Desde tiempos inmemoriales -y hasta hoy en día- siempre se acuñó una frase según la cual ninguna persona ‘compra huevos para vender huevos’, queriendo con ello significar, que alguna utilidad debe generarse del más mínimo esfuerzo, sea intelectual o material.
Una empresa dedicada a confeccionar ropa o calzado, fabricar electrodomésticos, ensamblar vehículos o más complejo aún, orientada a soluciones de vivienda a todos los niveles, tiene siempre en mente el signo pesos, como meta final. Argumentar lo contrario es una gran mentira. Para triunfar honorablemente en esos campos, todas deben contar con un andamiaje acorde con las exigencias del público potencial al cual desean satisfacer a plenitud, tanto en atención directa, como asesoría técnica, reconocida bondad en los bienes o servicios que promueven, amén del posterior servicio, frente a la menor dificultad.
Aquellas empresas que así han obrado, gozan del respaldo de la comunidad, del prestigio nacional e internacional. Y lo que es mejor, hasta pueden tener un signo $ un poco más alto en sus precios, en virtud de la calidad.
Pues este racionamiento de primer año elemental debería regir, sin excepción alguna, para todos los equipos de fútbol y en el caso que nos ocupa, para el Deportivo Cali.
El público sigue a su equipo cuando éste ofrece buenos resultados, cuando la entrega sin reservas está presente. Ninguna persona respalda incondicionalmente un bien o servicio de baja calidad. Ese romanticismo, en época de tanta competencia como la actual, está obsoleto. Deportivo Cali está en baja y el estadio está vacío. Cuando está en alza, los seguidores son tan nobles, que vuelven a poblar las tribunas del estadio ‘Pascual Guerrero’ frente a la más elemental muestra de recuperación. Y es lógico: los aficionados, como acontece con un buen producto, pagan y pagan una boleta costosa, por un espectáculo bueno, así necesariamente ello no involucre el triunfo.
No tiene presentación de ninguna naturaleza, de ninguna índole, que un conjunto que lo tiene todo a ‘pedir de boca’ como decían las abuelas, esté por debajo de equipos con verdaderas dificultades en diversos aspectos, desplazado por aquellos que debieron pasar por la ‘purificación’ de la Primera ‘B’ como Boyacá-Chicó, Atlético Huila y Deportivo Pasto, sin entrar a repasar las angustias que también superaron en su momento equipos como Cúcuta Deportivo y Deportes Tolima.
Sería preciso preguntar si entre la espléndida fisonomía arquitectónica de la actual sede administrativa, social, campestre y estadio se diluyó la grandeza que hizo respetable al Deportivo Cali de otras épocas. Tiempos en los cuales el más apático de los aficionados recitaba de memoria, con nombres, apellidos y remoquetes, la nómina completa del equipo integrada por BUENOS JUGADORES. Será factible hoy, entre unos mil seguidores de la divisa, encontrar al menos 20, 30, 50 personas que conozcan al dedillo la plantilla de jugadores ? Lo dudamos. Salvo tres o cuatro futbolistas con reconocimiento, fruto de sus ejecutorias, el resto es un ‘montón’. Y es tan cierto, que el técnico de turno -han pasado tantos- hoy los ubica en la plantilla titular o mañana los destierra al banco y todo sigue igual.
Por qué motivo una entidad como Deportivo Cali, para ‘vender’ dominicalmente un producto deportivo acorde con sus antecedentes, que arrastre multitudes a los estadios, bien sea oficiando de local o de visitante (para beneficio de los rivales por concepto de taquilla) no tiene al menos en cada línea de su andamiaje, ‘el mejor ejecutivo’ del balompié ? No se trata de traer figuras de otros países o continentes, pues los tiempos de ‘bonanza’ ya pasaron, pero consideramos que Deportivo Cali sí puede contratar buenos jugadores, dispersos en varios equipos del país, trincheras rivales desde las cuales seguramente añoran jugar para el ‘Real Madrid’, el ‘Barcelona’, el ‘River’ o el ‘Boca’, a la criolla, pero con divisa verde y blanca. Seguramente valen un poco más, pero es que lo barato sale caro a la larga.
No pretendemos Ronaldos, Messis, Saviolas, Drogbas, ‘Decos’, Nakatas, Henrys, etc., pero estamos seguros que un Deportivo Cali, estructurado con base en jugadores que han evidenciado en nuestro medio ser eficaces, no estaría eliminado. Es más, sería el candidato al título, en medio de tanta mediocridad. Mediocridad que se olvida con el efímero triunfo a nivel doméstico pero que se advierte de cuerpo entero en las confrontaciones de Copa Toyota y Nissan, verdaderos termómetros internacionales de nuestra ya institucionalizada crisis de buen fútbol.
Independientemente de qué jugadores puedan llegar al Deportivo Cali, sin entrar ahora a analizar si que por aquello del ‘esquema’, del ‘módulo táctico’, de ‘la doble línea de tal y cual’ y demás verborrea de los últimos tiempos se pueden o no agrupar bajo la misma divisa, lo cierto del caso es que Deportivo Cali, el ‘mejor equipo’ del país como institución, no puede seguir haciendo parte de los insignificantes del torneo y mucho menos mendigando puntos, al final de cada campeonato, a aquellos que son un auténtico ‘relleno’ de la cifra establecida de 18 equipos en el certamen de la Dimayor.
Consideramos que Deportivo Cali no es una institución de beneficencia, donde deban llegar a ‘labrarse un nombre’ a punta de ‘chambonear’, como dijera políticamente en alguna ocasión el expresidente Alfonso López Michelsen, unos cuantos ‘ilustres’ desconocidos. Mientras se ‘hace nombre’ y se ‘chambonea’ la calidad del producto se viene en barrena, los clientes no compran, los ingresos menguan y el fantasma que ya sabemos, empieza a tomar forma. Cuánto deja de percibir el Cali por estar ausente de la liguilla final y de una potencial Copa ?
Deportivo Cali es una empresa que tiene un solo producto para vender y llenar de clientes los super-mercados, perdón, los super-estadios: buen fútbol. Hay que revisar la nómina, sacudirse de los ineptos a todos los niveles y contratar gente capaz, con ganas, con aptitud, con categoría, para triunfar rotundamente.