El estadio Monumental de River Plate, ubicado muy cerca del Río de La Plata y distante unos cinco kilómetros del centro de Buenos Aires, fue escenario de la mayor tragedia deportiva en toda la historia de Argentina y la segunda en Suramérica por el número de muertes trágicas, luego de concluir, sin ningún incidente, una nueva edición del tradicional clásico entre River y Boca Juniors, con empate a cero anotaciones.
Antes de finalizar el juego, correspondiente a la 17ª. fecha del torneo Metropolitano, se advirtió al público, por la amplificación interna del estadio, que no utilizara la puerta número 12 para salir, pues no habían sido retirados los tornos de control usados para el ingreso de los mismos aficionados, horas previas al partido. Hasta allí todo correcto desde el punto de vista preventivo.
Según las confusas versiones policiacas de la época, la tragedia se desencadenó en el sector ocupado por una mayoría de seguidores del Boca Juniors, cuando dos explosiones, que pudieron haber sido provocadas por la deflagración de cohetes que suelen llevar los aficionados para festejar el triunfo de sus equipos, incendiaron jirones de periódicos, que parte del público comenzó a lanzar, como antorchas, desde las graderías a los pasillos que, a cielo abierto, conducen hacia la salida del mayor escenario deportivo de la capital argentina, sembrando el pánico
Los aficionados, angustiados por la presencia de las llamas, olvidaron las advertencias acerca de la puerta 12 y por ella, en lugar de salir, entraron en el túnel de la muerte.
Las puertas sí estaban abiertas, como lo atestiguó el presidente del River Plate, José William Kent, pero en el caso de la fatídica puerta 12, con los tornos estorbando la posibilidad de alcanzar la calle.
En su huida, numerosos espectadores cayeron al suelo y fueron espantosamente pisoteados y desfigurados en sus rostros por unas dos mil personas que tenían un solo objetivo: estar a salvo en la vía pública. Otros murieron aplastados contra los tornos, apretados por quienes venían de atrás. Algo muy similar a lo acontecido, por un gol, escasamente cuatro años antes en el Estadio Nacional de Lima.
Un informe final de las autoridades bonaerenses comprobó la muerte de 73 personas y heridas de gravedad en 130 más, lo cual hizo insuficiente la capacidad asistencial de centros hospitalarios como el Pirovaco, cercano al estadio, el Fernández y el Militar.
Esta dolorosa circunstancia sirvió para recordar que este mismo escenario vivió, el 21 de julio de 1954, un hecho similar. En desarrollo de un partido entre River Plate y San Lorenzo de Almagro, cientos de aficionados que trataban de evitar una avalancha, hallaron cerradas las puertas de salida del Monumental. Ocho de ellas murieron y 80 más sufrieron lesiones de consideración.