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Un triple out de sensación y un 'no hit no run' en Boston

La jugada del triple out no es tan común y corriente y el ser facturada por un solo pelotero, pues mucho menos
ha podido conseguir fabricar dicha acción, en medio de estado atónito y de sorpresa de los rivales que lo permiten, y con el delirante aplauso de la afición que concurre al parque de pelota en donde se desarrolla la jugada, en el momento menos esperado, y quizás, sobre lo cual nadie está pensando a la hora de la verdad.

El triple out o triple matanza, no es otra cosa que mediante la acción de una jugada a la defensiva, se producen los tres outs del episodio, por lo regular con la intervención al campo de por lo menos dos peloteros, e igualmente, con por lo menos dos jugadores en acción sobre las almohadillas del equipo que está al ataque.

Pero que un solo pelotero consiga fabricar la triple acción del out, es una rareza, pero adicionalmente, es una fantasía a la defensiva que, sin duda alguna, ayudada por la manera en que se desplazan los corredores sobre las almohadillas, en plan ofensivo, permiten que hecho se consuma en fracciones de segundos. Es decir, en otras palabras, en un abrir y cerrar de ojos.

El sin par Tommy LaSorda, el estratega de muchos años y con mucho acierto con los Dodgers de Los Ángeles y después, el único técnico que le ha dado a Estados Unidos una medalla de oro en béisbol en Juegos Olímpicos, derrotando al casi imbatible equipo de Cuba, siempre ha sostenido que “en el béisbol, todo lo que está dentro del juego, se pueda dar en el momento menos esperado”.

Pues ni más ni menos, eso fue lo que ocurrió el pasado 12 de mayo, de este año, cuando el recamarero de los Indios de Cleveland, el venezolano Asdrúbal Cabrera, en el propio diamante de su novena, consiguió la décima cuarta acción de fabricar un triple out en la centenaria historia de las Grandes Ligas, él solo, solito, sin la ayuda de nadie, algo todavía más complicado y difícil, cuando su equipo jugaba contra los Azulejos de Toronto, en el segundo compromiso de una doble cartelera, en donde por cierto, los muchachos canadienses resultaron, con una victoria y una derrota, ambos tableros a favor y en contra, por 3 carreras a 0.

Con apenas un año de estar en la nómina grande de la tribu, el venezolano Cabrera, nativo de Puerto La Cruz, atrapó un batazo de línea, casi a ras de piso, que despachó en la apertura el quinto episodio y con dos compañeros en circulación, Lyle Overbay, que pedía camino libre hacia el bosque central.

Kevin Mench y Marco Scutaro lograron despachar incogibles frente a las ofertas del hasta entonces invicto lanzador indígena, Cliff Lee, en esa entrada, antes de que Overbay consumiera su turno. Overbay conectó sólido el lanzamiento de Lee, y era tanta la potencia del batazo, que Mench, quien se encontraba en la intermedia, y Scutaro que se hallaba en la inicial, se habían desplazado raudamente hacia las siguientes bases, en procura de alcanzar el mayor número de almohadillas posibles con el tablazo de Lyle.

Magistralmente, Cabrera se lanzó de cabeza en busca de la pelota y la atrapó apenas a pocos centímetros del césped del diamante, capturándola de manera espectacular, cuando ciertamente nadie lo esperaba.

El guardabases venezolano, luego de engarzarla, no titubeó un solo instante, y en vez de enviársela al paracortos para que completara la jugada a la defensiva, velozmente se levantó del terreno, piso el segundo saco, para fabricar el segundo out, pues Mench ya estaba anclado en la tercera base, y seguidamente, tocar a Scutaro, su compatriota al servicio de los Azulejos, quien precisamente había superado el segundo cojín y se encaminaba hacia la “esquina caliente”, pensando equivocadamente que el tablazo de Overbay no había sido atrapada, y que caminaba hacia el bosque central. Allí produjo el tercer out, y la hazaña del triple out o triple matanza, sin asistencia de ninguna naturaleza.

Eso no se da todos los días, en los estadios de las Grandes Ligas. No es una jugada del común y corriente, como ya lo habíamos advertido. Y por eso, su significado y lo que representa para los anales de la pelota organizada.

Esa acción del venezolano Cabrera, quien apenas está sobre los 23 años de edad, es la décima cuarta en toda la historia de las mayores, y es una lástima que la excelente jugada defensiva, apenas hubiese sido presenciada por 16.045 que se encontraban sentados en las graderías del Jacobs Field, el estadio de los Indios de Cleveland.
Observando las estadísticas de las mayores, el primer pelotero en conseguir un triple out sin asistencia, fue precisamente un pelotero de los Indios. Eso ocurrió en 1909, logrado por Neal Ball, quien lo consiguió en su calidad de paracortos de la tribu, en un partido regular de la temporada. En otras palabras, eso fue hace 99 años.

Empero, Bill Wambsganss, segunda base también de los Indios de Cleveland, consiguió lo que hasta ahora es el único triple out en una Serie Mundial, en el quinto desafío de su novena contra Dodgers Brooklyn, en la Cita de Otoño de 1920.

Por lo que la hazaña del venezolano Cabrera lo inscribe en el tercer pelotero de la tribu en conseguir un triple out en la historia de las Grandes Ligas, sin asistencia.
Señalemos también que el recamarero Randy Velarde, de los Atléticos de Oakland, fue el último que consiguió la espectacular jugada en la Liga Americana, el 29 de mayo del 2000, contra los Yanquis de Nueva York, que fue la última del pasado siglo en la historia de la Gran Carpa.
Finalmente, el penúltimo pelotero en conseguir esa espectacular acción defensiva del béisbol de las Grandes Ligas, fue Troy Tulowitzi, el torpedero de los Rockies de Colorado, cuando la fabricó en una acción efectuada el 29 de abril de 2007, frente a los Bravos de Atlanta, ya en este Tercer Milenio.

El triunfal regreso de Lester

Y otra marca para tener en cuenta, que se inscribe en la campaña de este 2008, estuvo a cargo del siniestro serpentinero Jon Lester.

Lester, el lanzador zurdo novato de los Medias Rojas de Boston, eclipsó a los envalentonados Reales de Kansas City, en la noche del lunes 19 de mayo en el Fenway Park, para colgarles los nueve ceros consecutivos, y dejar un partido sin imparables de ni carreras, algo que en el argot beisbolero se conoce como “un no hit no run”, guiando a los “patirrojos” a una victoria de 7 carreras por 0.

Lester, con menos de 24 años de edad y luego de superar un cáncer hace muy poco tiempo, volvió a la rotación de los Medias Rojas en este 2008, y ofreció un verdadero concierton serpentinas, algo fría pero caliente sobre el diamante de juego, enfrentando a 29 hombres en el compromiso, otorgando apenas 2 bases por bolas y liquidando a 9 bateadores por la vía del ponche.

En los nueve capítulos en que laboró, Lester utilizó 130 lanzamientos para imponer el registro, convirtiéndose en el décimo octavo lanzador de los Medias Rojas de Boston, en toda la historia, en conseguir una victoria de esta manera.

Los 37.746 aficionados que colmaban el Fenway Park le tributaron una prolongada ovación cuando colgó el último out, precisamente con un ponche, y pocos segundos después, Lester recibió un prolongado y emocionado abrazo de su técnico, Terry Francona, a quien se le escurrieron las lágrimas, en medio de la algarabía y del entusiasmo de todos sus compañeros de equipo, que celebraron con gran espíritu deportivo la victoria, el retorno de Jon y su capacidad de juego, tras la penosa enfermedad que pudo superar rápidamente.
Antonio Andraus Burgos / Especial para arcotriunfal.com, 21 de mayo de 2008

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