Uno nunca terminará de conocer las cosas del béisbol, especialmente en materia de estadísticas, marcas, nuevos ídolos, más héroes de carne y hueso.
Omar Vizquel, el venezolano que ahora es dueño de la marca para un paracortos con el mayor número de partidos jugados en esa posición en toda la historia del béisbol de las Grandes Ligas, superó en el registro a su compatriota y miembro del Salón de la Fama, Luis Aparicio.
Y Ken Griffey Jr., otra de las figuras de la nueva era del béisbol de las mayores, está en el camino de poder mejorar el guarismo de 609 cuadrangulares que está en el bate del dominicano Sammy Sosa, y quedarse en el quinto peldaño de los mejores jonroneros de todos los tiempos en el Rey de los Deportes.
Randy Johnson, el astro lanzador siniestro de los Cascabeles de Arizona, se trepó a la segunda casilla en la tabla de los mejores serpentineros con más ponches propinados de todos los tiempos, al superar a Roger Clemens, quien hasta hace poco contabilizaba 4.672 bateadores abanicados y él compila, al día en que escribimos esta nota, 4.680 liquidados por la vía de los buenos lanzamientos, colocando el 4.673 cuando dominó a Mike Cameron, de los Cerveceros de Milwaukee. Por encima de Johnson está el más grande, el derecho Nolan Ryan, quien tiene un registro de 5.714 ponches propinados, durante una larga carrera de 27 años en las mayores. Rnady lleva dos décadas en las actividades de la Gran Carpa.
Y, Manny Ramírez, un jugador modesto, humilde, que raya quizás en su manera de ser a comportarse como un hombre introvertido, tímido hasta más no poder, poco dado a hablar con los periodistas, acaba de instalarse entre los primeros integrantes de apenas dos docenas de peloteros, en más de un siglo de actividades, de sacar de los estadios beisboleros 500 o más batazos de circuito completo, en su brillante e inobjetable carrera en la Gran Carpa, completa el trío de personajes en el béisbol en las mayores que en los últimos días han dado de qué hablar en la pelota organizada.
Nació un 30 de mayo de 1972. Y despachó su cuadrangular número 500 en su brillante carrera profesional, un 31 de mayo de 2008, ni más ni menos que a los 36 años y un día de edad. Y con sus 1.83 metros de estatura y sus 200 libras promedio de peso, Manny Ramírez empezó a empujar la estrella que luminosamente lo llevará, por el camino de la fama y quizás más temprano que tarde, al Salón de la Fama.
De aquella Santo Domingo de su breves días de infancia, poco queda, porque sus al rededores fueron el Alto Manhattan, en Nueva York, en donde rubricó la senda que lo llevaría un poco más adelante, a la pelota de las Grandes Ligas, en una novena en donde, a codazos, si vale la expresión, tuvo que hacerse dueño de su puesto, primero como guardabosques, y más tarde, como el sólido jonronero que lo tiene camino a la gloria.
Despreciado por muchos, porque su manera de ser no le permite la querencia de todos, pero persona llena de cualidades y talento, paso a paso fue construyendo, con una arcilla de alto quilate, la estructura que le han permitido llevar sobre sus hombres, buena parte de la responsabilidad como hombre de lucha dentro de los diamantes, y como pelotero que juega el béisbol, porque le gusta, le place, le divierte y lo hace feliz, y además, millonario!
Fue en los Indios de Cleveland en donde apareció por primera vez en una alineación de las mayores, aquel 2 de septiembre de 1993, y desde entonces ha probado, con suficiente capacidad de juego y hasta la saciedad, que es un pelotero cuya grandeza no puede compararse con la ahora larga y trenzada cabellera, sino con los fríos numeritos que, en su vasta y ya larga compilación, lo elevan al altar de los codiciados latinos, que apuntalan su camino hacia un nicho en Cooperstown.
Todo para decirles que Manny Ramírez se convirtió, desde el pasado 31 de mayo, en el vigésimo cuarto jugador de las Grandes Ligas en llegar a la cifra mágica de 500 o más “bambinazos” en las toldas de las mayores, y que es, además, el cuarto latinoamericano en alcanzar ese número de tablazos de circuito completo, cuando hasta hace muy poco tiempo, se creía que esa era una suma de cuadrangulares difícilmente acumulable, y aun más difícil, superarla.
Sammy Sosa, el “bambino del Caribe” como le dice la crítica dominicana; el cubano Rafael Palmeiro, el estadounidensedominicano, Alex Rodríguez y Manny Ramírez, son hasta el día de hoy, los únicos latinos en haber cosechado los mieles del triunfo y la gloria en la dura competencia de los vuelacercas de las mayores, en medio de una constelación de estrellas inolvidables como Babe Ruth, Hank Aaron, Willie mays, Barry Bonds, Ken Griffey Jr., cuya capacidad competitiva le permitirán en horas superar el registro de los 600 “bambinazos”, pues está en barrera para dar el último salto para obtener ese guarismo; Frank Robinson, Harmon Killebrew, Reggie Jackson, Mickey Mantle, Jimmie Fox, Willie Mc Covey, Ted Williams, Ernie Banks, Mell Ott y Eddie Murray, para apenas citar a unos pocos de los que le antecedieron a Manny en la conquista de esa cifra de cuadrangulares.
Y de los activos, que siguen pegando batazos de circuito completo, además de Ken Griffey Jr., Alex Rodríguez, Frank Thomas y Jim Thome, todos habiendo superado la marca de los 500 tablazos de vuelta entera, le vienen pisando los talones a Manny, Gary Sheffield, de los Tigres de Detroit, con 483, y Carlos Delgado, el boricua primera base de los Mets de Nueva York, con 439 jonrones.
En la mira inmediata de Manny Ramírez, para superarlos en este departamento de batazos de cirucito completo, están Eddie Murray, quien tiene 504; Mell Ott, con 511; Eddie Mathews y Ernie Banks, ambos con 512 tablazos; y Ted Williams y Willie McCovey, con 521 jonrones cada uno de ellos.
El cuadrangular de Manny Ramírez fue frente a una oferta del derecho Chad Bradford, de los Orioles, ante 48.281 espectadores cómodamente sentados en el “Camden Park” de Baltimore, ese sábado 31 de mayo de 2008, sobre un lanzamiento en forma de bola submarina, que pedía camino para llegar exactamente al centro del pentágono, cuando el bate del dominicano se estrelló contra la esférica para enviarla a terrenos de nadie, por encima de la barda que custodia los bosques derecho y central del parque de pelota, en ese séptimo episodio del juego, con dos outs colgados en la pizarra y con el primer envío del lanzador rival, que venía a un poco más de 128 kilómetros por hora.
Manny se quedó mirando algunos segundos la trayectoria de la pelota antes de soltar su bate y de iniciar el recorrido glorioso sobre las bases, para marcar su cuadrangular 500 de su carrera profesional, jugando con el uniforme de los Indios de Cleveland, entre 1993 y el 2000, y desde el 2001 hasta la fecha, con el bombacho de los Medias Rojas de Boston.
Y entonces, el estadio, que no era ocupado por sus aficionados que tanto lo siguen, y en muchas ocasiones lo critican en el “Fenway Park”, de Boston, lo aclamaron con un aplauso que se prolongó por espacio de varios minutos, ante el ferviente entusiasmo de sus compañeros de equipo, todos sin excepción, pero de manera especial las de David Ortiz y de Julio Lugo, quienes sentados en el mismo borde del banco de juego, estaban esperando ese momento desde dos días antes de que se produjera el inmortal batazo para su compañero de divisa, quien había roto un ayuno de cinco desafíos sin cuadrangulares, para despachar el 499 en el segundo encuentro de la serie de su equipo en plan de visitantes, ante los Marineros de Seattle.
Su máximo registro en cuadrangulares en una campaña los ha señalado Manny en los años de 1995, con los Indios, cuando envió 45 pelotas para la calle, y otras 45 más, con los Medias Rojas de Boston, en la temporada del 2005, después de que en su primera jornada en las mayores, con apenas 17 encuentros en donde participó en 1993, apenas despachó 2 jonrones.
Manny Ramírez supo desde el mismo comienzo de su carrera en las mayores, que el llegar a la Gran Carpa era quizás fácil. Pero que lo más difícil y tal vez complicado, es quedarse, y quedarse como dueño de una casilla titular en cualquiera novena de las Grandes Ligas, porque por cada posición en que un pelotero se encuentra ubicado, hay 100 más en busca de una oportunidad para adueñarse del trabajo en esa misma nómina.
Este dominicano tiene, al momento en que llega a la cúspide de los más grandes vuelacercas de todos los tiempos, guarismos impresionantes entre los latinos que han alcanzado la oportunidad de jugar en las Grandes Ligas, y desde luego, de todos los peloteros que han pasado por sus registros, durante algo más de 100 años.
Detengámonos un poco en esas frías pero concluyentes cifras. 2.268 imparables conectados, en donde se incluyen 484 dobletes, 18 triples y desde luego, los 500 “bambinazos”, para un promedio de por vida a la ofensiva, de 312 puntos. Y, además, 1.693 carreras impulsadas y 1.375 anotadas; con 1.149 bases por bolas negociadas y 1.593 ponches recibidos, en 7.264 turnos al bate consumidos, en 2.004 partidos jugados en las mayores.
Con 83 indiscutibles más que conecte Manny, habrá superado a Orlando “Peruchín” Cepeda, el boricua que está ocupando la casilla número doce, entre todos los latinos que han llegado a las mayores, y que ya es miembro del Salón de la Fama. Es el cuarto mejor jonronero de todos los tiempos entre los latinos, apenas por debajo de Sammy Sosa, Rafael Palmeiro y Alex Rodríguez. Y es también cuarto entre los jugadores que más carreras han impulsado entre los latinos, con sus 1.639 rayitas empujadas, por debajo de Palmeiro, Sosa y Tany Pérez, otro ocupante de un nicho en el salón de los inmortales.
La tenacidad en su trabajo, su manera profesional de asumir la responsabilidad, su constante entusiasmo por el juego del béisbol, su frialdad para enfrentar los momentos difíciles a la ofensiva, y su tranquilidad, para gozar los momentos inolvidables de su carrera, hacen de Manny Ramírez esa clase de peloteros que parece que no son mucho, pero que a la hora de la verdad, su grandeza opaca cualquier manera crítica de lo que haga mal a la defensiva o mal a la ofensiva, porque hace la atrapada en el momento preciso para salvar un compromiso y pega el batazo que necesita su novena, para conquistar una victoria contundente y decisiva, en el turno que todos esperan.
Su imagen, que no ha contado con la publicidad y el apoyo que su labor se merece, posiblemente por esa forma de ser de él, esquiva, fría, calculadora, de pocas palabras y de pocos amigos, pero con dos anillos de Serie Mundial en sus dedos, con más de una presencia en Juegos de Estrellas, y con una corona de ser el Más Valioso de una Serie Mundial, Manny Ramírez se ha catapultado camino al Salón de los Inmortales.
Por eso cuando se le preguntó si ahora esperaba llegar a los 600 cuadrangulares, sonrientemente dijo que eso era probable. Pero soltó una perla para que jamás sea olvidado, cuando lo indagaron sobre si era probable llegar a los 700 “bambinazos”, y entonces fue más emotiva y tal vez lapidaria su respuesta:
“El cielo es el límite”.
En poquísimas palabras, como bien se aprecia, si alguien podía responder mejor, que lo busquen, porque nosotros ciertamente no lo hemos encontrado hasta el momento. Y eso que Manny no habla con la fluidez que muchos otros peloteros lo hacen con la prensa, la radio y la televisión.
Antonio Andraus Burgos / Especial para arcotriunfal.com, 5 de junio de 2008