El dirigente deportivo Juan María (Joào) Faustino Godofredo Havelange, más conocido a secas como Joào Havelange, único presidente no europeo de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) en la historia del balompié, nació en Río de Janeiro, Brasil, el lunes 8 de mayo de 1916.
Este controvertido hombre, huérfano de padre a los 18 años, campeón suramericano de los 1.500 metros libres y competidor olímpico en los Juegos de 1936 en Berlín, visitó a Colombia a finales de abril de 1986, con el objeto de presidir el 50º. Congreso Ordinario de la Confereración Suramericana de Fútbol, que eligió como Presidente de la Combebol al paraguayo Nicolás Leoz, en reemplazo del peruano Teófilo Salinas, quien desempeñó ese cargo por lapso de 20 años.
En un amplio reportaje concedido a EL TIEMPO el domingo 4 de mayo, respondió textualmente a una pregunta relacionada con la comercialización del espectáculo del Mundial: “Miremos el ejemplo reciente. Colombia renunció y hubo cuatro naciones que se postularon: Canadá, Estados Unidos, Brasil y México. Este último fue el que reunió el mayor número de requisitos y por eso se le otorgó.
“Muchos preguntarán por el caso de Estados Unidos, una de las potencias del mundo económico. Pero es difícil que allí se realice un Mundial por un problema geográfico. Es un país que va de costa a costa y usted bien puede tener un vuelo de 6 horas entre dos ciudades, con el agravante de la diferencia de horarios, lo cual significa ventajas para algunos equipos...”
Ocho años más tarde, en 1994, Estados Unidos con las ciudades de Boston, Chicago, Dallas, Detroit, Los Angeles, Nueva York, Orlando, San Francisco y Washington a la cabeza, desmitieron públicamente tal afirmación.
Los 52 partidos fueron presenciados por 3.567.415 personas -la gran mayoría fruto del turismo latino y europeo- para un promedio de 68.604 aficionados por juego, siendo la final entre Brasil e Italia la que reunió más público -94.194 espectadores- y el choque de primera ronda, entre Bulgaria y Nigeria, en el estadio Cotton Bolw de Dallas, la más baja, con 44.132 personas en las tribunas.
Como si lo anterior no fuese suficiente, el Mundial de USA-94 superó en asistencia al certamen de México-86 en 1.164.464 aficionados y a Italia-90 en 1.050.067 -.
Pero si era por razones de dinero la preocupación del Presidente de la FIFA, las utilizadas de la Copa, sumadas las nueve sedes y considerados aspectos como taquillas, mercadeo, hotelería y servicios varios, arrojó una cifra cercana a los 3.000 millones de dólares. Como para pagar con toda tranquilidad, en ese momento y aún hoy, las deudas internaciones de muchos países.
Una gran enseñanza: los Presidentes, así lo sean de grandes multinacionales como el fútbol, también son humanos y por ende se equivocan.