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Fútbol|Cápsulas Informativas|Los tiros penales fuera de tiempo o de prolongación
Normas importantes en el Fútbol

Los tiros penales fuera de tiempo o de prolongación

Una importante nota desde España, de Javier Rodríguez Ten
De una de las más recientes entregas de la revista ‘Fútbol-11’ de España, reproducimos esta nota de la pluma de Javier Rodríguez Ten, por considerarla de gran importancia, para cuando en el discurrir del campeonato profesional colombiano, acontezca algo parecido. Dice así:

Hemos visto en números anteriores que el árbitro está obligado a prolongar un encuentro, cuando en el marco del tiempo de juego (el reglamentario más el descuento) -o reposición para el medio colombiano- se ha señalado un penalti. Es decir, que no puede decretarse el final del encuentro estando pendiente de ejecutarse un penalti, a no ser que se trate de una suspensión motivada por otras causas (quedar un equipo con menos de siete jugadores, incidentes del público, etc.)

Podría pensarse que en tales circunstancias no existe singularidad alguna, pero no es así. Y es que en tales supuestos resultan aplicables las normas de los penaltis de desempate.

Consecuentemente, una vez que se cumple el tiempo de juego en el reloj del árbitro, éste debería ordenar a los jugadores que se retirasen al centro del campo, excepto el portero defensor y el jugador lanzador, no existiendo posibilidad de remate alguno tras la primera jugada, y aplicar lo dispuesto para éstos.

Sin embargo, lo cierto es que en la práctica no se actúa así. La prolongación de un partido para la ejecución de un penalti se efectúa en condiciones normales de juego, si bien una vez ejecutado éste el árbitro pita el final, el motivo fundamental es evitar el espectáculo que implicaría la estricta aplicación de una norma desconocida para la mayor parte de los jugadores, técnicos y espectadores, máxime en un momento en que la tensión puede ser importante (piénsese en la situación: una jugada siempre discutida de la que pueden depender el reparto de los puntos en juego).

Tal circunstancia es peligrosa. En primer lugar, porque si el árbitro actúa con rigor debe pitar el final inmediatamente tras el resultado del lanzamiento, de manera que si despeja el guardameta o el balón va al poste, el partido puede concluir con un segundo remate del lanzador, o con el de alguno de sus compañeros, lo que daría lugar a la anulación de un posible gol sobre el límite del tiempo (de ahí que sea preferible enviar a los jugadores al círculo central, evitándose además posibles repeticiones por entradas indebidas inútiles). Y en segundo, porque si hace lo contrario, arrastrado por la inercia de no organizar el citado cobro, deberá conceder un gol de por sí ilegal, por haberse conseguido fuera del tiempo, si bien contando con la ventaja que supone que el fútbol no sea un deporte a reloj parado y que siempre quepa argumentar que todo el tiempo en que el juego estuvo detenido tras señalar el penalti se descontó.


En otras palabras, agregaríamos nosotros, que cuando se incurre en una falta sancionable con tiro penal sobre los segundos FINALES del tiempo reglamentario (que involucra el de reposición) la ejecución del castigo debe hacerse como acontece cuando un partido se define con lanzamientos desde el punto penal: solamente el portero frente al cobrador de la falta y los 20 compañeros restantes en el centro del campo. Y punto. El ejecutante efectúa un solo remate, sin opción de segundo pelotazo por rechazo del portero o rebote en alguno de los tres postes. Concluida la acción con pelota al fondo de la red (gol), atajada, rebotada por los palos o desviada, el árbitro señala la finalización del juego.

Importante y dramática situación para tener muy presente en nuestro medio, donde los tres, cuatro o más minutos de ‘tiempo de reposición’ se manejan con ‘reloj de caucho’ por parte de los árbitros, quienes a toda costa buscan evitar la reacción enardecida de protagonistas y público, según el campo en el cual se juega, la condición de local o visitante y el resultado numérico del partido al término de los 90 y algo más de minutos.
Javier Rodríguez Ten, 28 de marzo de 2007

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