A propósito de los XVIII Juegos Atléticos Nacionales.
Pedro Grajales Escobar irrumpió victoriosamente en el panorama del atletismo colombiano en octubre de 1961. En el campeonato nacional de Manizales se alzó con el triunfo en las pruebas de 200 y 400 metros planos, competencias en las cuales el Valle del Cauca, con Leonel Pedroza, había ejercido total hegemonía en los últimos años.
El nombre de Grajales alcanzó jerarquía nacional el domingo 17 de mayo de 1964, cuando en cumplimiento del torneo departamental de atletismo de su región, batió la marca existente para los 400 metros planos, y que estaba, desde ocho años atrás, en poder del legendario Jaime Aparicio. En la pista del estadio Pascual Guerrero paró los cronómetros en 47 segundos 05 décimas. El mejor registro colombiano figuraba en la tabla con 47 segundos 06 décimas, impuesto por Aparicio en marzo de 1956 en el estadio de la Ciudad Universitaria de Bogotá, en prueba preparatoria para el Suramericano de Santiago de Chile.
Grajales, luego de representar a Colombia en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, (también estuvo en México 1968) integró un año después la reducida delegación nacional a los festivales atléticos ‘Luis Gálvez Chipoco’ y ‘Pierre de Coubertin’ con sede en Buenos Aires. Alvaro Mejía, Dagoberto González, Hernando Arrechea y Pedro Grajales alcanzaron una victoria sin paralelo en los anales del atletismo criollo. Pedro, en los 400 metros planos logró la presea de oro, luego de superar a los velocistas norteamericanos Charles Strong y Carl Young.
En la segunda quincena del mes de noviembre de 1965, en los V Juegos Bolivarianos con sede en Quito, Ecuador, Grajales Escobar fue catalogado unánimemente como el mejor atleta del certamen. Con nuevo registro colombiano y bolivariano, ganó las competencias de 200 y 400 metros planos, además de hacer parte, en el último relevo, de las postas ganadoras de los 4 x 100 y 4 X 400 metros.
Pero lo mejor estaba por suceder: el sábado 7 de octubre de 1967 se inauguró en el estadio municipal del parque Chacabuco de Buenos Aires, Argentina, el XIV Campeonato Suramericano de Atletismo para damas y el XXIV para varones. Nuestro país se hizo presente con una nómina de lujo, muchos de ellos glorias del deporte criollo por muchos años, tal es el caso de Víctor Mora, Jaime Uribe, Dagoberto González, Agustín Calle, César L. Quintero, Marceliano Borrero y el propio Grajales, quien en una magistral demostración de fortaleza se coronó cuádruple campeón suramericano al ganar las pruebas de su especialidad: los 200 y 400 metros planos, además de ser pieza clave en los triunfos cosechados en las dos postas. Grajales tenía como mejor antecedente para este evento, el subtítulo en los 400 metros planos, logrado en el torneo suramericano de 1965 en Río de Janeiro.
La categoría del velocista valluno la patentizó así el cable internacional de la UPI, fechado el 16 de octubre en la capital bonaerense: “El mejor atleta masculino del torneo fue considerado el colombiano Pedro Grajales y en damas la brasileña Das Gracas Pereira…”
Un día cualquiera don Pedro Grajales Reyes, padre del campeón, explicó cómo había surgido su hijo para bien del atletismo: “Su iniciación fue muy curiosa e interesante por cierto. Alguna vez vio que las gentes perseguían a un ratero por las calles de la ciudad. El hombre corría velozmente y parecía que era imposible darle caza. Pedro se le puso al corte, descontó la distancia y a las tres cuadras logró superarlo, detenerlo y entregarlo a la policía.
“La noticia sobre sus aptitudes llegó hasta las autoridades deportivas, quienes auspiciaron sus entrenamientos. Después comenzó a figurar en competencias locales…”
Así fueron los primeros pasos de una gloria de nuestro atletismo: Pedro Grajales Escobar.
Por: Tobías Carvajal Crespo