Hay un jugador que
marcó una época en el fútbol mundial: Ladislado Kubala, un hombre nacido el 10 de junio de 1927 en Budapest. Su carrera como futbolista activo se desarrolló fundamentalmente en el equipo Barcelona de España, donde permaneció por lapso de once años. Con el conjunto catalán el húngaro Kubala conquistó cinco Copas, Cuatro Ligas y dos Copas de Ferias. Jugó un total de 329 partidos y marcó 272 goles.
A instancias del técnico José Samitier, Ladislado Kubala, una vez nacionalizado español, hizo su estreno con la casaca nacional ibérica el 5 de julio de 1953, en partido frente a Argentina. Anteriormente había sido jugador de los seleccionados de Hungría, su lugar de nacimiento, y de Checoslovaquia, la tierra natal de su señora madre, Ana. No obstante vestir tres divisas diferentes,
jamás tuvo la oportunidad de jugar en un Campeonato Mundial de Fútbol. Fue el primer jugador en la historia del balompié, en jugar en tres equipos diferentes de país.
En los años sesenta su fútbol decayó y él fue el primero en advertirlo y por ello preparó su retiro oficial de los campos de juego, para dedicarse a la labor de técnico.
Hacia el mes de septiembre de 1961 el Barcelona organizó el gran partido de despedida a uno de sus más emblemáticos jugadores. Bajos los imponentes faros luminosos del estadio Nou Camp apareció solo en la cancha, la figura de Ladislao Kubala y mientras caminaba hacia el centro del campo, la ovación que se le tributaba, adquirió perfiles históricos. Era el adiós a un ídolo del balompié catalán y español en general.
Esa noche el Barcelona enfrentó al poderoso equipo Reims de Francia. Barcelona presentó en la línea ofensiva a los jugadores del Real Madrid Ferenc Puskas, fallecido a finales del año 2006 y Alfredo D’Stéfano, ambos recién llegados a la capital española, procedentes de América del Sur, donde el equipo de don Santiago Bernabeu había cumplido una exitosa correría.
En esa inolvidable ocasión, el mítico Alfredo D’Stéfano, compañero en el seleccionado español del propio Ladislao Kubala, vistió por única vez en su carrera como futbolista, la camiseta del Barcelona de España, equipo al cual estuvo a punto de vincularse en 1953, cuando las iniciales conversaciones de transferencia internacional fueron entre Millonarios de Bogotá y el Barcelona, que por razones de último momento terminaron siendo con el Real Madrid. Una sutileza que acrecentó aún más las diferencias entre los dos equipos más populares de la península ibérica.
Pero esas pequeñas desavenencias parecieron quedar en el olvido, cuando en la época de Navidad de ese mismo año de 1961, un noble gesto de don Santiago Bernabeu, presidente del Real Madrid, permitió que Ladislao Kubala, por aquellos días ya entrenador de su gran rival el Barcelona, pudiese pasar los días de Navidad y Año Nuevo en compañía de su anciana madre, a quien no veía desde hacia 12 años.
Fue realmente emotiva la escena que se vivió en Madrid, cuando madre e hijo se pudieron abrazar, enseñando con ello que a veces el deporte es más fuerte que las circunstanciales diferencias políticas que han dividido al mundo.
La base de tan feliz encuentro se produjo a raíz de una visita de don Santiago Bernabeu a Budapest, por razones de fútbol. En el transcurso de un banquete ofrecido al directivo español, uno de los anfitriones preguntó en mitad del discurso de bienvenida, qué podría ofrecer la ciudad de Budapest al más ilustre de los presidentes de clubes de fútbol. Bernabeu pensó por algunos segundos y respondió:
Vive en España un hombre que ustedes conocen muy bien. Se llama Ladislao Kubala. Van a hacer casi trece (13) años que desea abrazar a su anciana madre que sigue viviendo en Hungría. Ustedes saben, tanto como yo, que diversos problemas de orden político impiden que estos dos seres se puedan ver. Yo quiero en estos instantes que ustedes me ofrezcan la posibilidad de brindar a Kubala, que no juega para mi club, el abrazo de su madre...
Las autoridades de la entonces República Popular de Hungría extendieron pocos días después un permiso para que la anciana señora Ana, pudiese viajar como turista a Barcelona y pasar las fiestas de fin de año junto a su hijo y a sus nietos. El mismo Santiago Bernabeu tuvo que cumplir con algunos requisitos ante las autoridades españolas, que no permitían la entrada a su territorio de ninguna persona de un país socialista, en virtud de estas canceladas las relaciones diplomáticas. Pero finalmente todas las reservas fueron vencidas y la popularidad de un hombre del fútbol permitió que por una vez la ‘guerra fría’ cediera paso a los sentimientos fraternos de madre e hijo.