La inquietud por celebrar un
torneo mundial de balompié surgió al reunirse el Congreso inaugural de la FIFA, el 21 de mayo de 1904.
Esa posibilidad no estaba por aquella época en armonía con la escasa dimensión del fútbol en Europa. Por ello los esfuerzos del primer dignatario de la FIFA, el francés Robert Guérin, no fructificaron.
A la hora de la verdad, los Juegos Olímpicos permitieron visualizar lo que podría ser el fútbol, como espectáculo, con el discurrir de los años. El balompié fue admitido para los Juegos de Londres en el año 1908. Allí adquirió esta disciplina deportiva real cédula de ciudadanía, tanto para Europa como para el resto del mundo.
Solamente seis seleccionados participaron en el certamen londinense, pero cuatro años más tarde, en la cita Olímpica de Estocolmo, el fútbol reunió a equipos de once países. Se consolidó una gran verdad: el fútbol era el espectáculo de multitudes. Podría decirse que la FIFA comenzó a ‘creer’ en el balompié.
La reunión de la máxima rectora del fútbol en Cristina (nombre que ostentó Oslo, capital de Noruega hasta 1925, luego de ser destruida en 1626 por un incendio) fue definitiva para consolidar el sentido anhelo de celebrar un torneo mundial. A esa reunión, cumplida hacia 1914, concurrió el francés Jules Rimet, a la sazón con 41 años de edad.
Rimet, quien había nacido en Theuley el 24 de octubre de 1873 y su paisano Henri Delaunay tomaron la firme determinación de sacar adelante un campeonato del mundo. Hubo divergencias sobre varios aspectos, pero algo positivo quedó: por primera vez en la historia de la FIFA se registró la presencia de delegaciones de países distintos a los europeos. Asistieron Estados Unidos y la Asociación de Fútbol Argentino, más conocida como la AFA.
La I Guerra Mundial, flagelo de la humanidad entre 1914 y 1918, obligó a un triste retroceso en todos los aspectos del acontecer de las personas. Ya en 1920, los Juegos Olímpicos de Amberes mostraron una luz de esperanza en la ruta de la normalidad. No obstante la guerra, el fútbol alcanzó mayor dimensión en todo el viejo mundo. El certamen de la ciudad holandesa reunió a 14 seleccionados nacionales. Una categórico éxito.
El 1º. de mayo de de 1921, ya con 48 años de edad, Jules Rimet asumió la Presidencia de la FIFA. Su programa de gobierno futbolero fue la creación de un certamen de balompié al margen de los parámetros y condiciones del fútbol Olímpico. De esa idea nació el Mundial de Fútbol, certamen que hoy con tanto éxito, en todos los órdenes, concentra la atención de todo el planeta.
Los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, efectuados en París y Amsterdam respectivamente, ratificaron la enorme influencia del deporte de masas. Y un equipo suramericano, concretamente el uruguayo, dio a conocer al mundo entero la capacidad deportiva que también existía en el nuevo mundo. En 1926, año intermedio entre las dos Olimpíadas, el Comité Ejecutivo de la FIFA, reunido en París, determinó nombrar una comisión que debía analizar la posibilidad de un torneo mundial. Las cosas, por razones muy diversas, no fueron a mayores. El concilio de la FIFA, previsto para los primeros días de junio de 1927 fue un rotundo fracaso.
Todo proyecto sobre un Mundial de Fútbol se postergó para el año 1928, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Amsterdam, capital de Holanda.
Y en la asamblea del 26 de mayo del citado año de 1928, Henri Delaunay -como ya se dijo compatriota de Jules Rimet- defendió la tesis de implantar un certamen futbolero completamente ajeno al balompié de los torneos olímpicos. El Mundial daría cabida a jugadores profesionales, mientras el certamen olímpico seguiría siendo para aficionados. La propuesta fue aceptada por 23 votos contra 5.
El 8 de septiembre del mismo año, la comisión nombrada por la FIFA entregó a la publicidad los cuatro puntos básicos que deberían regir la celebración de un Mundial. Ocho meses más tarde, en mayo de 1929, el Congreso de la FIFA reunido en Barcelona -España- dio su aprobación a los puntos propuestos. El Mundial de Fútbol era una realidad. En la misma asamblea máxima del balompié, se eligió por unanimidad a Uruguay como sede de la
I Copa Mundial de Fútbol, en razón de dos aspectos incuestionables: su doble título Olímpico y el hecho de conmemorar en el año 1930, su primer siglo como país independiente.
El sueño del francés Jules Rimet era una auténtica realidad.
A manera de homenaje al equipo campeón, se estableció la entrega de una pequeña estatua cincelada en oro macizo, inspiración del escultor -no orfebre- francés Abel Lafleur, a quien contactó el propio Rimet. Costó en su momento 50 millones de francos franceses.
Solamente en la IV versión de la Copa Mundo, año de 1950 en Brasil, el trofeo adoptó el nombre de ‘Jules Rimet’, como reconocimiento a este mecenas del fútbol. La idea surgió del vicepresidente de la FIFA, el belga Seeldrayers y fue aceptada por unanimidad en el Congreso de Luxemburgo, celebrado en julio de 1946.
El último Mundial al que asistió Rimet fue en 1954, certamen efectuado en Suiza y título para la República Federal Alemana, pues dos años más tarde, el 15 de octubre de 1956 murió, a escasos nueve días de cumplir 83 años. Poco tiempo antes se había retirado de la FIFA:
En 1970, en el
Campeonato Mundial de México, el equipo nacional de Brasil ganó en forma definitiva la Copa ‘Jules Rimet’, al ser el primer conjunto en ganar en tres ocasiones el máximo título universal del fútbol. A partir de 1974 se disputa la Copa Mundial de la FIFA, la cual ha sido, en orden cronológico, para Alemania, Argentina, Italia, nuevamente Argentina, una vez más Alemania, Brasil, Francia y por último Brasil, en el primer Mundial del actual siglo.