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Greg Maddux: con tiquete a la inmortalidad

Formidable lanzador derecho de los Padres de San Diego
La capacidad de juego de un pelotero casi nunca se puede advertir hasta cuando, como se dice en el mundo beisbolero, ha madurado.

Regularmente se puede especular sobre las condiciones de tal o cual jugador, y desde luego, los prospectos se consolidan, una vez se adueñan de una posición o se elevan a la categoría de regulares en la plantilla de juego, algo nada fácil para un novato pero que cuando cuenta con la calidad suficiente para demostrar sobre el diamante que sus cualidades le van a permitir brillar en el contexto de las Grandes Ligas, entonces alcanzan la categoría de un nuevo astro de pelota organizada.

Eso no fue lo que exactamente le ocurrió hace 23 años a Greg Maddux, el formidable lanzador derecho que hoy presta sus servicios a los Padres de San Diego, pero cuya semblanza no tenía el diseño desde el mismo comienzo, como un ganador desde la loma de los sustos, ni siquiera a largo plazo, pues su comienzo, con par de temporadas inciertas, muy pocos comentaristas y expertos pensaron en que podría ser un verdadero ganador desde el montículo.

Pero lentamente Maddux construyó a base de sacrificios y con mucho trabajo, esa formidable carrera que hoy exhibe, garantizada y respaldada por los números que a lo largo y ancho de su brillante actuación profesional, le permiten asegurar, desde ahora, un tiquete camino a la inmortalidad, es decir, para ocupar un nicho en el Salón de la Fama, una vez concluyan sus acciones en la Gran Carpa que, por lo que vemos, no será sino por allá en un par de años, dadas sus condiciones físicas y sus deseos de mantenerse vigente en los campos de juego.

Maddux se convirtió el pasado sábado 10 de mayo, en el noveno lanzador de más de un siglo del Béisbol Organizado en llegar a 350 o más victorias en su paso por las mayores, tras una indiscutida carrera llena de conquistas valiosas, de honores, de logros, con numeritos que cualquier otro jugador, y en este caso, lanzador, envidiaría con el transcurrir de los años.

No tuvo un comienzo fulgurante como muchos creen. Su primera aparición en el diamante, aquel 3 de septiembre de 1986, a los pocos meses de haber cumplido sus 20 años de edad, no le auguraban lo que finalmente ha compilado en su largo pero brillante trasegar por los Cachorros de Chicago, los Bravos de Atlanta, los Dodgers de Los Ángeles y los Padres de San Diego, las novenas con las cuales ha participado en 23 contiendas de las mayores.

En ese año, Maddux apenas compiló 2 victorias y 4 derrotas, con 5.52 carreras limpias por juego, en 31 episodios trabajados para los Cachorros, novena con la cual debutó. Y al año siguiente las cosas no fueron tan buenas como él esperaba, y como muchos de sus seguidores lo querían. Tuvo registro de apenas 6 victorias y 14 derrotas, con 5.61 carreras limpias por juego, en 34 partidos en donde intervino, con 155 entradas laboradas. En otras palabras, mostraba una tarjeta con 8 triunfos y 18 derrotas, algo que no hacía presagiar que sus condiciones vendrían a exhibirse un poco más adelante.

Fue a partir de las tercera campaña en las mayores en donde este texano, nacido un 14 de abril de 1966 en San Ángelo, pudo cambiar ampliamente los guarismos a su favor, construyendo desde entonces, lo que sería el pilar que lo está sustentando para llegar, sin contratiempos de ninguna naturaleza, a Cooperstown, la ciudad en donde se catapultan a la fama y la gloria, a los inmortales de este deporte.

En ese tercer año con los Cachorros, Maddux desarrolló lo que permitiría perfilarse como uno de los más sólidos lanzadores de la pelota organizada, cuyo trabajo, a medida que transcurrían los años, fue prodigándole a él y desde luego al juego del béisbol, lo que le refrendan desde ahora, su llegada al Salón de la Fama, cuando llene los requisitos de haberse retirado de las actividades en los campos de juego.

Maddux ser perfiló como ganador al acumular 18 triunfos contra apenas 8 reveses, en su plan de abridor, con 3.18 carreras limpias por juego, en 1988, dejando a un lado el sendero como perdedor. Y desde entonces, Maddux no se ha detenido en la proeza de asegurar, con todos los honores y méritos suficientes, ser una figura para capturar la gloria y la fama, dentro del Béisbol de las Grandes Ligas.

Conquistando un anillo de Serie Mundial con los Bravos de Atlanta, cuatro trofeos Cy Young, como el mejor serpentinero de la Liga Nacional, y 17 guantes de oro con esa espectacular manera de accionar sobre el campo de juego, cuya capacidad defensiva es una de las más efectivas en las últimas dos décadas, Greg Maddux tiene en con mapa en manos, todos los caminos que lo conducen a Cooperstown.

A sus 42 años y algunos meses adicionales de vida, con 350 victorias contra apenas 217 derrotas, algo que de por sí es una verdadera marca, y con 3.299 bateadores ponchados hasta ese sábado 10 de mayo, Maddux reúne todas las condiciones necesarias para resultar con el boleto a ganador camino al Salón de la Fama desde el mismo momento en que su nombre aparezca en los listados de elegibles.

El texano muestra de por vida un registro de 3.12 carreras limpias por juego, después de 4.864 episodios lanzados, con 4.572 imparables permitidos, incluyendo 337 cuadrangulares, 977 bases por bolas otorgadas y apenas 131 bateadores golpeados por sus lanzamientos, con 1.685 carreras limpias permitidas de las 1.899 que le han fabricado.

Como si fuese poco, Maddux tiene 35 partidos en los que ha salido desde la lomita blanqueando a sus rivales, con 109 partidos completos laborados, en 719 encuentros en donde ha participado, y muchos nos preguntamos, hasta dónde podrá llegar su presencia en los diamantes y hasta cuándo él decidirá permanecer en la actividad, porque si bien es cierto que los años seguramente ya le pesan, nadie puede imaginar en sacarlo por la puerta de atrás, a un hombre que cimentó a base de sacrificios, de mucho trabajo y de gran pundonor deportivo, este tiquete que le abre las puertas para llegar a la ciudad de la inmortalidad, cuyo nombre jamás podrá ser borrado de los anales de la historia y de las hazañas del béisbol.

Greg Maddux es, sin duda alguna uno, de los más cotizados serpentineros de la pelota de las mayores, sobre el final del siglo XX y comienzos del XX1, y muy pocos tendrán la opción de acumular tantas cifras altamente calificadas, en materia de numeritos para un lanzador de la talla, la tranquilidad y el aplomo del astro de las serpentinas que se aproxima, por la puerta grande, a esculpir su nombre como grande entre los grandes.

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