Cuando Néstor Raúl Rossi llegó a Colombia para jugar en la primera escuadra profesional de Millonarios, a comienzos de la década del cincuenta, su éxito no se limitó al campo de juego, antes por el contrario se extendió a un ámbito totalmente desconocido para él: una casa de comercio, especializada en ropa para caballeros, lo contrató como modelo o maniquí, como se decía en esa época.
El oficio del eficaz centro medio argentino consistía en pasearse por el almacén, vistiendo diversas prendas masculinas. El acierto del almacén se fundamentó en el hecho de contratar, para ese trabajo de modelaje, a un hombre que tenía no solamente prestancia, sino que también gozaba de inmensa popularidad. Rossi devengó por cumplir con esa función publicitaria, la suma de $ 100,oo pesos colombianos diarios de ese tiempo.