En un partido arduamente disputado, pletórico de emociones, donde el derroche de estado atlético de todos los jugadores fue manifiesto, donde el pundonor deportivo afloró a lo largo de los 90 minutos de parte de los 22 y más futbolistas comprometidos en la cotejación, Boca Juniors, pese a caer derrotado categóricamente frente a Vélez Sarsfield por anotación de 1-3, clasificó a la fase de cuartos de final de la Copa Toyota Libertadores de América, gracias al acumulado de 4-3. La gran figura del equipo de Russo, no obstante encajar tres dianas en su arco, fue el golero Mauricio Caranta, quien con actuaciones consagratorias evitó, como mínimo, tres o cuatro goles más de los pupilos del técnico Ricardo La-Volpe.
Desde el primer minutos de juego las situaciones de riesgo se presentaron a raudales. A los 11 minutos del tiempo inicial, un tirazo de pierna zurda de Martín Palermo se estrelló en el horizontal del arco de Vélez. Cuatro minutos más tarde la insistencia del equipo local cobró frutos, cuando Mauro Zárate, luego de superar la marca férrea de Silvestre y Morell, derrotó a Caranta con tiro violento y cruzado. Muy pronto empezó Vélez a soñar con lograr los tres goles que justificaran la definición con tiros desde el punto penal.
Un poco arriba de la media hora de juego, el Boca Juniors por acción de Juan Ramón Riquelme, quien se fajó un partido de kilates, logró la igualdad al ejecutar un tiro de esquina tan ceñido, que iba camino de ser ‘olímpico’. En los metros finales rozó la cabeza del zaguero Bustos y se fue al fondo de la red, parte baja del vertical derecho del portero Perata.
Vélez, poseído por unos arrestos anímicos y físicos elogiables, cargo de nuevo en procura de descontar la ventaja. Y ese sacrificio, esa entrega sin desmayos cobró el premio en el minuto 36 de la misma fase inicial, cuando ganando la espalda de los zagueros boquense, una vez más Mauro Zárate quedó solo frente al gran portero Caranta. Ya para ese entonces el Boca jugaba con 10 hombres, ante la expulsión del antideportivo jugador Pablo Ledesma, minuto 34.
Para la parte final los equipos entraron a jugar casi a igual ritmo, olvidando, pareciera ser por minutos, en cuánto iba el marcador y a quién favorecía. Importaba era jugar bien, a todo ritmo, sin renunciar a ningún balón.
A los 9 minutos el portero boquense Caranta salvó un remate violento de Escudero, que tenía el sello del gol. Boca respondió con igual agresividad, jugando fundamentalmente con base en el contra-golpe y un esfuerzo en el medio campo insuperable de Riquelme, otro hombre al igual que Caranta, fundamental para la clasificación del Boca a cuartos de final del certamen copero. Y fue precisamente Riquelme quien estuvo muy cerca de lograr la paridad a dos goles, cuando en los minutos 20 y 22, dos remates de fantasía se estrellaron en el horizontal del pórtico de Vélez. Qué metrallazos...!
A 10 minutos del pitazo final, Vélez Sarfield amplió la ventaja, cuando Ocampo, a pase en profundidad de Escudero, alcanzó el balón por alto, casi sobre la raya de fondo y con tiro englobado superó en la salida al cancerbero Caranta.
Marcador definitivo de 3-1 a favor de Vélez. De no haber anotado Riquelme el casi gol ‘olímpico’, con la complicidad de Bustos, el partido se habría ido a definición con remates desde el punto penal.
Vélez-Boca, en campo del primero, quizás uno de los juegos más emotivos, vibrantes, dramáticos de esta fase de octavos de final de la Copa Libertadores. Si los equipos de todas las latitudes jugarán siempre con la entrega y el pundonor de estos hombres, los estadios permanecerían abarrotados de fanáticos. Un ‘clásico’ el que vivieron hoy los aficionados de Argentina.