Este honor le correspondió en 1954 a uno de los jugadores más elegantes, prestigiosos y emblemáticos del balompié mundial de todos los tiempos: al húngaro Sandor Kocsis. Con un total de once goles en esa quinta edición de la Copa Mundo, es el tercer hombre más positivo en la reseña de los 17 mundiales celebrados hasta la fecha, escoltando al alemán Gerd Müller (14 dianas en dos torneos) y al francés Just Fontaine con 13.
Sandor Kocsis, apodado ‘Cabecita de Oro’ por sus excepcionales remates de cabeza, nació en Budapest en 1929. Desde muy niño se interesó por el fútbol. Por razones políticas abandonó su patria el 30 de septiembre de 1929, para refugiarse en el exilio. En el onceno suizo Young Fellows jugó la temporada de 1957-58. Al año siguiente pasó a las filas del renombrado Barcelona de España.
Con la selección húngara, con la cual fue sub-campeón mundial en 1954, alcanzó un total de 75 goles en 68 partidos.
Al final de sus días siempre se lamentó de haber dejado Hungría, pese a todos los reconocimientos que alcanzó en el exterior. Una enfermedad no revelada lo obligó a internarse en la Clínica Quiron, de Barcelona. Al caer por una ventana -aparentemente se trató de un suicidio- murió el 21 de julio de 1979 a los 50 años de edad, pero con la apariencia física de un hombre mucho mayor.
En Suiza-54 se anotaron un total de 140 goles en 26 partidos (cifra no registrada antes) para un promedio de 5,38 dianas por compromiso. En la historia de los 17 mundiales es el mejor rendimiento ofensivo.
Con relación a la asistencia de público a los estadios, Suiza rebajó en 394.000 personas frente a lo registrado en Brasil-1950. A los seis estadios suizos acudieron 943.000 aficionados, para un promedio por partido de 36.270 personas.