Quizás la propia velocista caucana, Norfalia Carabalí, no lo recuerda ya. En un día como hoy, el 24 de septiembre de 1988, en desarrollos de los Juegos Olímpicos de Seúl, Corea, la gacela criolla logró clasificarse entre las 16 mujeres más veloces del mundo, para disputar la fase semi-final de los 400 metros planos.
En su respectiva serie, la colombiana se ubicó en la tercera posición, con tiempo de 51 segundos y 76 centésimas, siendo superada por Petra Mueller de República Democrática Alemana y Marita Payne del Canadá. La vencedora estableció un registro de 51 segundos y 45 centésimas.
Al lograr llegar a la semi-final, Norfalia cumplió con el programa establecido desde Bogotá, antes del viaje. Su tiempo personal, dos décadas atrás, era de 51 segundos y 70 centésimas, fijado un año antes -1987- en desarrollo de los Campeonatos Centroamericanos y del Caribe, con sede en Caracas.
Dos días más tarde, la velocista nacida en Santander de Quilichao, Cauca, llegó en el octavo puesto de su serie, con tiempo de 52 segundos y 65 centésimas, lejos de su mejor guarismo personal. La vendedora -en su serie- fue la campeona mundial Olga Bryzguina de la Unión Soviética, quien paró los cronómetros en 49 segundos y 33 centésimas.
Norfalia Carabalí, al final de cuentas en el puesto 16 del escalafón mundial de los 400 metros lisos, pasó a la historia de los Juegos Olímpicos, como la primera atleta nacional en alcanzar la honrosa fase semi-final de una prueba de atletismo.
Cuatro años más tarde -en Barcelona 1992- la antioqueña Ximena Restrepo se cubrió de gloria al ganar la presea de bronce en la misma competencia.