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La marca de Bonds ¿para el olvido?

Muchos empiezan a temer que la hazaña quede para la posteridad sin más nada que comentar o que, simplemente, pase al olvido
Cuando uno escribe sobre peloteros de largo-metraje, saltan a la vista dos colosos, inolvidables ‘’vuelacercas’’ que, con el transcurrir de los días, se convirtieron en ídolos de carne y hueso, y cuyo paso por el Béisbol Organizado dejó huellas sinceramente sempiternas.

Nos referimos nada más y nada menos que a Babe Ruth, el otrora jonronero de los Yanquis de Nueva York, el hombre que ayudó a construir el ‘’Yanqui Stadium’’, y al formidable ébano de Alabama, Hank Aaron, cuya grandeza se proyectó con el uniforme de los Bravos, tanto en Milwaukee como en Atlanta, y finalmente, con los Cerveceros, cuando cuya franquicia pasó a ocupar el puesto que habían dejado los Bravos en Milwaukee.

El primero, Ruth, formó una lista de bateadores de la primera gran época de la pelota organizada, con aquella manera singular y peculiar de vapulear a los lanzadores cuando todavía los tablazos de cuatro esquinas se tenían reservados para muy pocos peloteros en las mayores. Fue él, Ruth, quien se las arregló para imponer el glorioso batazo como una forma innegable de poder a la ofensiva, destrozando los lanzamientos de los rivales, y fue él, Ruth, quien a propósito dejó perennemente bautizado el cuadrangular como ‘’un bambinazo’’ que sale a flor de labios cada vez que se produce un estacazo de esta magnitud, la cosecha más grande que un bateador puede conseguir a la ofensiva dentro del béisbol.

Y fue Aaron quien, con el transcurrir de los años, entre 1954 y 1976, dejó establecida lo que parecía un registro difícil de superar de manera normal y con los hábitos beisboleros natos y naturales de los peloteros, al concluir su presencia por los diamantes de las Grandes Ligas con 755 cuadrangulares, dejando pulverizada la marca de Babe Ruth, que durante su carrera había despachado 714 bolas para la calle.

Fue un 8 de abril de 1974, frente a una oferta del zurdo de los Dodgers de Los Ángeles, Al Downing cuando, abriéndose la campaña, Aaron conectó su batazo de circuito completo número 715, ante 53.775 espectadores, para superar lo que había hecho ‘’el bambino’’ Ruth, cuya capacidad deportiva nunca estuvo discutida por nada ni por nadie.

Ahora, cuando Barry Bonds se acerca a la marca de Aaron (al momento de escribir estas líneas, está a sólo cuatro batazos de circuito completo para igualarla y a cinco de mejorarla), la sombra de la duda sobre la capacidad deportiva dentro de los campos de juegos del toletero de los Gigantes de San Francisco, hace que muchos empiecen a temer que la hazaña quede para la posteridad sin más nada que comentar o que, simplemente, pase al olvido, como ha ocurrido con Pete Rose, el bateador con mayor número de indiscutibles despachados en las Grandes Ligas, cuyo nombre no aparece en el Salón de la Fama, por cosas extra deportivas.

Eso es, precisamente, lo que puede estar ocurriendo con Barry y la posibilidad de que su registro de más de 755 cuadrangulares sea una simple referencia y que su nombre encuentre, a la hora de la verdad, consideraciones que le impidan aspirar a ser ciudadano de Cooperstown, la ciudad en donde tiene asiento la galería de los inmortales del béisbol.

Y lo decimos con la suficiente anticipación sobre el batazo que borre la marca de 755 cuadrangulares de Hank Aaron por el de 756 de Barry Bonds. Cierto es que hasta el momento no pesa una decisión definitiva, condenándolo por haber utilizado esteroides y hormonas de crecimiento, pero su nombre, desde hace ya buen tiempo, está vinculado, ligado, a la controversia y a la investigación que está llevando a cabo la Corte Federal de San Francisco, debido a la utilización de los productos de la empresa Balco, condenada esa sí, por más de una causa extra deportiva frente a cotizados y reconocidos atletas de los Estados Unidos y de otras partes del mundo.

Pero los síntomas que tiene el paciente, en este caso Barry Bonds, nos obligan a pensar que, ante la duda, abstente. La confirmada ausencia del Comisionado de las Mayores, Bud Selig, en la noche en que Bonds supere el registro, deja mucho que desear.

Y si a ello le sumamos la también ya confirmada ausencia de Hank Aaron en el sitio o parque de pelota en donde se produzca ese batazo que romperá la marca, es otro signo inequívoco que nada va bien.

Es posible que se esté esperando un pronunciamiento concreto sobre el caso por parte de la Corte Federal de San Francisco para proceder bien a limpiar su nombre de por vida, bien para colocarle a su lado un asterisco que le impedirá, de por vida, aspirar a llegar al Salón de la Fama.

Muchas voces se han escuchado desde hace bastante tiempo sobre las peticiones que se vienen haciendo para que lo de Pete Rose, se eche a un lado y sea elegido a un nicho en Cooperstown, y no se ha podido, pese a lo que lo él, lo de Rose, fue por apuesta dentro y fuera del béisbol; imagínense lo que puede producir una sentencia condenatoria contra Barry Bonds por haber utilizado estimulantes en su carrera deportiva.

Dejemos por hoy hasta allí. Y digamos de paso, que el béisbol tiene que ser limpio de principio a fin, que por ese es el rey de los Deportes y porque cuando ha habido asomos de ligerezas, sombras, dudas, y manifiestas actuaciones fuera de las normas, dura ha sido la ley, cáigale a quien le caiga.
Antonio Andraus Burgos / Especial para arcotriunfal.com, 19 de julio de 2007

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