En su habitual columna del día domingo en el diario bogotano ‘El Espectador’, el colega Iván Mejía Alvarez hace referencia a los vaivenes del fútbol colombiano, siempre atado por un cordón umbilical indestructible al balompié de Argentina.
En uno de los apartes de tal nota -que compartimos en buena parte- dice:
Del Río de la Plata también llegaron las buenas y las malas costumbres en los estadios. El futbolito lento e improductivo que durante años caracterizó su juego y que acá se copió y algunos toman como ‘nuestra identidad’, como si tener la pelota en el propio campo, dándole vueltas y revueltas fuera la panacea. También se copió -sigue la nota de Iván- la horrenda costumbre de las barras bravas, delincuentes sin ley que amparados en una camiseta quieren matar a todo lo que ven a su alrededor.
Esa violencia también llegó desde allá y, peor aún, la violencia oficial de hampones de barras patrocinadas por dirigentes criminales y sin escrúpulo, que los han tomado a su servicio contra periodistas y oposición.
Cuando Vito Grondona, el presidente de la AFA, habla de cambiar el doble torneo, copiado en Colombia por Alex Gorayeb, a imagen y semejanza del fútbol argentino, acá también empiezan las voces de los copietas a pedir que se vuelva a un solo campeonato de ida y vuelta. El sistema colombiano no es perfecto, tiene sus defectos y bien graves, pero ha sido interesante y ha abierto la puerta para que equipos pequeños lleguen a la punta y ganen, algo que en un torneo largo es casi imposible.