Los aficionados y los directivos de las novenas especialmente de las Grandes Ligas, hacen cábalas, suman y restan victorias y derrotas, hablan bien o mal sobre lo que sucede en cada equipo, desde luego, el de su preferencia; para bien o para mal, es lo que hace de la crítica deportiva, desde luego desde el punto de vista constructivo, que la rivalidad deportiva sea eso, deportiva y nada más, pero en el caso del béisbol, los clubes se mantienen día a día, juego por juego, temporada tras temporada, analizando las formas y los mecanismos que les permitan a sus divisas ir siempre adelante, en procura de hacer lo mejor en cada año de competencia.
Empero, no todas las veces se acierta, a pesar de las buenas intenciones con que se hacen los cambios, en las firmas de los peloteros, en la contratación de los asesores técnicos, en la vinculación de instructores de primera línea, pero sobre todo, en el reclutamiento del estratega, el técnico general o el hombre nombrado para guiar con su habilidad, experiencia y bajo su conducción y responsabilidad, y llevar a “puerto seguro” al equipo. Es un cargo de tanta importancia, que sobre él, sobre este técnico o piloto del club, caen “rayos y centellas” no solo de los directivos sino de los propios aficionados seguidores de la novena, cuando las cosas no resultan bien con los guarismos de ganados y perdidos en la tabla de posiciones.
Pero pocos se preguntan, a la hora de la verdad, ¿Y son acaso que los estrategas juegan? ¿Acaso son ellos los responsables de los errores físicos y de muchos mentales que se producen en cada desafío? ¿Son ellos los que hacen los lanzamientos para los bateadores rivales en los momentos más dramáticos del compromiso? ¿O son ellos quienes se ponchan, corren mal las bases, pierden la señal en la jugada que puede hacer ganar o perder un partido, o se aventuran a desarrollar por iniciativa propia algo que no ha sido ordenado?
Por encima de todo, en el béisbol, como en cualquiera otra actividad deportiva, siempre habrá un ganador y un perdedor; de lo contrario no sería juego, no habría competencia deportiva sana, abierta, con días buenos o malos, con errores que hacen parte de la propia actividad humana en cualquier frente en donde se desempeñe. Es que errar es humano, lo divino no está en nuestras manos…
Y si no hay que preguntarle a Fredi González, el técnico de los Marlins de la Florida, quien con una combinación de algunos veteranos y novatos ha estructurado de tal manera al equipo, que está dejando con la boca abierta a más de un entendido, por los menos hasta dónde va la temporada de este mes de junio.
González ciertamente carece de estrellas rutilantes para haber conseguido el favoritismo antes de iniciarse la campaña, de si su novena por lo menos podría abandonar el sótano en la división Este de la Liga Nacional, pero los resultados que está dejando son por demás de meritorios, y mucho nos tememos que con los actuales numeritos, que mantiene a flote a la divisa, pensar con mucha seriedad en la postemporada no es de locos. No por lo menos hasta el momento.
Los Marlins, por cierto, una divisa de menos de dos décadas en las actividades de las mayores, ya acumula par de títulos en Series Mundiales, precisamente llegando a la postemporada cuando nadie creía en ellos, para ganar la primera corona de la Cita de Otoño en 1997, frente a los Indios de Cleveland; y la segunda, jugando nada más y nada menos que frente a los Yanquis de Nueva York, en el 2003.
Y ni que decir de las Rayas de Tampa, cuyo técnico, Joe Maddon, con una tranquilidad que muchos pilotos envidian, ha conformado un club ganador que, como en muy pocas ocasiones anteriores, se ha mantenido en los primeros lugares de la división Este de la Liga Americana, dando todo de sí para alegría de los aficionados que ahora se dan cita, en cada jornada, para llenar el cubierto parque de pelota Tropical, fabricando, de paso, una afición propia, que ya incluye a una buena dosis de juventud, que llegan al estadio debidamente uniformados y dispuestos a apoyar fervorosamente al club.
Por lo menos, este 2008, tiene una buena cara para los Rayas, y lo más seguro es que no ocupará el frío sótano de la tabla de posiciones de su división, que tiene más aciertos que desaciertos para ir pensando en algo bueno hacia la fase final de la campaña, si las cosas siguen al ritmo impuesto hasta el momento, y lo que es mejor, con el apoyo casi que incondicional de una afición nueva, en una zona de los Estados Unidos en donde no había pelota profesional, que ahora acude en masa para presenciar los desafíos del equipo.
Han sido esos dos equipos de la Florida la grata sorpresa de este año, por lo menos hasta donde se ha jugado la jornada. Qué pasará de aquí en adelante, no lo sabemos. Pero seguramente que ellos, los Marlins y las Rayas, están dispuestos a seguir de boca en boca, como novenas ahora a derrotar, sin que sus rivales lo puedan hacer con tanta facilidad como aparentemente lo hacían antes.
Bueno, y por la misma ruta están Ozzie Guillén, el piloto de los Medias Blancas de Chicago, en la división Central de la Liga Americana, y Lou Piniella, el conductor de los Cachorros de Chicago, también en la zona Central pero de la Liga Nacional, encaminados, hasta ahora, por lo menos para establecerse en los juegos de la postemporada, y por qué no, en manifiesta intenciones de llegar a la Serie Mundial del 2008.
En cambio, Joe Girardi, el conductor de los Yanquis de Nueva York, estrenándose en el cargo con esta temporada, y un hombre de béisbol por todos los poros, debe estar pensando seriamente en que su punto débil es el cuerpo de lanzadores, especialmente en la nómina que tiene en el plan de abridores, que ahora se le va a complicar más con la lesión de Chien-Ming Wang, cuya ausencia obligada en momentos en que está levantando cabeza la novena, deja un espacio muy grande para rescatar o sustituir de un día para otro, lo que representa el taiwanés desde la loma de los suspiros.
No se necesita de un profundo análisis para percatarse, desde cualquier ángulo por donde se le mire, que a los Yanquis le hacen falta par de excelentes abridores y de que su ofensiva vuelva a tomar la normalidad con el uso del bate, para que el equipo enfrente con el talento y la calidad de siempre, lo que resta de la campaña, para intentar romper el ayuno a que están sometidos desde el año 2001, en materia de Series Mundiales.
El camino que han tomado en las últimas actuaciones, frente a los Astros de Houston y los Padres de San Diego, era lo que estaban anhelando los seguidores de los Yanquis, para volver a ver a la novena en clara competencia de la división Este de la Liga Americana, antes de que sea demasiado tarde, pero no como jugó el equipo frente a los Rojos de Cincinnati.
Otra cosa es lo de Willie Randolph, el estratega de los Mets de Nueva York, quien acaba de ser despedido como conductor de la novena ante, en una controvertida decisión en donde ha participado Raymundo y todo el mundo, no solo por lo poco que ha rendido el equipo hasta el momento en que salió como técnico, sino por la final fatal que tuvo el club en las tres últimas semanas del pasado año, cuando estando con 7 juegos de ventaja en el primer lugar de su división, faltando apenas 18 compromisos para terminar el calendario regular y pasar a la postemporada, los Mets no estuvieron presentes en ese hervor final de la contienda, en algo que todavía sigue siendo inexplicable, pero que de todas maneras fue cierto.
Randolph no encontró el mecanismo que le permitiera responder con creces la confianza que le otorgaron las directivas de la novena, con una plantilla digna de ofrecer una lucha más estrecha, quizás con visos de poder llegar a una Serie Mundial, algo que lentamente se fue desvaneciendo no solo en el 2007, sino que se está escapando en el 2008, cuando se esperaba mucho más en esta temporada, con el arribo del zurdo y estrella de Venezuela, Johan Santana, procedente de los Mellizos de Minnesota.
Los Mets han estado por debajo de la normal en su ofensiva, y sus pecados a la defensiva han sido en su mayoría costosos, por lo que Willie, que dejó de jugar hace muchos años, cargó con los “platos rotos” y fue licenciado por el gerente general, el dominicano Omar Minaya, para dejar en calidad de conductor encargado al veterano Jerry Manuel.
¿Hasta dónde le cabe la responsabilidad del bajo rendimiento del equipo a Randolph? Quizás muy poco tiene que ver con esa parte de la estructura de la novena, cuando todos son, sin excepción alguna, profesionales a carta cabal, que se entregan por el juego y que defienden con ahínco el bombacho que lucen, y que durante el trayecto de esta temporada el rendimiento ha estado por debajo de la línea regular de las actuaciones de cada uno de ellos.
Y en esa misma nivelación, por supuesto, en la contabilización de más derrotas que victorias, cayeron los orientadores de los Azulejos de Toronto, John Gibbons y John McLaren, el de los Marineros de Seattle, cuando la campaña no ha llegado siquiera a la mitad del calendario. Es que ganar es una exigencia para los propietarios y para los aficionados, o por lo menos, hacer que las novenas sean realmente competitivas.
Para citar un caso que ha causado muchas polémicas en los últimos días, es la responsabilidad que pueda tener Bruce Bochy, el técnico de los Gigantes de San Francisco, con la complicada y desastrosa actuación que ha tenido el zurdo Barry Zito, un lanzador de altos quilates, que de la noche a la mañana como por arte de magia perdió la línea ganadora, que traía de manera amplia y categórica de los Atléticos de Oakland, hasta el punto que no ha compilado, hasta el momento de escribir estas líneas, siquiera tres victorias a su favor, contra casi una docena de derrotas.
Algo le debe estar pasando a Barry, desde luego, nos referimos a Zito y no a Bonds, pero su trabajo no ha sido lo consistente y profundo a los cuales nos tenía acostumbrados el hombre de brazo equivocado, que ha lucido sinceramente decepcionante, por decir lo menos.
Sin embargo, ciertamente, lo de los técnicos no ocurre solamente en el béisbol. También es normal en todas las manifestaciones deportivas. Los estrategas son contratados para hacer ganar a los equipos, como si no existieran los perdedores; y si no pueden alcanzar el objetivo, desde luego, le pasa lo que a Willie Randolph, para apenas citar lo más sonado y comentado de esta semana en la Gran Carpa, pero sin olvidar a Gibbons y a McLaren.