La crónica deportiva nacional fue dolorosamente sorprendida en el curso de la presente semana, con la noticia del fallecimiento del pundonoroso jugador paraguayo Ángel Chávez.
A continuación, una semblanza del excepcional defensor guaraní de los primeros años de nuestro balompié profesional.
Uno de los jugadores de
más grata recordación en la historia del fútbol profesional colombiano de todos los tiempos es el zaguero central paraguayo, Angel Cháves Avalos. Llegó a Colombia en la época de ‘el dorado’ futbolero, y fue a la larga quien más tiempo permaneció activo en canchas nacionales.
Después de llegar al país en diciembre de 1951, se vinculó inicialmente al Boca Juniors, tercer equipo que hace 55 años tenía la ciudad de Cali. Jugador del Olimpia del Paraguay, inicialmente recibió una tentadora oferta del Independiente de Buenos Aires, pero gracias a las recomendaciones de su paisano Francisco Solano Patiño, quien ya jugaba en el cuadro boquense, se decidió por el conjunto de la capital del Valle, entidad que compró su pase al Sol de América.
Angel Cháves, un defensor de enorme categoría, se inició en el fútbol a la edad de trece años, en el equipo del colegio San Juan Bosco de Asunción, su tierra natal. Luego pasó al Juvenil del barrio Tres de Febrero. Como futbolista en plan de grande comenzó en la quinta división del equipo Sol de América y en la misma institución llegó a la división mayor, hasta el momento de emprender viaje hacia Colombia. En consideración a sus grandes condiciones, varias veces actuó como jugador de refuerzo en conjuntos como Cerro Porteño, Nacional de su país natal, Deportivo Luqueño y Olimpia. Ya en Colombia, hizo lo propio en beneficio de equipos como América y Atlético Nacional, con los cuales jamás actuó de tiempo completo.
Este Cháves Avalos, toda una muralla en la extrema defensa de los equipos que tuvieron la fortuna de contar con sus servicios, cuando eran solamente dos en la parte posterior, se inició como delantero en el Sol de América, pero en un partido contra el Olimpia que ganaron por 1-0, diana precisamente de Angel Cháves, debió suplir, por orden de su técnico Rossini, la plaza de defensa central, en sustitución de Agustín Miranda, quien en desarrollo del partido sufrió fractura de la columna vertebral. Desde aquel momento y por tan dolorosa circunstancia, se consolidó como un defensa de clase continental. Atrás quedaron sus tiempos de maquinista de primera clase de buques fluviales y sub-oficial de la Armada Nacional del Paraguay.
Sub-campeón profesional con el Boca Juniors, en la temporada de 1952 (el equipo repitió la ubicación de 1951) hizo parte del ‘Ciclón Vallecaucano’ al lado de jugadores como Samuel Rodríguez, Elmo Palomino, ‘Canino’ Caicedo, Arturo ‘La Garza’ Caicedo, Bolívar Sarria, Miguel Panesso, Edgar ‘Alpargate’ Ramírez y sus paisanos Pablo Centurión, Santiago Rivas, Francisco Solano Patiño y Alejandrino Génes.
Uno de sus mejores recuerdos como jugador, en partidos de carácter internacional, se remonta al año de 1962, cuando como refuerzo del América de Cali, jugó contra el seleccionado nacional de Rusia, que de pasó para Arica, Chile, con objeto de tomar parte en el Mundial de ese año en territorio chileno, realizó un choque nocturno de fogueo en la gramilla del estadio Pascual Guerrero y que terminó con un meritorio empate, para los ‘Diablos Rojos’, a cero goles.
En aquella oportunidad, frente 26.300 aficionados, el América formó con Senén Mosquera; Arcángel Brittos, Víctor Pignarelli, recientemente fallecido, Angel Cháves, e Israel ‘Muelón’ Sánchez; Víctor Vega, Fhanor Largacha y Carlos Arango; Juan Vairo, Américo Montanini y Ricardo Quiñones. Actuó como árbitro el criollo Salathiel Bonilla.
Fue fiel a la divisa del Boca Juniors, hasta su propia disolución para el torneo de 1958, después de ser sub-campeón en el torneo anterior, al lado de hombres como Pablo Centurión, Elmo Palomino, José Benigno Sánez, César Hernán Caicedo, Daniel ‘Canino II’ Caicedo, Jesús Obando, Noberto ‘Tobita’ Sotelo, Roberto Oscar Rolando, Fernando ‘El Chino’ Rengifo y Miguel Panesso. Todos ellos bajo la orientación técnica del argentino Julio Tócker.
Después de ser ‘Boquense’ por lapso de seis años, pasó a las toldas del Deportivo Pereira, donde fue ‘Matecaña’ por siete más y finalmente a las huestes del Once Caldas. Angel Cháves Avalos, un poco más de tres lustros de fútbol honrado, aguerrido, de hombría, sin renunciaciones ni flaquezas. Un zaguero central que hizo historia y de la buena, de la inolvidable, en el discurrir del fútbol profesional colombiano.