sexto mejor a nivel olímpico) y en 10.000 metros era de 29m-10s 4/10, impuesto en Bucaramanga el 13 de septiembre de ese mismo año de1966, que de paso era igual al establecido anteriormente por el gran fondista argentino, Oswaldo Suárez.
Pese a no contar con todas las comodidades, lo cual repercutía en su estado anímico, su entrenador Carlos Avila, vieja gloria del atletismo del Valle del Cauca, decía de Mejía Flórez:
Es la oportunidad más grandiosa que Alvaro ha tenido en su carrera atlética, no sólo por su estado físico, sino porque alternará con los más grandes del deporte mundial.
Y la hora y el día señalado llegaron. Desde el momento que sonó el disparo para la salida de los 5.000 metros, Alvaro Mejía se ubicó en los primeros lugares, posición que mantuvo en las nueve vueltas iniciales, donde el mayor empeño por seleccionar el grupo lo impuso el tunecino Gammoudi. Al promediar el recorrido, el colombiano quedó únicamente con la compañía del propio Gammoudi, el soviético Zurín y el húngaro Mecser. Una cuarteta de lujo para una definición olímpica.
A partir de ese momento la lucha entre los cuatro fondista fue muy dura. Zurín, restando 800 metros para la meta asumió el comando con paso firma. Gammoudi aprovechó la circunstancia y aceleró al máximo. Alvaro Mejía, fiel a su promesa de estar al lado de los vencedores, fue el único que resistió el paso definitivo del tunecino hacia la meta. Faltando 400 metros la prueba se tornó espectacular, pues Gammoudi insistió por el triunfo, pero el colombiano, en frenético esfuerzo, lo emparejó al tomar la última curva, hasta sacar una mínima luz de ventaja. Al romperla cinta de meta final, ambos cronometraron un tiempo de 14m y 20 segundos exactos. En la tercera casilla se ubicó el soviético Juri Zurín.
La noche de aquel 18 de octubre de 1966 (de ello se conmemoran ahora 40 años) en México sólo se habló del colombiano Alvaro Mejía Flórez, quien eclipsó a varias decenas de atletas de todas las razas.
Por qué en su tierra no apoyan a Mejía...
preguntaron los periodistas extranjeros al gran novelista Germán Castro Caycedo, enviado especial al evento, y agregaron antes de obtener una respuesta de éste:
Es una lástima amigo, ustedes no saben lo que tienen. Nosotros quisiéramos al menos uno de su talla y tendríamos para hacer fiesta.
Alvaro Mejía Flórez, héroe del atletismo nacional en la década de 1960, nació en Medellín el 15 de mayo de 1940. Hoy tiene 66 años y medio.