“Tenía seis años, mi papá -don Lito Morena- había venido a verme jugar y nuestro capitán había elegido para jugar la camiseta de Peñarol. En desarrollo del partido me acerqué a pedirle perdón a mi viejo por usar esa camiseta. Él era fanático de Nacional... y yo, de pequeño, también”. Un recuerdo de niñez que siempre ha estado latente en la memoria de Fernando Morena, un delantero uruguayo codiciado, en su momento, en todo el mundo, millonario en goles, millonarios en cotizaciones.
Se inició en la quinta división del Rácing uruguayo, en 1967. Sólo jugó cuatro partidos, sin llegar a firmar contrato, para luego emigrar, al año siguiente, al River Plate de Montevideo para actuar también en la quinta división, cuando frisaba por los 16 años. Allí permaneció desde 1968 hasta 1972.
Admirador incondicional del argentino José Francisco Sanfilippo, de quien “aprendí a moverme en espacios cortos y a pegarle como viene, sin esperar...” , Fernando Morena pasó luego, por lapso de siete temporadas a Peñarol, el equipo más popular del Uruguay, fundado el 28 de octubre de 1891, en la localidad de Peñarol, suburbio de Montevideo, por 118 funcionarios de una empresa ferroviaria británica. Estando en esas toldas fue convocado al seleccionado nacional ‘Charrúa’ , equipo con el cual hizo su estreno el 27 de octubre de 1971, frente a Chile. Triunfo uruguayo 3-0.
En Peñarol patentizó su condición de goleador. En la temporada del 73 fue máximo artillero con 23 dianas en 22 juegos. Hacía 40 años que un uruguayo no su sumaba más de 20 goles en el torneo. El último había sido PedroYoung, del mismo Peñarol, en 1933.
En 1979, a la edad de 27 años, Morena fue transferido por Peñarol al Rayo Vallecano de España por 650.000 dólares, una suma modesta si se tienen en cuenta los notables antecedentes del delantero uruguayo, quien en ese momento contabilizada en su carrera deportiva un total de 484 goles.
Rápidamente se constituyó en ídolo de la barriada madrileña de Vallecas, que reconoció en Morena el goleador que el modesto Rayo Vallecano necesitaba para volver a ser el ‘matagigantes’ de los grandes equipos ibéricos.
A finales de ese mismo año y pese a la distancia, los aficionados uruguayos siguieron con atención las ejecutorias de Morena, por estar muy cerca de coronar la emblemática cifra de 500 goles, guarismo jamás logrado por jugador alguno en la historia del balompié ‘Charrúa’. Y ese feliz acontecimiento se produjo el domingo 16 de diciembre del citado año 79, en el estadio Luis Casanova de Valencia, cuando en el minuto 22 del primer tiempo y frente al onceno local del mismo nombre, el ágil delantero suramericano logró el medio millar de dianas.
Una conquista que automáticamente y en medio de la euforia de sus compañeros de equipo, lo ubicó en la galería de los grandes goleadores del mundo.