Italia alcanzó el título de bicampeón mundial de fútbol, hazaña que solamente repitió Brasil 24 años más tarde en el estadio Nacional de Santiago de Chile, con una nómina casi totalmente autóctona. A diferencia de 1934, cuando la península se alzó con el título, apoyada en varios jugadores oriundos de América del Sur, en el certamen de 1938 solamente un jugador de la formación titular era extranjero: el centro medio Miguel Andreolo, nacido el 6 de septiembre de 1912 en Montevideo.
Andreolo, ‘Charrúa’ de nacimiento, era italiano de corazón. Allí se hizo futbolísticamente y jamás abandonó a Italia, hasta su fallecimiento en 1981, a la edad de 69 años.
Italia y Hungría, unos auténticos ‘extraños’ en la final del estadio de Colombés (por primera vez el país sede no estaba en la final) comenzaron los 90 minutos de juego, mano a mano. Sobre el minuto seis de la fase inicial abrió el marcador el puntero Colaussi, quien aprovechó un buen centro de Biavati, luego de correr algo más de 40 metros en posesión del balón. Szabo, golero húngaro, no pudo evitar la anotación.
Un gol tan tempranero pareció pronosticar un triunfo fácil para los dirigidos por Vittorio Pozzo. La alegría italiana perduró 120 segundos. Sarosi, centro delantero, sacó a relucir su habilidad personal, recogió rivales por todos los sectores defensivos de Italia y pasó el balón, libre de marca, al puntero Titkos, quien doblegó al portero Oliveri. Hasta ese momento una paridad total.
En el minuto 15, una ‘pared’ entre Meazza y Piola, terminó con remate certero de este último, para poner las cifras a favor de Italia. A escasos 10 minutos de finalizar el primer tiempo, Meazza advirtió la buena ubicación de Colaussi y le lanzó un pase largo. El italiano con disparo certero superó al nervioso portero magiar Szabo.
Descuento Húngaro
Para el tiempo final el equipo húngaro, orientado por el técnico Dietz, quien se hizo famoso en aquel Mundial por prometer regresar caminando a Budapest si su escuadra perdía con Suiza (por fortuna triunfó 2-0 en Cuartos de Final) salió en búsqueda de remontar la ventaja.
El partido cobró interés en el minuto 24, cuando el celosamente marcador piloto centro húngaro Sarosi concretó el segundo gol. El marcador se estableció en 3-2 restando 21 minutos de juego.
Cesan las Angustias
El fantasma del empate desapareció de la mente del técnico Pozzo a escasos 10 minutos del pitazo definitivo, cuando Silvio Piola capitalizó un buen pase de tacón de Biavati y superó por última vez al porero húngaro.
Cuando Jules Rimet entregó la Copa Mundo al presidentes francés Lebrun, para que éste la entregara al capitán Guiseepe Meazza, el público galo olvidó todo enfrentamiento y con nutrida salva de aplausos premió al último campeón mundial, antes de la tragedia magna del siglo anterior, la II Guerra Mundial.
Alineaciones
Bajo la conducción del árbitro francés Capdeville, los equipos de la final de 1938 jugaron son los siguientes hombres: Italia: Olivieri; Foni, Rava; Serantoni, Andreolo, Locatelli; Baivatti, Meazza, Piola, Ferrari, Colaussi. Hungría: Szabo; Polgar, Biro; Szalai, Szuca, Lazar; Sas, Vinze, Sarosi. Szengeller, Titkos.