Cuando todo está para ganarse, encuentras el momento propicio, la situación exacta, la jugada precisa, el jugador apropiado, la medida justa para encontrar en el banco de juego al hombre que debe desatar la jugada a tu favor.
Jon Lester no hubiese podido jugar en la Serie Mundial en la nómina de abridores de los Medias Rojas, si Tim Wakefield, el hombre de la bola de nudillos, no se lesiona su hombro derecho, lo que finalmente lo dejó por fuera de la plantilla.
Bobby Kielty no hubiese aparecido en el cuarto juego de la Serie Mundial como bateador emergente por Mike Timlin, un guardabosques pocas veces utilizado en la nómina de los hoy nuevos Campeones del Béisbol de las Grandes Ligas, si Manny Del Carmen no permite el cuadrangular de Brad Hawpe en el cierre del séptimo y acepta sencillo del emergente Cory Sullivan.
Coco Crisp no hubiese tenido que estar en la banca en buena parte de la final, si Jaciby Ellsbury no hubiese respondido con tanta eficiencia y talento, tanto a la defensiva como a la ofensiva, en bosque central de los Medias Rojas, durante toda la gran final.
Ni qué decir del segunda base, Dustin Pedroia, quien se ha ganado todos los honores como novato en el club, en la Liga Americana y en la pelota organizada, con un trabajo que lo enaltece y lo coloca en lugar de privilegio dentro del equipo.
Y de Jonathan Papelbon, cuyo formidable e intransitable trabajo como cerrador de los Medias Rojas, fue tan eficiente y tan seguro, que se acreditó las tres salvadas en donde su novena lo necesitó para ganar los compromisos que, en posibilidades de perderse, se amarró los pantalones para colgar los outs necesarios, incluyendo el ponche del emergente en el cierre del noveno acto del cuarto partido de la Serie Mundial y último out del episodio, Seth Smith.
En fin. Todo lo que los Medias Rojas consiguieron en esta segunda barrida completa en Series Mundiales, una marca que se eleva ahora a ocho victorias sin derrotas en el Clásico de Otoño de manera consecutiva, permiten presagiar que de ahora en adelante, especialmente en este nuevo siglo, con una camada nueva de peloteros, difícilmente la novena de Boston podrá perder las charreteras de un equipo siempre a derrotar, como ocurriera con los Yanquis de Nueva York en el siglo pasado.
Theo Epstein y Terry Francona han conformado una ‘’llave ganadora’’ con los Medias Rojas, al colocar su segunda victoria en las Serie Mundial en este Tercer Milenio, la primera en el 2004 frente a los Cardenales de San Luis, a quienes también barrieron en cuatro encuentros; y ahora, contra los Rockies de Colorado, que palidecieron a la ofensiva y mentalmente, ante la empuje indiscutible de los Medias Rojas; para la séptima corona que conquista la novena de Boston, pero cuyo último título, antes de estos dos, se consiguió de 1918, es decir, 86 y 89 años tuvieron que esperar para alcanzar nuevamente la gloria en las Grandes Ligas.
Es la primera novena en repetir corona de Serie Mundial en este Tercer Milenio. Los Yanquis ganaron en el 2000; los Diamantes de Arizona en el 2001; los Angelinos de California, en el 2002; los Marlins de la Florida, en el 2003; los Medias Rojas en el 2004; los Medias Blancas de Chicago, en el 2005; los Cardenales de San Luis en el 2006 y ahora, los Medias Rojas de Boston, en el 2007.
Lester, el abridor de la cuarta confrontación, con 50.041 espectadores cómodamente sentados en el nuevo ‘’Coor Field’’, y si acaso con unos 41 espectadores luciendo los colores del uniforme de los Medias Rojas, transitó cinco episodios y dos tercios, sin permitir carreras, aceptando tres incogibles, dos de ellos dobletes, y tres bases por bolas, y liquidando a tres bateadores por la vía de los buenos lanzamientos, se acreditó la victoria, abandonando el juego cuando le entregó bases por bolas en el cierre del sexto a Garret Atkins, necesitando de la ayuda de Del Carmen, Timlin, Hideki Okajima y Papelbon, el salvador del juego, tras el batazo de cuatro ángulos de Garret Atkins con un compañero en la ruta, frente a una oferta del japonés zurdo Okajima, en el cierre del octavo, cuando la pizarra se puso 4 carreras por 3, con la cual terminó el compromiso.
Papelbon se hizo cargo de la situación y una vez más, saliendo a trabajar antes de la novena entrada, colgó los cinco outs que hacían falta para coronar a los Medias Rojas campeones de la Serie Mundial, pegando un salto tan gigante desde la loma de los sustos camino a los brazos del receptor Jason Varitek, para celebrar el título, que se le cayó la gorra y perdió su manilla de juego, luego de ponchar a Smith.
Aaron Cook, el abridor zurdo de los Rockies, hizo un magnífico trabajo desde la loma de los sustos en seis actos en donde laboró, permitiendo tres de las cuatro carreras del compromiso, incluyendo un cuadrangular que le despachó Mike Lowell, abriendo el séptimo, cuando fue relevado del montículo; y par de dobletes, ambos para permitir carreras, uno en el primer acto de Ellesbury, quien anotó la primera rayita con sencillo de David Ortiz; y otro de Lowell, en el quinto, quien anotó con inatrapable de Varitek, no contó con el apoyo ofensivo de sus compañeros de equipo que, una vez, perdieron el control de su ofensiva que fue temible y aterradora en las finales de la Liga Nacional.
El ‘’bambinazo’’ de Kielty, que a la postre fue la carrera ganadora del compromiso para los Medias Rojas, se produjo frente a una oferta del zurdo Brian Fuentes, abriendo la octava entrada, con cuya anotación se le dieron cifras concretas a la pizarra.
La ventaja estuvo siempre del lado de los Medias Rojas, pues desde el primer choque cuando Josh Beckett amarró a la ofensiva de los Rockies para derrotarlos 13 carreras por 1, con un ataque despiadado de 17 incogibles contra apenas 6 de los campeones de la Liga Nacional, la fiesta empezó a prepararse para la novena de Boston.
Mike Lowell, con una actuación sencillamente extraordinaria, quien llegó a la nómina de los Medias Rojas como parte de la negociación en donde Boston cedió a los Marlins al prospecto paracortos dominicano Hanley Ramírez por el lanzador derecho y estrella de la Serie Mundial de 2003, Josh Beckett, pero con la condición que de todas maneras tenían que cargar con él, mostró la tranquilidad del jugador de experiencia, del recio bateador que es y de una manera de jugar el béisbol con la alegría y el gozo de practicarlo con todas las de la ley, se alzó con el título de ‘’Jugador Más Valioso’’ de la Serie Mundial, un honor que indiscutiblemente conquistó por lo que hizo dentro y fuera del terreno de juego, con una camaradería que rayó en la explosión de júbilo en el banco de juego, cada vez que con sus batazos llegaban a terremnos de nadie tanto en el ‘’Fenway Park’’ de Boston como en el ‘’Coor Field’’ de Denver, los cuales despertaba a su novena en los momentos en que aparentemente, se veía llegar una noche muy oscura.
Los Medias Rojas confirmaron el favoritismo que tuvieron desde el comienzo por parte de los expertos y de la crítica deportiva, para ganar la Serie Mundial, de ello no cabe la menor duda. Lo que no estuvo en la cuenta de anide es que los flamantes campeones de la Liga Nacional, los Rockies de Colorado vendieran tan barato sus derrotas en el Clásico de Otoño.