La maratón o corrida de San Silvestre, que se cumplía anualmente al filo de la media noche del 31 de diciembre (ahora se corre de día) se estableció a partir del año de 1925, cuando triunfó el brasileño Alfredo Gómez, sobre una distancia de 6.200 metros. Esta fue quizás una de las pocas competencias deportivas mundiales que no se afectó con los acontecimientos de la II Guerra Mundial.
En sus primeras 22 ediciones el triunfo fue patrimonio de los fondistas brasileños, quienes tuvieron en J.G. Da Silva a su mejor exponente, al ganar en tres años consecutivos, 1942, 1943 y 1944 la gran prueba callejera paulista, sobre un trazado, todas ellas, de 5.500 metros, el más corto en toda la historia.
Un atleta uruguayo, Oscar Moreira, acabó con la hegemonía de los dueños de casa al ganar en 1947 la XXIII versión de la prueba, con distancia de siete kilómetros en un tiempo de 21 minutos y 45 segundos.
A partir de aquel entonces, el estrado central de premiación, año por año, pasó a ser ocupado por reconocidos atletas de diversas nacionalidades, especialmente europeos, quienes solamente encontraron un antagonista de jerarquía en el extraordinario fondista argentino Oswaldo Suárez.
En cuanto a Colombia hace referencia, asistió por primera vez a la prueba de San Silvestre en el año de 1960. El honor de llevar la representación nacional estuvo a cargo del formidable atleta tulueño Germán Lozano, hombre curtido en varias pruebas a nivel regional e internacional. El viaje fue posible gracias al decidido apoyo de la ciudadanía de Palmira, tierra que lo había acogido, desde mucho tiempo atrás, como a uno de sus hijos.
Lozano venía de titularse, precisamente a comienzos del mes de diciembre, campeón colombiano de los 5.000 y 10.000 metros planos en los VIII Juegos Atléticos Nacionales, con sede en la ciudad de Cartagena.
Ya en la propia carrera paulista, Lozano ocupó el puesto 52 entre 1.300 atletas. Su actuación mereció elogiosos comentarios, teniendo en cuenta la prestancia internacional de todos los rivales. Ese año ganó por tercera y última vez el argentino Oswaldo Suárez, con tiempo de 22 minutos y 02 segundos, para los 7.400 metros de la prueba. Solamente en ese momento la competencia brasileña comenzó a tener importancia en el medio colombiano.
Luego del retiro de Oswaldo Suárez se comenzó a buscar el heredero de sus glorias entre otros fondistas suramericanos. En medio de esa búsqueda silenciosa, apareció la figura delgada, casi enjuta pero espigada del antioqueño Alvaro Mejía Flórez, un deportista que con el correr del tiempo sería la máxima expresión del atletismo de largo aliento.
Mejía Flórez brindó a Colombia, hace 40 años, la inmensa satisfacción de ganar por primera vez para nuestro país la famosa corrida de San Silvestre. Ya describiremos en detalle aquella inolvidable hazaña del 31 de diciembre de 1966.