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Fútbol|Crónicas|Las humillaciones a Rummenigge

Las humillaciones a Rummenigge

Debió luchar para triunfar
Karl-Heinz Rummenigge.

Karl-Heinz Rummenigge.

A comienzos de la década del 80, el alemán Karl-Heinz Rummenigge estaba catalogado, unánimemente, como la principal figura del equipo Bayern Munich, en donde militaba desde 1974, del seleccionado nacional de Alemania y Europa en general. Por aquellos días ocupaba las primeras páginas de los diarios españoles, en virtud de su posible vinculación al Barcelona, equipo que estaba en disposición de cancelar al Bayern un total de 280 millones de pesetas de la época.

Según directivos del equipo alemán, la propuesta era demasiado buena como para ignorarla. Ofrecen, decían los teutones, 10 millones de marcos y están dispuestos a llegar a los 12.

Con el equipo nacional de Alemania, Rummenigge estuvo presente en el Mundial del año 78 en Argentina, certamen en el cual el onceno germano aspiraba a retener el título logrado cuatro años antes en su propia casa. Decepcionó el equipo, no así Rummenigge, quien fue catalogado como un jugador de grandes condiciones. Anotó un total de tres goles, el primero de ellos en la goleada 6-0 frente a México en el estadio de Córdoba

Pero los primeros años de este excepcional jugador de 1.82 metros de estatura, de pique corto, potencia en la carrera y enorme sagacidad, fueron duros. Comenzó jugando en el equipo de su ciudad natal, el Borussia Lippstadt de la tercera división. El 24 de agosto de 1974 lo hizo en primera, junto a consagradas figuras de su país, caso Beckenbauer, Mûller, Maier entre otros. Se enfrentaron al Kickers Offenbach y perdieron por 0-6. Pese a ello siguió en la formación titular.

Su primer partido con la divisa nacional teutona fue el 6 de octubre de 1976, en Cardiff, frente al equipo de País de Gales. Alemania ganó por 2-0.

Pero no todo fue placentero en la carrera profesional de Rummenigge. No fue un buen estudiante y desechó los libros. Desde un principio tuvo el deseo de ser futbolista, pero sus amigos de barriada no le apoyaban. Le prometían, en forma reiterada, incluirlo en uno de los dos bandos, si limpiaba el campo. Rummenigge dejaba el potrero impecable, pero a la hora de jugar tenía que conformarse con ser un espectador más. Pero llegó el desquite: un día, ya un poco más grande en estatura pudo jugar con los mayores y puso en aprietos a todos los adversarios.


Debía tener entre 14 y 15 años cuando el equipo Sckalke-04 quiso tenerlo en sus filas. Los padre se opusieron rotundamente, pues antes debía cumplir con los deberes escolares. Después del colegio desempeñó labores de empleado bancario, obligación que le aburría inmensamente. Pero su definitivo camino por fin llegó. En 1973 el dirigente MaxMerkel lo llevó a las toldas del Bayern Munich, cuando ya frisaba en los 18 años.

Pese a vivir el equipo una ininterrumpida cadena de éxitos, su contrato fue miserable comparado con el resto de la plantilla. Cuando llegó el declive del famoso equipo, alrededor de 1975, Rummenigge recuerda qué pasó por aquellos días:

Mis compañeros me decían que sólo sabía correr de un lado para otro, que no tenía ni idea... Por si fuera poco me apodaron ‘el cachetes colorados’, por la sencilla razón de que Cramer -su técnico- me decía continuamente que me daría patadas en el trasero hasta que consiguiera que el seleccionador nacional se fijara en mí. Creo que Cramer estaba convencido de que me daría coces durante toda la vida. Afortunadamente se equivocó.


Mientras alcanzó la gloria, debió conformarse con acudir a los entrenamientos en autobus, vivir en una humilde pensión y estar a las órdenes de todo mundo. En alguna ocasión el manager del Bayern lo dejó en la estación del Frankfurt cuidando los equipajes de todo el equipo, mientras decía a los demás jugadores: ‘Vámonos tranquilos, éste -Rummenigge- no se merece comer...’

‘Incluso Beckenbauer -confesó Rummenigge en alguna oportunidad- me trató como un trapo sucio. Dijo de mí que jamás sería un buen futbolista. Esta frase no la olvidaré nunca...’

Finalmente Rummenigge consiguió el triunfo con el sudor de su frente, con honradez profesional. Ninguna persona le regaló nada. Hasta sus detractores, como el prestigioso ‘Kaiser’, se doblegaron ante su grandeza, ante el número uno del viejo mundo en aquella década.

Karl-Heinz Rummenigge nació el domingo 25 de septiembre de 1955, en Lippstadt, en ese tiempo República Federal Alemana.
Tobías Carvajal Crespo, 24 de junio de 2006

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