Si antes de colocarse la primera piedra del nuevo estadio de béisbol de los Yanquis si hubiesen conocido los factores a favor y en contra que tiene el sitio en donde se levantó el majestuoso parque de pelota, quizás tanto ingenieros como arquitectos hubieran puesto sobre la balanza que era preferible: un escenario con menos batazos de jonrones, u otro diamante en donde el viento ayude a los bateadores de gran poder.
Difícil interrogante para responder de un momento para otro y, probablemente, bien complicado para decir, a estas alturas, qué era lo más conveniente y oportuno para la construcción de la nueva casa de los Mulos del Bronx. Por dentro y por fuera, es sencillamente un escenario deportivo que reúne todas las condiciones para el gran espectáculo de la ‘’pelota caliente’’.
Pero ya está hecho. Es un palacio por donde se le mire. Probablemente con un poco de lujo, diríamos nosotros, pero en donde la comodidad de los aficionados, desde cualquier sitio en donde se encuentre y en cuya butaca haya adquirido su boleto para el ingreso, podrá admirar todas las incidencias de cada uno de los desafíos de los Yanquis, la más popular novena del béisbol de las Grandes Ligas de todos los tiempos.
Sin embargo, ante la ’’lluvia’’ inesperada de cuadrangulares que se ha presentado en los primeros 23 compromisos de los Yanquis en su nuevo diamante de juego, muchos son las críticas que se han dado, especialmente por calificarse a los batazos que se convierten en ‘’bambinazos’’ como el sumo del espectáculo del béisbol; pero al mismo tiempo, otros consideran que cuando se vuelve costumbre, para la óptica de los aficionados, el máximo batazo de la ‘’pelota caliente’’ se puede convertir en un tablazo más y punto.
Nosotros no compartimos ninguno de los dos puntos de vista, desde el ángulo deportivo, y propio del desarrollo del propio juego, en consideración a que si bien puede ser cierto que el nuevo ‘’Yankee Stadium’’ es posible que ofrezca mejores posibilidades para que los peloteros hagan de las suyas con la pelota enviándola a terrenos de nadie, también es cierto que los imponderables de la propia naturaleza, pueden ayudar al espectáculo en un momento determinado de cada encuentro, y en este caso, podría ser el viento el que pueda estar contribuyendo a la causa de los jonroneros.
Las cifras que ofrecen los 23 primeros encuentros de los Yanquis en su estadio, hasta el 31 de mayo pasado, señalan que los bateadores de la novena de casa han despachado apenas 45 cuadrangulares frente a las ofertas de los serpentineros de los equipos rivales, mientras que los bateadores visitantes han conectado 42 tablazos de cuatro esquinas, frente a los lanzamientos del cuerpo de lanzadores de los Mulos.
La compilación indica que 87 batazos han salido del terreno de juego, menos uno que no se puede sumar como un cuadrangular fuera del diamante, que fue aquél que alcanzó Brett Gardner como un batazo de cuatro esquinas logrado por la habilidad de su desplazamiento sobre las bases y la velocidad que le imprimió a su carrera, para anotar antes de que la pelota llegara al pentágono, para pensar en que hubiese sido puesto out. Fue un cuadrangular de piernas, y nada más. Es decir, en oro puro, 86 batazos han sido ‘’vuelacercas’’ auténticos en los que va de la campaña.
Eso significa, ni más ni menos, que el promedio de estacazos de circuito completo por cada partido se eleva a 3.74 por ciento, cifra que se nos antoja decir, no es tan alta ni tan desproporcionada como se quiere indicar, y mucho menos, si estamos calificando a los peloteros del béisbol de las Grandes Ligas. Menos de cuatro ‘’bambinazos’’ por juego en promedio no tiene nada de raro y mucho menos de contundencia, en un partido de béisbol de las mayores.
Los que han pegado un grito al cielo, que por cierto se ha escuchado en todo el Bronx, deben soportar con alguna tranquilidad que por lo menos concluya la presente temporada para poder analizar, con los numeritos en la mano, si es cierto o no que el nuevo estadio de los Yanquis ha sido diseñado para los jonroneros, para los bateadores de gran poder, o si por el contrario, es apenas pasajera la favorabilidad para los batazos de circuito completo.
Nos parece más acertado lo que han confesado ingenieros y arquitectos alrededor del caso, en el sentido que el viento que se ha hecho presente en el final de la primavera y en el comienzo de este verano, podría ser factor fundamental en el número de cuadrangulares hasta ahora conectados en el escenario, y que para tener un verdadero análisis, habría que esperar por lo menos cinco años, para empezar a sacar conclusiones definitivas sobre si el diamante ofrece ventajas para los bateadores de largo metraje, o si, simplemente, se trata de hechos fortuitos y por lo tanto, de cosas pasajeras, incluyendo la presencia de la brisa, que ha hecho parte de la fiesta beisbolera hasta lo que va la temporada.
Más complicado hubiese sido, como ya ocurrió en el nuevo estadio de los Gigantes de San Francisco, que cuando quedó terminado fue cuando los ingenieros, arquitectos e interventores de la obra, se dieron cuenta que la zona ‘’de calentamiento’’ para los lanzadores relevistas no había sido escogida con anterioridad tanto para el equipo visitante como para la novena de casa, al tiempo que el nuevo Citi Field de los Mets, en Nueva York, en la zona de los lanzadores relevistas del equipo visitante, carece de una buena visión para observar las incidencias de cada partido.
De tal manera que dejemos que por lo menos el viento haga parte de la fiesta, que los jonroneros se diviertan mientras pueden en el nuevo estadio del Bronx, que los serpentineros afinen sus lanzamientos y escondan más cada envío, y que el béisbol de las mayores, continúe raudo y contagioso con este aparente buen momento de la presencia de los ‘’bambinazos’’ en un escenario que, al igual que los otros modernos parque de pelota, ofrece comodidad, generosos espacios para los aficionados, tanto para su ingreso como para su salida; excelentes baterías de baño, confortables cafeterías y recintos en donde se expenden los alimentos, amplios sectores entre cada butaca y lo más importante, que el juego de donde se encuentre uno ubicado, lo va a observar con la tranquilidad y la visión necesarias para recrearse viendo cada desafío que se desarrolle en el nuevo ‘’Yankee Stadium’’.