Desde 1997 comenzaron para el piloto Juan Pablo Montoya los grandes triunfos internacionales, que poco a poco fueron encumbrando su nombre y su prestigio, hasta lograr un cupo en la Fórmula-1, de la cual ahora está marginado. En la Fórmula-3000 de los Estados Unidos fue segundo en la temporada del año 97, escoltando al brasileño Ricardo Zonta. Un año más tarde (1998) obtuvo el título, al presentarse las graves acusaciones contra el piloto alemán Heidfeld, poco antes de iniciarse el circuito de Nürburgring, Alemania, donde el campeonato estaba cabeza a cabeza entre el colombiano y el germano. La FIA, haciendo uso del artículo 16.1.1 del reglamento para pruebas de Fórmula-3000, descalificó a Heidfeld, luego de comprobarse el uso de combustible ‘adulterado’ en su vehículo.
En 1999 pasó a ser figura en el Campeonato Mundial de la Fórmula Cart-Fedex. Desde la primera carrera la responsabilidad para Juan Pablo fue enorme, pues pasó a sustituir en las filas de la escudería Chip Ganassi Racing, en su condición de novato, a Alessandro Zanardi, campeón de novatos en 1996 y triunfador absoluto de la general individual en 1997 y 1998.
En esta categoría automovilística, la más importante de los Estados Unidos y por la cual pasaron leyendas de la velocidad como Mario Andretti, Emerson Fittipaldi y Nigel Mansell, entre otros, el colombiano cumplió un estreno auspicioso. Hizo la segunda mejor vuelta de todo el circuito y acumuló tres puntos.
Lo que podría denominarse como auténtico ‘Maracanazo’ automovilístico lo protagonizó Juan Pablo Montoya el sábado 15 de mayo de ese año 1999, al triunfar en el óvalo Emerson Fittipaldi de Río de Janeiro, Brasil, cuna de los más prestigiosos pilotos suramericanos. Con tres victorias consecutivas, el colombiano se consolidó en el liderato de la Fórmula Cart-Fedex y lo más importante, inscribió su nombre para la historia, como el primer novato en ganar tres pruebas en línea.
Próximo a concluir el año deportivo y con 23 puntos de ventaja frente al caballeroso adversario escocés Darío Franchitti, el camino hacia el título parecía estar plenamente despejado. Pero ello no fue así: los sucesivos circuitos, tres en total, celebrados en Laguna Seca, California, Houston y Australia, significaron notables contratiempos mecánicos y de conducción para Juan Pablo. La penúltima válida del campeonato, un circuito en las calles de Queenasland fue fatal para sus aspiraciones, pues al abandonar la carrera perdió el comando de la clasificación general, frente a su máximo rival, Darío Franchitti, quien pasó al comando con 209 puntos, contra 200 de Montoya. Todo quedó postergado para la última prueba, el domingo 31 de octubre de 1999. De ello hace hoy siete años.
El óvalo de Fontana, California, programado a 250 giros, cada uno de 2,029 millas, sirvió de escenario apropiado para una final excepcional. Después de casi tres horas de vibrantes emociones, vividas muy de cerca por unos 500 colombianos, apostados en las tribunas del autódromo y por la población entera de Colombia a través de la televisión, la cuarta posición de Juan Pablo Montoya en la meta final, coincidiendo con la décima del escocés Franchitti en la misma raya de sentencias, determinaron un empate a 212 puntos entre los dos pilotos, igualdad que se definió en beneficio del bogotano por haber acumulado, en el transcurso del año, siete victorias, frente a tres del piloto europeo.
El reconocimiento unánime de Colombia y de los diversos medios deportivos no se hizo esperar y fue distinguido el 9 de diciembre como el Deportista del Año, cuando ya había cumplido los 25 años.
Por cosas de la vida en el deporte, Juan Pablo Montoya vuelve ahora a competir en los Estados Unidos, al amparo de su gran mecenas de finales del siglo anterior, Chip Ganassi, mientras el italiano Alessandro ‘Alex’ Zanardi, mutilado de sus dos piernas en un impresionante accidente, cuando precisamente competía, anuncia su regreso para probar su audacia como hombre y su capacidad física como conducto, al frente de un BMW-Sauber de la Fórmula-1.