El ciclismo, bien sea en sus manifestaciones de ruta o pista, requiere en grado sumo de tiempos exactos, pues son esfuerzos máximos de segundos o de horas enteras que no pueden juzgarse a la ligera. De la precisión en su cálculo puede depender un título olímpico o mundial, el máximo galardón de una Vuelta. Ese acerbo probatorio de tiempos, permite la obtención de clasificaciones generales individuales, en épocas como las actuales, donde los triunfos se obtienen por segundos. Pero las estadísticas, independientemente del factor cronómetro, sirven para designar a los mejores en reconocimientos como los premios de montaña, las metas volantes, la regularidad, etc. Con el paso de los años, esos registros hacen la historia del ciclismo. Sin tales datos los gladiadores del pedal serían hoy ignorados.