El 7 de abril de 1951 llegó a Bogotá, para ocupar el puesto de portero titular en el Independiente Santa Fé, el formidable portero argentino Eusebio Chamorro. Venía de actuar en el Newells Old Boys de Rosario. Un tiempo atrás había sido sustituto del consagrado José Elías Musimessi.
Su estreno oficial con la divisa ‘Cardenal’ se cumplió el domingo 15 del mismo mes de abril, con motivo del partido entre Santa Fé y Cúcuta Deportivo en el estadio de la Ciudad Universitaria, juego que terminó con el triunfo del equipo ‘Motilón’ por marcador de 4-2
Los veinte mil y más aficionados que se reunieron en el estadio El Campín, para una taquilla cercana a $ 45.000,oo muy valorizados pesos de ese tiempo, premiaron con reiterados aplausos la consagratoria actuación del nuevo portero, a tal punto que al día siguiente el matutino capitalino ‘El Espectador’ tituló: ‘Golero, Golerazo. Confirmó plenamente ayer en Bogotá todas sus bondades el grande arquero argentino Eusebio Chamorro. Cuando el viaje de San Lorenzo de Almagro por tierras europeas, la crítica del viejo continente manifestó que pocas veces habían visto en acción a un arquero de tan grandes cualidades. No creemos mucho en la propaganda y de allí que nos dijéramos: esperemos.
“Pero no fuimos engañados en ningún momento. Chamoro fue el ‘crack’ tan comentado, el golero golerazo, el arquero suicida, arrojado como ninguno. Ante él se estrellaron todos los ataques de los cinco delanteros cucuteños.
“Fue la figura más elegante del campo, el hombre a quien se tributaron las mayores ovaciones. El público bogotano supo corresponder al esfuerzo que hacía el muchacho recién desempacado de Buenos Aires, con atronados aplausos, lamentando profundamente su lesión, que a la larga costó la derrota del Santa Fé. Pero si los rojiblancos perdieron, el fútbol colombiano ha ganado una estrella de gran magnitud. Enorme, este Eusebio Chamorro, que ha venido a llenar un vacío que se notaba en las filas de los excampeones colombianos...”
Y es que Chamorro debió enfrentarse a una temible línea ofensiva ‘motilona’, compuesta por Juan Carlos Zunino, contra quien precisamente sufrió el golpe que lo marginó del partido, Abraham González, Juan Carlos Toja, Ramón Alberto Villaverde y Bibiano Zapiraín. Una de las artillerías más memorables del cuadro santandereano en la década del cincuenta.