En menos de dos años, el estadio ‘El Campín’ de Bogotá, dado al servicio de Bogotá con motivo de los I Juegos Deportivo Bolivarianos, ha sido escenario de dos dolorosos acontecimientos: el 11 de mayo del año 2005 murió a consecuencias de graves heridas de puñal el aficionado Edison Andrés Garzón, cuando se cumplía el partido entre Independiente Santa Fé y América.
Más recientemente, el miércoles anterior, en pleno desarrollo del juego entre Santa Fé e Independiente Medellín, pereció al caer de una de las tribunas altas, el aficionado Iván Fuentes Díaz, de sólo 33 años de edad.
Lo anterior viene a cuento, para advertir sobre los graves riesgos de una nueva ‘modalidad’ de festejar los goles, especialmente del equipo local (sea Millonarios o Santa Fé) en el viejo escenario de la calle o avenida 57 de Bogotá. En efecto, al concretarse un gol, los aficionados de los palcos del segundo piso inician, de atrás hacia delante (es decir desde los escalones más altos hacia los más bajos) un movimiento masivo y violento en pendiente, que hace que todo el público se apretuje peligrosamente contra la baranda que sirve de protección para no caer a las tribunas del primer nivel. El resto de la tribuna queda desocupada por ‘arte de magia’ o de irresponsabilidad, para ser más claros.
Es un ‘festejo’ emotivo, fruto de la euforia por el gol logrado, pero de perfiles definitivamente criminales, que puede termina (Dios permita que ello no ocurra) en una tragedia de mayúsculas proporciones en el coliseo capitalino, similar al ya vivido en la ciudad de Ibagué, una dos décadas atrás, con motivo de un partido entre Deportes Tolima y Deportivo Cali.
Las barandas de protección del segundo piso, en ningún estadio del país, están ancladas de tal forma que puedan soportan, además del peso muerto de las personas, la inmensa presión de una oleada humana contra las mismas.
Este ‘espectáculo’ se está presenciando en cada partido del torneo y sobre el particular no se han tomado medidas preventivas.
El ‘clásico’ entre Millonarios y Atlético Nacional, con el estadio ‘El Campín’ con un lleno hasta las banderas, como se suele decir en las corridas de toros, es un caldo de cultivo para un accidente de enormes proporciones, en caso de omitir las autoridades, TOMAS LAS MEDIDAS PERTINENTES.
Como decían nuestros antepasados: Guerra advertida, no mata soldado...