La afición al automovilismo del Brasil sigue sin reponerse del duro golpe deportivo experimentado el domingo anterior, cuando en su propio campo, el británico Lewis Hamilton arrebató el título mundial de la Fórmula-1 al local, Felipe Massa, en una de las finales más emotivas en la historia de esta carrera, desde su primera versión en 1950, cuando se impuso el italiano Giuseppe ‘Nino’ Farina, al comando de un Alfa Romeo 158-Alfetta.
Con 23 años, nueves meses y 27 días, Hamilton pasó a figurar como el piloto más joven en ganar la categoría más importante del automovilismo mundial. Fernando Alonso era, hasta ayer, el campeón más joven, con 24 años. Igualmente Hamilton pasó a ser el primer piloto de raza negra en alcanzar la cumbre de la Fórmula-1 y terminó con una sequía de doce años para Inglaterra, pues el último gran triunfo se remonta a 1996, cuando se impuso Damon Hill, piloteando un Williams FW-18 Renault. Hill cortó en aquella época, una raya victoriosa del alemán Michael Schumacher, campeón en las temporadas de 1994 y 1995.
En esta ocasión, con Felipe Masa, el Brasil perdió una brillante oportunidad para reverdecer los triunfos del trágicamente fallecido,
Ayrton Senna. El último éxito brasileño en la Fórmula-1 fue en 1991, precisamente con Senna, al mando de un bólido de Mc-Laren Mercedes MP-4/6 Honda.
Cuando ya la multitud en el autódromo de Interlagos, algo más de 60.000 espectadores, explotaban de gozo por el triunfo de su paisano Felipe Massa, ganador de la última carrera válida del año, a poco menos de 500 metros de la raya final, el británico Lewis Hamilton, con el último aliento del motor de su Mc-Laren Mercedes, logró superar al alemán Timo Glock de Toyota, quien cuando se presentó la lluvia (en las tres vueltas finales del circuito) no cambio de llantas para piso húmedo.
Después diría el piloto germano:
La decisión quedó en mis manos. Ellos (los de Mc-Laren) trabajaron bien durante todo el año y Hamilton llevaba buena ventaja sobre Massa.
Restaría sólo preguntar: ¿efectivamente la potencia del vehículo Mc-Laren de Hamilton superó al Toyota de Timo Glock -con todo y el ‘problema’ de no tener llantas para el piso lizo por la lluvia- o se presentó una ‘solidaridad de continente’ en los instantes finales, para propiciar el triunfo de un piloto europeo frente a un suramericano?
Un interrogante, como tantos otros a nivel mundial, en diversos órdenes, que jamás tendrá la respuesta exacta, cierta, ajustada a la realidad.