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El 'fantasma' de los campos de entrenamientos

Se revive la discusión sobre el uso de esteroides y de otras sustancias para mejorar el rendimiento de los peloteros
Como en muy contadas ocasiones anteriores pudo haber ocurrido, este año hay un “fantasma” que se pasea, mondo y lirondo, por los campos de entrenamientos de las 30 novenas de las Grandes Ligas, cuando estamos a cinco semanas de iniciarse la temporada del 2008.

Ese “fantasma”, aun cuando muchos tratan de olvidar, está presente entre los aficionados, entre los técnicos, entre los preparadores físicos, entre novatos y peloteros veteranos que se han concentrado, desde hace un par de semanas, para ejecutar, con maestría y precisión, todos los mecanismos eficientes y necesarios, para ofrecerse de lleno a la nueva campaña de la pelota de las Grandes Ligas que, sin duda alguna, estará salpicada por controversias, decisiones seguramente inapelables tanto judiciales como morales, y en fin, una serie de complicaciones que a lo mejor, nada bueno ofrecerá para el Rey de los Deportes, pero que puede ser la iniciación de una vasta y amplia forma de aislar por completo la actividad beisbolera de injerencias extrañas y poco recomendables.

Nos referimos, obviamente, a la situación que está ya a nivel del Congreso de la República de los Estados Unidos, sobre el uso de esteroides y de otras sustancias, para mejorar el rendimiento de los peloteros sobre los diamantes de juego, algo que se puso de moda de la noche a la mañana en las dos últimas décadas y que deja por fuera, la pureza del béisbol, por quienes lo practican y lo ejercen, como verdadero ejemplo deportivo para las futuras generaciones de hombres no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo.

De tal manera que, por ahora, ese “fantasma” está en todos los campos de entrenamientos, en los bancos de juego, en la casa de todos y cada uno de los clubes, entre los propios peloteros y entre quienes, como nosotros, tenemos la oportunidad de admirar a una de las disciplinas deportivas que, como ha ocurrido en más de un siglo, debe ser limpia, transparente, seria, responsable y obligada a ofrecer sus frutos, con el producto de una sana practica con la responsabilidad física, intelectual y moral de todos y cada uno de sus integrantes.

Los campos de entrenamientos, que ya se abrieron para que más de 1.200 peloteros estén concentrados en busca de una posición dentro de la plantilla de apenas 25 de cada una de las divisas, en las cuales llegan hasta 50 peloteros para estar en la época primaveral – que este año tiene poco de primaveral por el intenso frío que todavía cala los huesos -, de los cuales apenas quedaran 750 en las nóminas, tienen en sus lugares de concentración, la pesadilla de la situación que están viviendo un buen número de peloteros, cuyos nombres, ya públicos y conocidos por los informes especiales, a cuya lista, nos parece a nosotros, podrían llegar otros nombres de valía y talla, si las investigaciones llegan a la profundidad que el caso y le situación amerita para bien del béisbol, de sus dirigentes, y de los propios peloteros.

Quienes han sido convocados por los equipos y han aparecido en las listas de la utilización de estimulantes nada recomendables, han permanecido con un mutismo impresionante, como es el caso de Barry Bonds, quien quedó en libertad de los Gigantes de San Francisco, y a quien los investigadores federales vienen cercando para que diga la verdad y nada más de la verdad, sobre sí uso o no esta clase de elementos químicos, para mejorar sus condiciones de pelotero por lo menos en los últimos 15 años.

Y desde luego, otras figuras, como el zurdo y estelar abridor de los Yanquis de Nueva York, Andy Pettitte, está arrepentido de la situación en la que fue comprometido al usar estimulantes que, no les quepa la menor duda de ello, ensombrecerá, por decir lo menos, su brillante trayectoria en las Grandes Ligas y en especial, con la novena de los amores y desamores de la Gran Manzana, con cuyo uniforme alcanzó honores y anillos de Series Mundiales, que estarán enlodados por el asterisco de la eternidad al lado de su nombre, que se tendrá en cuenta para cualquier cosa que merezca el juzgamiento de quienes tendrán a su cargo, en el futuro, la nominación y elección de nuevos jugadores para el Salón de la Fama.

Como si fuese poco, la controversia ya conocida entre Rogers Clemens, el astro lanzador derecho que tiene ribetes de dramatismo para su camino hacia el Salón de la Fama, al negar que usó estimulantes y la confirmación, por parte de su entrenador personal y ex preparador físico, Brian McNamee, quien testificó ante una Comisión del Congreso de la República, que le aplicó hormonas de crecimiento y esteroides por lo menos en 16 ocasiones, entre 1998 y 2001, bajo la gravedad del juramento, que ha permitido un auto cabeza de proceso para abrir una investigación por parte del FBI contra el serpentinero de las mayores, para saber si dijo la verdad en su testimonio, o si por el contrario, mintió.

A medida que avanzan los días, en los campos de entrenamientos de las novenas hay nerviosismo, incertidumbre, quizás un poco de preocupación por quienes, de una u otra manera, han sido mencionados en las investigaciones y hacen parte del espectáculo de las mayores. Pero para los novatos y quienes nunca han aparecido en nada de estas controversias, existe una marcada preocupación por saber que tanto ha afectado la situación sobre la imagen del béisbol y el apoyo que pueda perder por parte de los aficionados que, no hay la menor duda, es un juez implacable y cuyas decisiones, sabias por cierto, ofrecen decisiones populares que son las que más pesan a la hora de la verdad.

Digamos, por esto días, que los campos de entrenamientos van a servir, por ahora, de una primera etapa de decantación para que la afición piense y repiense sobre si está o no de acuerdo con el uso de estimulantes por parte de los peloteros. Una primera muestra entre los aficionados, ofrece un rechazo unánime, que puede ser el punto de partida para que las cosas se encausen de la mejor manera, de aquí a un par de años.

Y desde luego, el trabajo que se debe hacer, efectivo y eficaz, para que desaparezca por completo, esa mala práctica del uso de estimulantes que, pueden servir para una proceso deportivo inmediato, pero que a largo plazo ofrece más dolores de cabeza que sabores a frutas, especialmente en el aspecto físico y de salud de quienes se dedican a consumir dichas sustancias.
Antonio Andraus Burgos, 14 de marzo de 2008

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