Si a uno le hubiesen preguntando hace cuatro o cinco años sobre la vida beisbolera de Sammy Sosa, con mucha seguridad, y sin temor a equivocarnos, hubiésemos dicho que se trata de una joya quisqueyana, que con todos sus atributos deportivos, estaba labrando el camino hacia un nicho en Cooperstown.
Empero, ahora vacilaríamos en pensar, con la seriedad y la ecuanimidad necesarias, si esa posibilidad está cercana o lejana, y si el orgullo de los cuadrangulares del dominicano en la Gran Carpa, tiene el suficiente combustible para esperar, un poco más adelante, que sea seleccionado para integrar el Salón de los Inmortales.
Lo decimos con la tristeza que nos embarga en estos momentos y ante la incertidumbre de que Sammy, no pueda encontrar el camino victorioso de su época gloriosa con los Cachorros de Chicago, tras brillar con luz propia durante 17 años en las mayores, luciendo, además del uniforme de los Cachorros, los de los Rancheros de Texas, los Medias Blancas de Chicago y los Orioles de Baltimore.
El año pasado no estuvo en la nómina de ningún equipo de las Grandes Ligas, y en el 2005, con los Orioles, su presencia en los parques de pelota no fue tan afortunada como se esperaba. En 102 partidos en donde actuó, compiló apenas un promedio ofensivo de 221, despachando 84 incogibles en 380 turnos al bate, con 14 cuadrangulares y 45 carreras impulsadas, incluyendo 39 bases por bolas y 84 ponches recibidos, muy lejos de los guarismos a los cuales no tenía acostumbrados, desde cuando precisamente con los Rancheros, debutó en la Gran Carpa, en 1989, jugando en 25 desafíos, con otros 33 con los Medias Blancas de Chicago, a donde concluyó ese año.

Firmando ahora con los Rancheros, para recordar la época de su juventud y aparentemente, con los mismos bríos de siempre, Sosa se someterá a prueba dentro del grupo de los 40 peloteros que están convocados a los entrenamientos primaverales, y Sammy tiene que ganarse el cupo entre los 25 de la nómina titular, y esperar que la temporada le sonría, que su poder físico y deportivo estén intactos y que rompa, como todos esperamos, la marca de 600 cuadrangulares en las mayores, para mantenerse sano y vital por los menos en tres o cuatro años más de béisbol, una competencia tan exigente como extenuante, en donde la capacidad de juego depende básicamente de las condiciones físicas, técnicas y deportivas del propio jugador.
Ron Washington, el debutante estratega de los Rancheros de Texas, sabe a conciencia que sí Sammy está en condiciones deportivas, mucho es lo que puede ayudar al equipo en los quehaceres de la dura contienda de la pelota organizada, y tal como lo ha previsto, en algunos casos, de ganarse el puesto en la nómina de los 25, estará en la alineación como bateador designado, en otras como jugador en uno de los jardines y, desde luego, en la plantilla titular.
Y sin duda alguna, podría constituirse en un pilar decisivo a la ofensiva, en la posibilidad de adjudicarse, gracias a su desempeño, entre los cinco primeros bateadores de la alineación, ser punto de apoyo que tanto necesitarán los Rancheros para la temporada del presente año, algo no imposible pero ciertamente, muy difícil de asegurar.
Situado apenas a 12 tablazos de cuatro esquinas para llegar a la indiscutida y envidiable cifra de 600 ‘’bambinazos’’, siendo en la actualidad el más grande ‘’vuelacercas’’ entre los latinos de todos los tiempos, y tercero en toda la historia en carreras impulsadas, con 1.575 rayitas fletadas, Sammy tiene en los 2.304 imparables conectados, y ahora la opción de mejorar en todas las tablas y de catapultarse como un egregio pelotero, más de lo que ha sido en su brillante carrera profesional, en busca de asegurar un nicho en Cooperstown.
La magia que hizo vibrar a toda América Latina y al béisbol de las Grandes Ligas en aquella cerrada lucha por el título de jonronero del año tanto de la Liga Nacional como de las mayores, en 1998 con Mark McGwire, de los Cardenales de San Luis, cuando el dominicano despachó 66 tablazos de circuito completo contra 70 del espigado inicialista de los Cardenales, le dieron la autenticidad de la clase y el talento que como pelotero siempre ha ofrecido sobre el terreno de juego.
A sus 38 años de edad, el retorno de Sammy Sosa es un verdadero reto para él como atleta y para el béisbol como pelotero. Sus agallas, en cierta forma, lo hacen perfilarse como un deportista de tiempo completo, tanto más cuando su trabajo constante y tenaz, nunca ha sido para esperar el mañana sino para pensar en el hoy. El pelotero que ha superado la barrera de 60 o más cuadrangulares en una campaña en tres ocasiones, registro que ningún otro pelotero en la historia ha podido alcanzar, necesitaba esta nueva oportunidad. Eso que no le quepa duda a nadie.
Una estrella rutilante como lo es Sammy no puede apagarse de un momento a otro. Eso es, por lo menos, la base de su espíritu competitivo que ha mostrado siempre y que espera, una vez más, entregar en cada partido en donde pueda actuar.
Lo primero, difícil y costoso desde punto de vista por donde se le mire, es capturar uno de los 25 puestos disponibles en la nómina definitiva de los Rancheros para la temporada 2007. Y luego, luchar porque cada vez que aparezca sobre el plato, responda a las exigencias del propio béisbol, cuya sangre está irrigada por el deseo de superación y por las condiciones naturales de una competitividad a toda prueba.
Sammy Sosa, un ídolo, un grande del béisbol, tendrá la más dura prueba de su vida como pelotero: el retorno con la grandeza, las cualidades y las condiciones que lo hicieron brillar hasta la saciedad durante más de tres lustros en el béisbol de las Grandes Ligas.
Todo depende de él y nada más que de él. Y desde luego, de las condiciones físicas y del empeño que ponga en cada compromiso, y los deseos de superación, los que siempre ha mantenido de manera intacta, para superar la barrera del retorno glorioso que todos los latinoamericanos esperamos de él.
Tiene un contrato con medio millón de dólares si llegare a quedar en el grupo de los 25, más incentivos de mucha valía económica, dependiendo de sus actuaciones. Pero quizás, el dinero no es lo más importante para Sammy, sino un retorno triunfal como él se lo merece a la Gran Carpa.