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Caminos que conducen a Cooperstown

Recinto donde se exalta a las verdaderas joyas del beisbol
Por Antonio Andraus / Especial para arcotriunfal.com

Por Antonio Andraus / Especial para arcotriunfal.com

Hay muchas preguntas que no tienen respuesta alguna, pero hay otras, y sea la oportunidad decirlo, que merecen hacerse con las explicaciones que para el caso se requieren, en consideración a que no todas encierran las fórmulas para que sean recibidas o aceptadas a cabalidad.

El béisbol, ampliamente reconocido como el rey de los Deportes, es una disciplina en donde casi todo, exceptuando desde luego los deslices mentales que se cometen, queda compilado, anotado, sentado en los libros de anotación no solo para hacer parte de la posteridad, sino para comprobar, matemática y técnicamente, porque un determinado pelotero hace parte de una cosa tan valiosa, gloriosa y a cuya sede todos aspiran a llegar, pero muy pocos alcanzan a ingresar, como lo es el Salón de la Fama.

Situado en la hermosa localidad de Cooperstown, en el propio Estado de Nueva York, en donde desde el 12 de junio de 1939, se exalta a los peloteros que por su trayectoria, caballerosidad, ejemplaridad dentro y fuera de los diamantes de juego, y por sus actuaciones beisboleras, cuyas marcas han sido reconocidas, en su época y en la historia, como verdaderas joyas para ese deporte, han logrado ocupar un glorioso puesto en el recinto.

Fue precisamente en Cooperstown en donde, dice la historia, que Abner Doubleday inventó las reglas y las normas para que el béisbol surgiera como deporte, casi tan perfectas que todavía hoy día, se utilizan de tal manera que no hay jugada, acción o movimiento que legalmente se desarrolle dentro del terreno de juego, que no esté previsto en el completo e indiscutido reglamento que, desde luego, ha tenido algunas modificaciones nada sustanciales que se pueda decir que sin ellas no se podría mantener vivo el juego.

Doubleday hizo ese inolvidable trabajo en 1839, según lo registra la historia, y desde entonces, el béisbol es una de las disciplinas en donde 100 años más tarde de haberse efectuado un partido, se pueda descifrar, jugada por jugada, acción por acción, lo que pasó en ese desafío, debido a que el libro de anotaciones, así lo mantiene consignado.

Por eso es muy fácilmente detectable cuando un jugador logra el imparable 3.000 en su historial en las Grandes Ligas, o cuando otro pelotero alcanza 500 o más cuadrangulares; o cuando un lanzador eleva su registro a más de 300 victorias; y también, quién gana o pierde un partido, porque es en este deporte el único en donde queda para la historia, el nombre del serpentinero que alcanza la victoria y a quién se le apunta la derrota.

De tal manera, que no todos los caminos conducen a Cooperstown, parodiando a contrario sensu sobre que todos los caminos conducen a Roma; hasta el punto que en más de un siglo de actividades de la pelota organizada en los Estados Unidos, a donde llega la crema y nata del béisbol de todos los rincones del mundo, apenas hay 280 nombres colocados en los nichos en el vestíbulo de los inmortales.

Los cinco primeros en ingresar a los codiciados e inmortales nichos de la ahora inolvidable ciudad, que prosperó como centro turístico, después del colapso financiero de los años 30, lo fueron Ty Cobb, Walter Johnson, Christy Mathewson, Babe Ruth y Honus Wagner, a cual más, estrellas de verdad verdad en la pelota organizada.

Hay algunos signos que permiten presumir que un jugador puede llegar al Salón de la Fama de Cooperstown, pero no casi siempre se acierta, porque en el análisis profundo, serio, deportivo y personal, se suman muchas condiciones para alcanzar en principio, la nominación para poder ser considerado, y más adelante, ante el escrutinio de los periodistas especializados en la cobertura de la pelota de las mayores, la votación es lo que decide todo.

Por ejemplo. Muchos se preguntan por qué Pete Rose no ha ocupado un lugar en la galería de los inmortales. Y, otro más, por qué Denny McLaine tampoco está en el registro de los que han conquistado el honor y la gloria. Pero en ambos casos, cosas extra-deportivas que aparentemente no debieran pesar a la hora de la selección, es lo que más poder decisorio ha tenido al momento de considerar sus nombres.

Rose, públicamente se sabe, apostó dentro del béisbol y con eso bastó para que su nombre jamás haya podido ser considerado elegible. Y McLaine también comprobadamente apostó, aun cuando no en partidos de béisbol sino en otras actividades, pero fue contundente eliminado para que tampoco se incluyera en las nominaciones que se han hecho.

Pete es el pelotero que más inatrapables ha conectado de por vida en el béisbol de las Grandes Ligas, con 4.256 batazos a terrenos de nadie, además de otros registros invaluables como jugador sobre los diamantes. Y McLaine, quien en 1968 marcó 31 victorias y apenas 6 derrotas para los Tigres de Detroit, que dos veces conquistó el premio ‘’Cy Young’’, con sensacionales actuaciones desde la loma de los sustos, no pudo ser tenido en cuenta para llegar al Salón de la Fama.

Por eso, ahora cuando se está debatiendo públicamente el uso de esteroides y hormonas de crecimiento entre peloteros estrellas de las mayores, todavía no se ha dicho la última palabra para saber si los que ya han sido identificados, puedan ser considerados para ir a Cooperstown.

Particularmente nos parece que eso va a ser difícil. Diríamos que complicado. Y tal vez, imposible. Y que todos los indicios nos permiten anticipar que nombres como Barry Bonds, Rafael Palmeiro, Mark McGwire, y otros tantos, todos sobresalientes por cierto, no podrán acceder fácilmente a la nominación, en principio, y, finalmente, a la conquista de las papeletas que les permitan llegar al Salón de la Fama.

En cambio, los nombres de Rogers Clemens, Craig Biggio, Jim Thome, Alex Rodríguez, Grez Maddux, Randy Johnson, Frank Thomas, para apenas citar a unos cuantos, tienen tiquetes de avanzada para esperar, por lo menos, que sean nominados. Otra cosa puede decir la votación en el momento en que sea la hora de nona… o que más adelante, se les compruebe hechos contrarios a los principios éticos y morales del Béisbol Organizado, los que obliguen a que sus legados y sus brillantes actuaciones, sean eliminados de un solo plumazo, o mejor dicho, con un pequeño asterisco, al lado de su nombre, para que jamás pueden esperar que tendrán la opción de llegar a Cooperstown.
Antonio Andraus Burgos, 19 de septiembre de 2007

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