Justa indignación hay en un buen porcentaje de los miembros de la caravana de la 59ª. Vuelta a Colombia, después de los hechos acaecidos el día anterior (etapa entre Guacarí y Cartago sobre 144 kilómetros) cuando a sólo 50 kilómetros de la meta, un pinchazo del líder Fabio Duarte, del equipo ‘Colombia es Pasión’, motivó la inmediata estampida, a todo ritmo, de los ruteros del equipo Lotería de Boyacá, que dirige el español Vicente Belda e igualmente de Une-Epm, que orienta el antioqueño Raúl Mesa Orozco.
Lo cierto del caso es que el campeón mundial de ruta Sub-23, carente de un equipo que lo reintegrará rápidamente al grupo puntero, amén de unos cuantos vehículos ‘estratégicamente entreverados en la vía’, según lo denunció muy molesto el técnico Oliverio Cárdenas del equipo ‘Colombia es pasión’, no pudo descontar el tiempo perdido o al menos parte de él. La sentencia en la meta superó los 7 minutos entre el grupo puntero (donde estaba el ahora líder Fredy González) y Fabio Duarte.
En la Vuelta a Colombia del año 2005, Hernán Buenahora, siendo el líder, pinchó en el circuito final del Parque Nacional de Bogotá, circunstancia que aprovechó el señor Libardo Niño, para sin temblarle, en esta caso las piernas, ponerse en completo plan de fuga y ganar la Vuelta, no ciertamente en la demostración más evidente de ‘juego limpio’ y de caballerosidad deportiva.
Y para no ir muy lejos recordemos la ‘jugada’, en plena carretera, del español Javier Mínguez, quien siendo técnico de Francisco ‘Pacho’ Rodríguez, en el equipo ZOR, hizo parte de una plan para facilitar el triunfo final de Pedro ‘Perico’ Delgado, frente a Roger Millar y el propio Rodríguez. Fallaron las comunicaciones, se fue ‘la onda’ entre los vehículos y quien ‘debía ganar’ apareció en lugares de privilegio, en detrimento de la dupla colombo-escocesa.
‘Juego sucio’ que se utiliza en el Tour, el Giro y la Vuelta, en países europeos y obviamente –aunque igualmente motivo de censura- en la criolla Vuelta a Colombia.