Muchos colegas, aficionados y amigos, nos han estado indagando sobre nuestra opinión con relación a la derrota, en cuatro juegos consecutivos, de los Rockies de Colorado, los campeones de la Liga Nacional, frente a los Medias Rojas, de Boston, los campeones de la Liga Americana, en la Serie Mundial 2007.
Y nosotros no le hemos dado más vueltas a la manzana. Sencillamente, los Medias Rojas fueron superiores a los Rockies, y punto.
Esa apreciación la hemos hecho al analizar, posteriormente, todos y cada uno de los 4 desafíos que las dos novenas desarrollaron durante la Cita de Otoño, siendo como era, que la novena de Boston por muchas cosas positivas que ofrecieron durante la campaña regular, tenía la ventaja para ganar la corona, aun cuando no se esperaba que fuera de una manera tan fácil como efectivamente ocurrió.
Hay que partir de la base deportiva para sentenciar por qué los Medias Rojas fueron mejores en todos los terrenos, tanto en lo eminentemente deportivo como en los casos y pifias mentales, que fue, a nuestro modo de ver las cosas, en donde más fallaron los campeones del viejo circuito.
No hubo tantos cuadrangulares como se presagiaba desde antes de iniciar la gran final del béisbol de las mayores, no solamente por el lado de los Medias Rojas, sino también, por parte de la divisa de los Rockies, lo que permite aceptar que la calidad de los lanzadores, tanto de los abridores como de los relevistas, estuvo a la altura de las circunstancias.
En los libros de anotaciones, apenas se compilaron tres cuadrangulares por cada novena, es decir, apenas seis ‘’bambinazos’’ en la Serie Mundial, cuando se consideraba que tanto la ofensiva de los Medias Rojas con Dustin Pedroia, Kevin Youkilis, David Ortiz, Manny Ramírez y Mike Lowell, podría ofrecer una cosecha de por lo menos ocho tablazos de circuito completo; mientras que por los lados de los Rockies, se calculaba una media docena de batazos de cuatro esquinas, con Matt Holliday, Garret Atkins, Brad Hawpe, y Todd Helton en la alineación regular, y en consecuencia con lo que exhibieron durante la temporada en el viejo circuito.
Pero las cosas no fueron así, y el béisbol tiene esa manera de desarrollarse sobre los diamantes, especialmente cuando son competencias cortas, como una Serie Mundial, que está pactada a siete compromisos, pero que puede liquidarse en los cuatro primeros, como ocurrió en esta ocasión, y como igualmente pasó en el 2004, cuando los Medias Rojas barrieron a los campeones de la Liga Nacional de ese año, los Cardenales de San Luis.
Hay dos cosas que pudieron reflejar la baja en sus actuaciones sobre los campos de juego, por parte de los Rockies.
La primera, fue la espera de una semana para volver al terreno de juego, luego de liquidar a los Cascabeles de Arizona, en la final de la Liga Nacional, lo que probablemente incidió de manera notoria en la continuidad de juego que traían; y la segunda, quizás la más importante y decisiva, los nueve errores mentales que cometieron en los cuatro compromisos, cinco de ellos, costosísimos a la hora de hacer los balances de los desafíos, tanto a la defensiva como a la ofensiva, especialmente en el corrido sobre las bases. Y una posible tercera: la ansiedad por chocar las ofertas de los lanzadores de los Medias Rojas, desesperándose de manera notoria a medida que avanzaba la Serie Mundial.
En cambio, los Medias Rojas se mantuvieron en calor todo el tiempo, porque ¡ah! duro que les costó vencer a los Indios de Cleveland en la gran final por la corona de la Liga Americana, lo que se interpreta como haber estado siempre con el vapor del juego por todos los poros.
Los Medias Rojas acumularon un gran total de 25 carreras en los cuatro juegos de la Serie Mundial, con 38 inatrapables conectados, incluyendo tres cuadrangulares, más el nuevo registro de dieciocho batazos de dos esquinas en el Clásico de Otoño en apenas los cuatro partidos, 19 bases por bolas negociadas, muchas de ellas, valiosas para fabricar más adelante anotaciones; 20 ponches aceptados y apenas 2 errores al campo, y sin que se les observarán errores mentales en jugadas tanto a la defensiva como a la ofensiva.
Los Rockies sumaron apenas 7 rayitas fabricadas en los cuatro desafíos, con 22 inatajables, la friolera de 36 ponches recibidos, lo que evidencia la carencia de continuidad en el juego, de manera especial a la ofensiva; y apenas 10 bases por bolas alcanzadas, sin cometer errores defensivos, pero sí nueve mentales que pesaron una tonelada en cada oportunidad que se presentaron.
Los cuatro abridores de los Medias Rojas se acreditaron sus respectivos compromisos, porque el cuerpo de relevistas hizo su trabajo, de manera especial Jonathan Papelbon, quien se adjudicó los tres juegos salvados en donde tuvo que aparecer en el montículo, para asegurar las victorias de su novena.
Esos guarismos muestran a las claras que Boston fue sencillamente superior a los Rockies en todos los campos, y que además, la franquicia implanta otra marca para este nuevo siglo en el béisbol de las Grandes Ligas, al acumular ocho victorias sin reveses en la Serie Mundial, cuando apenas van disputadas ocho grandes finales desde el año 2000, en cuyo Clásico triunfaron los Yanquis de Nueva York, y solamente los Medias Rojas han repetido laureles con sus victorias en el 2004 y ahora, en el 2007.