Yo no sé si comparar a Giovanny Moreno (Segovia, Antioquia, 1986) con el brasileño Rivaldo sea un delito. A lo mejor lo sea porque aquí todos somos culpables. Pero lo cierto es que uno en el fútbol tiene que comparar con los que saben o al menos con los que suenan. Le digo al paisa que se parece al brasileño no para halagarlo, sino para que intente jugar así. Sería una delicia. Y puede.
Rivaldo (Balón de Oro en 1999) juega –todavía lo hace en el AEK Atenas- de extremo izquierdo, Moreno lo hace de media punta izquierdo. El primero tiene gran habilidad en el regate y potente remate, el segundo remata de media y larga distancia. Hay uno que tiene técnica exquisita, hay otro que cambia de ritmo. No son como el agua y el aceite, pero si son agua de distinto río.
El brasileño es un especialista en el lanzamiento de faltas y penaltis, el colombiano tiene buenas ejecuciones de balones en tiros libres. Rivaldo es uno de los mejores futbolistas brasileños de toda la historia, Moreno todavía nadie los conoce. Uno tiene títulos, el otro una gran transferencia. ¿Y?
La noticia de que Atlético Nacional pagó al Envigado más de US 2 millones por Moreno llegó a todos los hinchas del fútbol. ‘Que no vale eso’, ‘que es un muchacho que no ha jugado con los grandes’, ‘juega bien, pero le falta ‘cédula’ para ser un crack’, en fin, palabras que acaloran.
Yo que lo he visto, Moreno le gusta la pelota, puede con esas largas piernas tener un regate, le sabe pegar al balón –algo que hoy nadie lo hace-, disfrutar los goles, hace pases precisos, tiene velocidad mental y le imprime su sello a cada jugada. El problema es su precio: no vale tanto.
John Edison Castaño (Selección Colombia Juvenil 1985) sí jugaba al fútbol. Tenía un aire a Lionel Messi que todo el mundo admiraba, pero terminó sumido en el olvido. Giovanny Hernández, por quien pagaron una vez un millón de dólares, terminó siendo una promesa que juega cuando quiere, cuando le nace.
Moreno tiene la particularidad de llegar a un equipo que tiene chequera abierta y sabe de transacciones. A lo mejor el próximo año ni esté con los verdes y a él no le importa porque cuando fue a probarse allí no lo admitieron. ¿Quién sería ese entrenador? Pero mientras esté que juegue como cuando jugaba en Segovia: sin pensar en el resultado, sin olvidar la pelota, acordándose de su mamá.
Acaba de cumplir los 22 años y ha dejado de crecer. Mide 1,90 metros y pesa 78 kilos. Rivaldo se acercaba a esas cifras y fue un fenómeno. Moreno tiene que olvidar su costo y jugar al balón, a lo que sabe. Hace unos días Santa Fe le metió 5 goles al Nacional. Moreno estuvo allí, y sintió la derrota. A eso lo trajeron, a que evite hecatombes como la del domingo, así sean inevitable. Que lo intente. Valdrá oro.