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2007: inolvidable para las Grandes Ligas

Reflexión de John Henry, dueño de los Medias Rojas de Boston
John Henry, el dueño de los Medias Rojas de Boston, los campeones de la Serie Mundial por segunda vez en el nuevo milenio, dijo una frase que si bien es cierto no dice nada nuevo, por lo menos acierta en lo que fue la temporada de las Grandes Ligas en el 2007: "Fue un gran año para el béisbol".

No se equivocó en nada. Lo dijo momentos después de recibir el trofeo que distingue a su club ganador del Clásico de Otoño del pasado mes de octubre.

Ni siquiera pensando en que su novena, que no inició la campaña como gran favorito, se perfiló después del Juego de Estrellas de mitad de año, como la divisa a derrotar en la Liga Americana, luego de los altibajos de los Yanquis de Nueva York y los Tigres de Detroit, y con la caída en picada en los momentos en que menos se esperaba, de los Mellizos de Minnesota, y la derrota de los Angelinos de California, en la gran final, cuando ocupaba un puesto en el favoritismo para llegar a la disputa de la corona de las mayores, al lado de los Indios de Cleveland, que denodadamente luchó por llegar a la Serie Mundial, pero que claudicó en los momentos pocos propicios.

Pero el béisbol es eso, incierto, como una caja de Pandora. Y en muchas ocasiones, inexplicable, porque sobre el terreno de juego se presentan jugadas que no están diseñadas para ser anotadas en los libros pero que, sin duda alguna, se guardan para la posteridad en el recuerdo y las retinas de los amantes al Rey de los Deportes.

Fue el año en que dos colosos de las Grandes Ligas llegaron a ocupar, por derecho propio, un nicho en el Salón de la Fama, tras faenas inolvidables en la Gran Carpa, quienes no tenían discusión alguna para ser nuevos ciudadanos de Cooperstown desde el mismo momento en que se retiraron: Cal Ripken Jr. Y Tony Gwynn.

Los dos eran fijos en las papeletas para ingresar al sitio al cual todos quieren llegar, pero muy pocos alcanzan a clasificar.
Ripken, por donde se le mire, será por siempre un inolvidable en este deporte, una estrella en todas las épocas de los Orioles de Baltimore, dentro y fuera de los campos de juego, una joya sempiterna para el béisbol; y Gwynn, sin el diseño físico de una extraordinaria estrella, hizo todo lo bueno y explosivo que puede tener un jugador con el uso del bate, despachando esféricas a terrenos de nadie, que le valió en más de una ocasión, cargar con el título de bateo de la Liga Nacional, siempre con el uniforme de sus Padres de San Diego.

Nada más miremos algunas fechas, para confirmar que lo dicho por Henry, no son cosas del azar ni de un momento de efervescencia y calor, por la corona que acababan de conquistar sus pupilos en franca lid.

El 2 de abril, en la primera fecha de la prolongada y extenuante campaña del 2007, los Medias Rojas perdieron frente a los Reales de Kansas City, ante una labor envidiable de Gil Meche, quien eclipsó a Terry Francona y sus muchachos, incluyendo a su astro lanzador derecho, Curt Schilling. Pero siete meses más tarde, los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial y ¡de qué manera!
El 6 de junio, Trevor Hoffman se acreditó su juego salvado número 500, para dar un soberbio paso hacia la inmortalidad, a cuya inscripción llegara en poco tiempo.

El 20 de junio, el dominicano Sammy Sosa, retornando a la actividad, luego de un año de estar por fuera de los diamantes de las Mayores, despachó su cuadrangular número 600, para colocarse entre los cinco peloteros de toda la historia en llegar a 600 o más tablazos de circuito completo.

Pero el 28 de junio, fue un día maravilloso para Frank Thomas, con los Azulejos de Toronto, y para Craig Biggio, con los Astros de Houston. Thomas catapultó su nombre al puesto 21 de todos los tiempos, con 500 o más "bambinazos" despachados en las Grandes Ligas; y Biggio, jugando siempre con los Astros, que por cierto, acaba de concluir en este año, conecta cinco indiscutibles frente a los Rockies de Colorado, para llegar, con uno de ellos, a la envidiable y poco alcanzable marca de 3.000 imparables en las mayores.

El 10 de julio, en el Juego de Estrellas, efectuado en el moderno estadio de los Gigantes de San Francisco, la Liga Americana se impone, una vez más, sobre la Liga Nacional, por tablero de 5 carreras por 4, incluyendo el ‘’jonrón de piernas’’ del japonés Ichiro Suzuki, de los Marineros de Seattle, que es el primero en los anales de los libros de anotaciones.

El 4 de agosto, el antesalista de los Yanquis de Nueva York, el controvertido Alex Rodríguez, logra su tablazo de circuito completo número 500, para colocarse en la casilla 22 de todos los tiempos, entre los peloteros que logran tal cifra de ‘’bambinazos’’ en las Grandes Ligas, frente a una oferta del zurdo Kyle Davies, de los Reales de Kansas, en el ‘’Yanqui Stadium’’.
Y sumemos otras marcas, todas las cuales privilegian a quienes tuvieron a su haber tales hazañas, tanto a la ofensiva como a la defensiva.

Los 500 jonrones de Jim Thome, con los Medias Blancas de Chicago, logrado el 16 de septiembre, para ser el pelotero número 23 en las mayores, en llegar a dicha cifra, en más de un siglo de actividades.

Los 300 triunfos del lanzador zurdo Tom Glavine, con los Mets de Nueva York, frente a los Cachorros de Chicago; y las 350 victorias del astro e inmortal por anticipado, Rogers Clemens, con los Yanquis de Nueva York, el 2 de julio en el mítico ‘’Yanqui Stadium’’, frente a los Mellizos de Minnesota, en formidable actuación de ocho entradas de labor.

Los no-hitter del zurdo Mark Buerhle, de los Medias Blancas de Chicago, contra los Rancheros de Texas; de Justin Verlander, de los Tigres de Detroit, quien llegó a hacer ofertas con su bola a por lo menos 100 millas por hora, frente a los Cerveceros de Milwaukee; y de Clay Buchholz, de los Medias Rojas, ante a los Orioles de Baltimore.

A una semana de que se concluyera el calendario regular, apenas se vinieron a conocer los finalistas de la Liga Americana, en tanto que hubo necesidad de un juego adicional para decidir al ganador del ‘’comodín’en la Liga Nacional, cuando los Rockies de Colorado tuvieron que jugar y ganar en episodios extras, a los Padres de San Diego, y clasificarse de esa manera, para la postemporada.

Por cierto, los Rockies establecieron el registro de 21 victorias en 22 partidos consecutivos, incluyendo sus actuaciones en la postemporada, pero acumulando inesperadamente cuatro derrotas en línea en la Serie Mundial, frente a los Medias Rojas de Boston, que implantan la marca de ocho victorias consecutivas en el Clásico de Otoño: cuatro triunfos en línea en el 2004 y cuatro más, en el 2007.

Y hemos dejado a propósito para lo último, el nuevo registro de cuadrangulares de Barry Bonds, porque con el anunciado asterisco que se le colocará a la bola de los 756, con cuyo batazo superó al inmortal Hank Aaron, con 755 tablazos de cuatro esquinas, todo nos hace indicar que ciertamente la marca quedará como guarismo en las Grandes Ligas, pero que difícilmente su nombre podrá llegar al Salón de la Fama, aun cuando haya terminado el 2007 con 762 ‘’bambinazos’’, y probablemente, jugará un par de años más acumulando jonrones en la Gran Carpa.

Por eso decimos al comienzo que es un año inolvidable para las Grandes Ligas, como lo fueron 1941, con los 56 partidos consecutivos de Joe DiMaggio conectando indiscutibles con el uniforme de los Yanquis y los 406 de promedio de bateo ese mismo año del inolvidable Ted Williams, con los Medias Rojas, amén de la victoria en la Serie Mundial de los Yanquis de Nueva York contra los Dodgers entonces de Brooklyn, en la jugada increíble por medio de la cual, la pérdida de la pelota por parte del receptor de los Dogers, Mickey Owen, con dos outs colgados en la pizarra y sin corredores en bases, permitió que el bateador que se había ponchado, Tommy Henrich, llegara a la primera almohadilla y encabezara un racimo de cuatro carreras, cuando su novena ganaba 4 carreras por 3 en el noveno episodio, en el otrora legendario estadio Ebbets Field, en el que pudo ser el partido para igualar el Clásico a dos victorias por bando, que finalmente ganaron los Yanquis con cuatro victorias y una derrota; y 1969, cuando hubo la explosión de nuevas franquicias y los increíbles y ‘’viejos mágicos’’ apoyados por algunos jóvenes, como los lanzadores Tom Seaver y Jerry Koosman, condujeron a los Mets de Nueva York a la victoria en la Serie Mundial, su primera corona en la Gran Carpa, frente a los Orioles de Baltimore, novenas ambas que se clasificaron luego de las semifinales en los dos circuitos, norma que se estableció por primera vez, cuando cada liga sumó 12 equipos en competencia en el calendario regular de partidos.

2007 como hemos intentado reseñar en esta nota de manera arbitraria y en un estrecho resumen, es inolvidable para las Grandes Ligas porque hubo más marcas y otros registros de valía, que merecen tenerse en cuenta para la posteridad en el Béisbol Organizado, que nosotros no alcanzamos a incluir.
Antonio Andraus Burgos, 13 de noviembre de 2007

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