Después de estar ausente de la cita Olímpica de 1952 en Helsinki, el deporte de Colombia asistió a los XVI Juegos en el año de 1956, en la ciudad de Melbourne, Australia, medio siglo atrás colonia perteneciente a la corona británica, hasta que en 1986, la Reina Isabel II firmó en Canberra, la capital, el Acta que estableció la independencia legislativa y judicial de ese enorme país.
Como siempre -y aún hoy acontece- recaudar fondos para el desplazamiento de la embajada deportiva de Colombia hasta ‘el otro mundo’ donde estaba Australia fue toda una odisea. Gracias a una activa campaña, orquestada por los diversos medios de comunicación del país, se logró el pleno respaldo de la industria y el comercio en general. Ese liderazgo, como patrocinador, lo encabezó la multinacional ‘Colgate-Palmolive’, con el aporte más significativo para el viaje.
En la segunda quincena de noviembre de 1956 viajaron los deportistas criollos a Australia. Lo hicieron en un avión de la empresa Avianca, de matrícula HK-136, especialmente acondicionado para tan largo desplazamiento. El viaje duró 64 horas, de acuerdo al siguiente itinerario: Bogotá-Barranquilla-frontera de México y San Francisco (Estados Unidos) para luego hacer travesía a las islas Hawai, islas Canton, islas Fidji y por último Sydney y Melbourne.
Como comandante de aquel ‘vuelo increíble’ estuvo el capitán Baronio Cuéllar, contando con la colaboración del segundo comandante, capitán Antonio José Uribe. Igualmente los oficiales Horacio Luna y Oswaldo Chapman.
El equipo nacional, del cual fue abanderado el atleta vallecaucano Jaime Aparicio, quien dejó de asistir a Helsinki en el mejor momento de su carrera deportiva, ya que venía de ser Campeón Panamericano en Buenos Aires, 1951 se completó, en cuanto a atletismo hace referencia, con Guillermo Zapata, Alfonso Muñoz, Carlos Sierra y Rubén Guevara. El ciclismo, una de las ‘cartas bravas’ de nuestro deporte, lo hizo con Octavio ‘Petróleo’ Echeverri, León Angel Mejía, Ramón Hoyos Vallejo, Honorio Rúa, Héctor Mesa Monsalve, Pablo Hurtado, Jaime Villegas, el denominado ‘Expreso Tulueño’ y Jorge A. Luque, el ‘Aguila Negra’ de Cundinamarca. Todos ellos bajo la dirección del argentino Julio Arrastía Brica.
Esgrima contó con el aporte de Pablo Uribe, Emilio Echeverri, Emiliano Camargo, Alfonso Yanguas, Gabriel Blando y José del Carmen Gómez. La natación, que había tenido una buena figuración en los Juegos Olímpicos de Londres, con Luis Eduardo ‘Tiburón’ González, llevó en esta oportunidad, al otro lado del mundo, a los dos mejores nadadores de Colombia en mucho tiempo, los hermanos Gilberto y Sergio Martínez. Igualmente a Alvaro Gómez.
El deporte de las pesas, que 44 años después (en el 2000) con María Isabel Urrutia habría de brindar a Colombia la única medalla de oro hasta la fecha, se hizo presente con dos deportistas de excepcional condición y profesionalismo: José Ney López y Carlos Caballero. Se completó la delegación con los hombres del tiro, encabezados por William Peters, Enrique Hannaberg, Carlos Olano Cruz, quien alternaba el deporte con la política y el periodismo, Enrique Padilla y Juan B. Millón. El jefe de misión fue Guillermo Padilla.
La delegación deportiva contó con la compañía de Yolanda Pulecio Vélez, posteriormente señora de Betancourt, por aquellos años reina de la belleza de Cundinamarca y del deporte nacional. A propósito de la hoy angustiada señora madre de Ingrid Betancourt, con sus zapatos del famoso ‘tacón puntilla’, pisó la pista de atletismo del estadio de Melbourne, dejando, lógicamente, la huella del calzado. La prensa australiana comentó el hecho y Yolanda pasó a ser ‘noticia’ de primera plana.
Entre otras cosas, varias autoridades deportivas preguntaban a la bonita madrina de la delegación, dónde quedaba ubicada, geográficamente, Colombia. Había una ignorancia total sobre nuestro país.
Ya en las pruebas como tal, el mejor recuerdo se tiene de la actuación de Ramón Hoyos Vallejo en la carrera individual de gran fondo en carretera. Hoyos, Campeón Panamericano de Ruta en los Juegos Panamericanos de México-1955, fue en algunos pasajes del circuito un enemigo de cuidado e inclusive alcanzó a liderar la competencia en solitario, pero cuando los europeos advirtieron de su fuga, se lanzaron, sin reparar en nacionalidades europeas, en su persecución, objetivo que lograron. A la postre ganó el italiano Ercole Baldini, quien así sucedió en el trono de esta prueba al belga André Noyelle, campeón en 1952. Hoyos cruzó la meta en el 13º. lugar.
En esgrima, el médico Emilio Echeverry logró clasificar a la segunda ronda del certamen. En atletismo, Jaime Aparicio, en una sensacional carrera, fue segundo en una de las series clasificatorias de su carrera predilecta, los 400 metros con vallas.
Los Juegos Olímpicos de hace 50 años en Australia, fueron inaugurados por el Duque de Edimburgo, esposo de la Reina Isabel II de Inglaterra.