Un sabor agridulce, a decir verdad, dejó la participación del equipo femenino de Colombia en el Campeonato Mundial Sub-17, con sede en Nueva Zelandia.
A decir verdad, se esperaba un poco más de las muchachas nacionales, quienes venían de alcanzar el título suramericano, pocos meses atrás. El primer partido, quizás el más difícil, frente a Dinamarca, concluyó con empate a un gol, después de estar en ventaja por la mínima diferencia. Una falla defensiva, concretamente de la portera colombiana, propició el tanto del empate danés.
Las cosas frente al conjunto de Canadá, partido que sobre el papel era más ‘fácil’ que frente a Dinamarca, a la postre concluyó con un nuevo empate, en esta ocasión logrado por Colombia, pues estuvo inicialmente perdiendo.
Por ello el partido frente al local, Nueva Zelanda se tornó crucial, máxime que el gol diferencia no era ‘el fuerte’ del combinado tricolor. Contra las dueñas de casa, Colombia desperdició ocasiones propicias de anotar, circunstancia que sí capitalizó el conjunto anfitrión, para irse en ventaja. El segundo gol de Nueva Zelanda se debió a un saque de meta increíblemente defectuoso en una jugadora con tanta ‘cancha’, como se dice en el medio deportivo. El descuento, para poner las cosas 1-2, abrió una efímera esperanza, pues Nueva Zelanda en jugada de contra-golpe, hizo la tercera diana.
Las pupilas del técnico Pedro Rodríguez empataron, precisamente, contra los dos equipos que pasaron a la siguiente fase del certamen por su grupo, Dinamarca y Canadá, que igualaron en la última jornada, a cero goles.
Tres goles a favor y cinco en contra, para un total de dos puntos. En otra ocasión será.