Todos recordamos con exactitud la incansable y tesonera lucha de los Mets de Nueva York por llegar a la Serie Mundial del 2006, ganando el banderín de la Liga Nacional, tras una
final de sensación frente a los Cardenales de San Luis, la novena que a la postre cargó con los honores de ser campeón de la Serie Mundial.
Fueron siete sensacionales desafíos, digno de una Serie Mundial. Pero fue en el séptimo y decisivo compromiso en donde los Mets cedieron la oportunidad de volver a una Cita de Otoño, como ya había ocurrido en el año 2000. Desde ese año, sus seguidores y simpatizantes están a la espera volverlos a ver en la disputa de la codiciada corona.
Nosotros creemos, sin temor a equivocarnos, que otra cosa hubiese sido si Willie Randolph en ese cierre de campaña el brazo del astro dominicano Pedro Martínez hubiese estado presente. Seguramente, otro gallo cantaría… y es lo mismo que va a afrontar abriendo la temporada del 2007, intentar conformar una rotación abridora con la profundidad y capacidad necesaria para volver a tomar las riendas de la división Este de la Liga Nacional.
La encrucijada de Randolph está precisamente en la confección de la nómina de apertura de los compromisos porque sigue sin Pedro y las molestias de Orlando ‘’Duque’’ Hernández en sus condiciones físicas, podría ser el Talón de Aquiles de los Mets para afrontar el comienzo de la extenuante campaña, pero algo tendrá que hacer para que el hilo triunfador sea, desde el comienzo, parte vital de la novena.
El equipo debe sentirse tranquilo, sereno y con los mismos bríos y deseos de ser batallador en la competencia, porque su plantilla permite presagiar, con más posibilidades de aciertos que de derrotas, que volverá a ser el club batallador que todos esperan y que, por muchas circunstancias favorables, debe estar una vez más en la confrontación de la postemporada.
Tiene en su grupo el talento y la clase que se necesitan para esperar más triunfos que reveses, y a pesar de que es favorito para ser el club a derrotar en la división, los Mets saben que tendrán que luchar desde el comienzo por acomodarse a la vanguardia del sector Este de la liga.
La gacela dominicana que hay en José Reyes, debe ofrecer el rendimiento que se espera de él, tanto a la defensiva como a la ofensiva. Ya tiene el camino recorrido para esperar que esté más tranquilo para desarrollar su juego, que es vital a la hora de hacerse los balances del equipo.
Paul Lo Duca tiene la responsabilidad de ser, sin duda alguna, uno de los potenciales de la defensiva de la divisa, así como con el uso del bate, que sorprende a más de un lanzador enemigo cuando más se necesita. Y con el apoyo de los boricuas y Carlos, Beltrán, en el bosque central, y Delgado, en la primera base, las cosas se muestran con la solidez que hizo del equipo el más fuerte y competidor de la jornada del 2006.
Pero con la llegada del también dominicano Moisés Alou para el bosque izquierdo y sin duda alguna, para ocupar la quinta posición con el uso del bate, muchas otras cosas buenas se presagian para los Mets que, con la fortaleza de su antesalista David Wright, cuyo poder a la ofensiva debe hacer parte del ataque de la novena, de manera indiscutible que el club cuenta con la gasolina suficiente para hacer explotar a más de un lanzador contrincante en el momento que menos lo espera.
Todo lo demás será parte del análisis que debe desarrollar Randolph con su equipo de asesores, para encontrar la alineación que más convenga, de acuerdo con las circunstancias y con el rendimiento se todos y cada uno de los peloteros, pero pensando, con ambiciones tan serias y deportivas como las de hace un año, de por lo menos, estar en la postemporada.

Tom Glavine y ‘’El Duque’’ Hernández, en cuyos brazos descansará la fortaleza del sistema de abridores de los Mets, conjuntamente con el surcoreano Chan Ho Park, que tercia como hombre fuerte y dominante por sus lanzamientos; el mexicano Oliver Pérez, cuya registro del 2006 dejó mucho que desear, por aquello de más derrotas que triunfos; Aaron Heilman, de quien se espera mejor sustancialmente en su labor; el dominicano Jorge Sosa, quien ha tenido tantos aciertos como desaciertos en sus presentaciones; Aaron Sele, quien está como invitado de la nómina en busca de un puesto, y el cubano Alai Soler, quien tuvo altibajos en sus presentaciones del pasado año, para apenas citar a los que pueden integrar esa nómina, asumirán la responsabilidad de lo que concierne al trabajo desde la loma de los sustos por lo menos para hacerle frente a los primeros compromisos del calendario.
Porque Pedro Martínez, una vez concluya su etapa de rehabilitación, cuyos trabajos ya viene efectuando, aparentemente no estará disponible sino por allá para el mes de agosto, y para esa época, los Mets deben estar por lo menos asegurando que su participación en la postemporada dependerá de sus consistencia para enfrentar la durísima cuesta del mes de septiembre, porque a la hora de recoger los bates en la última semana de ese mes, ya todo debe estar definido a su favor para por lo menos entrar a disputar el banderín de la Liga Nacional.
Los Filis de Filadelfia, sobre el papel, deben ser opositores dignos de tenerse en cuenta en la división, sin dejar por fuera a los aguerridos Bravos de Atlanta – siempre los famosos Bravos -, cuya capacidad de juego dependerá básicamente de que su cuerpo de lanzadores pueda soportar las exigencias de la temporada, mientras que los Marlins de la Florida, cuya actuación de la pasada jornada fue buena desde el punto de vista que se le quiera analizar, estrena técnico, al ser conducidos por el cubano Fredi González, tras la salida de Joe Girardi, quien hizo una estupenda actuación debutando como estratega en las Grandes Ligas, al tiempo que los Nacionales de Washington, de las manos del técnico dominicano Manny Acta y con múltiples cambios en su nómina de jugadores, puede ser el equipo que se convierta en el gran traspiés para el grupo.
El dolor de cabeza de Randolph estará en su cuerpo abridor de lanzadores, de cuya fortaleza y consistencia, tendrá más por qué preocuparse que por el resto de la nómina, que de contar con las condiciones físicas normales, con el menor número posible de lesionados, los triunfos llegarán para obtener el pasaporte de la postemporada, algo que aparentemente puede ser fácil sobre el papel pero a lo mejor muy difícil a la hora de estar sobre el campo de juego.