‘Hazaña de Herrera. Consagración de Colombia en Los Alpes’. ‘¡Histórico! Luis Herrera inscribió a Colombia con letras de oro en el Tour’. ‘Lucho Herrera colosal en Los Alpes. Histórico triunfo en el Tour de Francia’. ‘Herrera, un cóndor en Los Alpes’. ‘Herrera rey de Los Alpes. Licuó a los monstruos’.
Estos y muchos más por el estilo, fueron los titulares de los diarios colombianos el martes 17 de julio de 1984, luego del triunfo de Luis Alberto Herrera en la 17a. etapa de la carrera ciclística más prestigiosa del mundo.
Que Luis Herrera haya sido secuestrado por la multitud a su paso por la meta en esta villa a donde vienen los turistas a pasar el invierno -decía el resumen de R-C-N- no extrañó a nadie.
Estupefactos, miles de franceses apostados a cada lado de la carretera y millones de europeos a través de la imagen de televisión, vieron la magistral actuación del ciclista colombiano. En su arrebato, varias decenas de franceses y colombianos atraparon a Herrera, antes de que los reporteros gráficos, periodistas y camarógrafos de televisión pudieran establecer contacto directo con el ‘escarabajo’.
Herrera conservó toda la calma del mundo a pesar de ser el primer corredor aficionado del mundo que obtiene un triunfo parcial en el Tour, desde cuando éste comenzó a disputarse en 1903.
Podría parecer exagerado, pero la conquista de Herrera tuvo la dimensión de una hazaña en ese territorio, reservado para los ‘monstruos’ de las carreteras europeas. Su camiseta estuvo a punto de quedar vuelta jirones por la avalancha humana que quiso palpar al genio de las montañas, sólo unos instantes después de romper el mito de los europeos.
L’Equipe, el diario deportivo más popular de Francia agotó, desde muy temprano, su edición en todos los puestos de venta. En primera página tituló: ‘Herrera y Colombia victoriosos en la gran cita de Los Alpes’. Otro diario France Soir, el vespertino de mayor tiraje en Francia afirmó: “La Vuelta a Francia vivió ayer un momento histórico con la victoria del colombiano Luis Herrera”. Y más adelante relató: “Una página del ciclismo internacional fue escrita en medio de un verdadero delirio popular. Nunca se había visto tal frenesí en la línea de llegada. Cuando Herrera terminó la etapa, los radioreporteros colombianos estaban al borde de la asfixia a fuerza de aullar su alegría. Banderas colombianas agitadas por los hinchas, gritos de felicidad, peleas por tratar de acercarse al ídolo.
Desde el momento en que apareció por primera vez la alta montaña en el Tour, etapa número 11 entre Pau y Guzet-Neige y Saint Girons con trazado de 226 kilómetros, el colombiano Herrera se mostró como uno de los grandes para las altas cumbres. Luego de superar dos premios de montaña de primera categoría, uno de segunda, dos de tercera y uno de cuarta, el ‘Jardinerito’, a casi cinco kilómetros de la última cumbre -y final de etapa- dio un vistazo general al lote, midió sus fuerzas, vaciló por unos segundos y postergó su partida definitiva hacia el triunfo.
Pero un kilómetro más arriba tomó la determinación de marcharse solo y lo hizo con gran propiedad. Pedro ‘Perico’ Delgado lo vio pasar a su lado y con total resignación advirtió su alejamiento. Igual cosa aconteció con Jean René Bernaudeau y Gerard Veldscholten, el primero francés y el segundo holandés. A partir de ese instante el objetivo de Herrera fue dar cacería al escocés Robert Millar. El kilometraje se agotó rápidamente y Herrera cruzó finalmente la meta a 43 segundos del justamente catalogado, ‘Rey de Los Pirineos’.
Herrera, si bien no ganó aquella etapa por estrecho margen, escaló del puesto 113 al 23 en la general individual, en un salto fantasmagórico, poco usual en competencias de tanta rudeza como el Tour. Con esa actuación, casi que premonitoria, Herrera advirtió a todos los demás corredores de cuánto sería capaz de hacer cuando la carrera entrara en el crucial tramo de Los Alpes.
El viernes 13 de julio, antes de comenzar la durísima travesía por esa zona montañosa, Luis Herrera con su habitual modestia declaró al diario L’Equipe:
Todavía tengo mucho qué aprender. No le tengo miedo a nadie y tampoco estoy conteniéndome intencionalmente. Creo que soy capaz de repetir mi actuación de Guzet -cuando llegó a escasos segundos de Millar- pero estoy seguro que ello no repercutirá mucho en la clasificación general. Los favoritos son ciclistas más completos que yo, más experimentados. No hay problemas para ellos. Yo los puedo molestar, pero no que se preocupen.
Y finalizó diciendo: Quizás Los Alpes sean más fuertes que Los Pirineos, lo cual será mejor para mí. Creo que aún puedo mejorar, y tal vez ganar una etapa. Ese es mi objetivo.
Mejor ‘testamento’ ciclístico no pudo expedir el rutero de Fusagasugá, antes de las cinco consecutivas difíciles etapas en plena frontera franco-española.
La 16a. etapa, una contrareloj entre Les Echelles y La Ruchere -premio de montaña fuera de serie- sirvió para evidenciar el poderío de Herrera. En el terreno plano, unos 11 kilómetros -mitad de la jornada- Laurent Fignon llegó a acumular una ventaja ligeramente superior al minuto sobre el corredor colombiano, pero en la cuesta la fortaleza de Herrera fue manifiesta, al extremo de ubicarse segundo en la jornada, a 25 segundos del francés. En los cinco kilómetros finales, los más empinados, pareció asegurarse por momentos el triunfo del ciclista colombiano, pero la celebración debió aplazarse una vez más.
Al día siguiente el reto fue la temida etapa a L’Alpe d’ Huez, habida cuenta del tramo final, una calificada cuesta de 14 kilómetros en la cual se escalan 1.000 metros, luego de superar 17 curvas repartidas a derecha e izquierda.
Desde la salida en Grenoble, Luis Herrera partió decidido a escribir una epopeya a lo largo de los 151 kilómetros que distan hasta la estación invernal, ubicada a 1.860 metros sobre el nivel del mar. Al paso por el último obstáculo montañoso de la jornada -antes de enfrentar la cuesta definitiva- el francés Bernard Hinault impuso el paso, seguido por Fignon, el suizo Breu, el alemán Dietzen, el escocés Millar y el colombiano Herrera, quien se adelantó a todos en el esfuerzo final y cruzó primero por el alto de Laffrey. A partir de ese momento la etapa se redujo a una lucha titánica entre la dupla francesa de Fignon-Hinault y Herrera.
Paulatinamente Herrera y Fignon tomaron ventaja frente a Hinault y llegaron a acumular algunos segundos, pero éste no se resignó y con la colaboración de un grupo de buenos escaladores logró dar alcance a los dos fugitivos. Consciente de que debía poner tierra de por medio en el terreno plano restante, atacó para dejar a Herrera. Ese intento fructificó y consolidó hasta 26 segundos de ventaja sobre un grupo que, para ese entonces, ya integraban Fignon, Millar, Arroyo y el propio Herrera.
A 20 kilómetros de la meta, Herrera recibió del técnico Rubén Darío Gómez la orden de atacar en forma sostenida. La ventaja de Hinault en ese momento no era definitiva y ninguno de los compañeros del colombiano en el grupo tenía las piernas suficientes para seguirlo en las rampas hacia la cumbre invernal.
El colombiano Luis Herrera dio hoy -escribió Francisco Plo para la AFP- una nueva dimensión al ciclismo rutero mundial, al introducir a América en el historial de la Vuelta a Francia. Desde que comenzó a disputarse la carrera, hace 80 años (en ese tiempo) con la sola excepción de un australiano, todas las victorias de etapas correspondieron a pedaleros europeos.
El triunfo de Herrera fue el fruto de una guerra sin cuartel, en la que intervinieron con todas sus fuerzas los ruteros más poderosos del mundo en los actuales momentos, algunos de quienes naufragaron en el vendaval levantado por el trepador suramericano.
El español Delgado, uno de los favoritos de la carrera -continúa la crónica de Plo- terminó en el puesto 39º., a más de nueve minutos del vencedor. Entre otros derrotados en sus afanes por superar a Herrera, merecen mención especial el francés Bernard Hinault, que se hundió sin arriar banderas.
El mérito del triunfo corresponde por entero al ‘Jardinerito’ de Fusagasugá y eso desde el principio, porque él tomó la iniciativa de plantear la batalla en la escalada del puerto montañero de Laffrey, en la que fueron rezagados todos sus adversarios.
Después protagonizó una escapada con Fignon, durante la cual efectuó el trabajo que le correspondía, tirando de su compañero y luchando juntos para evitar ser alcanzados por la jauría de perseguidores. Estos, más numerosos y animados por un Hinault desencadenado, que echó todas sus fuerzas a la batalla, hasta el extremo de quedar extenuado, logrando alcanzar a los fugitivos antes de la escalada.
De poder a poder, sin tácticas, sin tretas, tan solo con su poderío físico y su ciencia de la escalada -sigue la nota- Herrera se desembarazó de los rivales que todavía se mantenían con él y desbordó, con suma facilidad a un rengueante Bernard Hinault, que se arrastraba por la pendiente, abandonando, junto con su sudor, las últimas energías.
Herrera llegó muy fresco a la meta, pero Hinault, que subía a L’ Alpe d’ Huez como un ciclista al calvario, no pudo impedir que le fueran pasando sucesivamente el francés Fignon, el español Arroyo, el escocés Millar, el colombiano Acevedo y el norteamericano Lemond.
Al término de la exigente jornada, el triunfo espléndido de Herrera eclipsó el liderato logrado por Laurent Fignon, quien gracias a su segundo lugar en la etapa, pasó a superar a su compatriota y ex líder Vicent Barteau por 4m y 22s.
El propio técnico de Fignon, el notable ex ciclista Cyrille Guimard manifestó:
Por un momento me acerqué a Laurent y le dije que era inútil seguir a Herrera. Por ratos le descontábamos distancia en la subida, pero nuestra pelea era por la camiseta amarilla, no por el resultado de la etapa. Yo sé que Herrera es excepcional subiendo y no teníamos nada qué hacer sobre él.
Por su parte el nuevo líder concluyó:
Yo estoy decepcionado con mi etapa -y eso que alcanzó el primer puesto- porque quería ser el primer francés en ganar en esta ciudad, pero estaba frente a un super Herrera a quien no pude batir
Esa memorable etapa del Tour la ganó el famoso ‘Jardinerito’ con tiempo de 4h 39m 24s lo cual equivale a un promedio de 32,427 kilómetros la hora. Fignon cruzó la raya final con retardo de 49 segundos.
Con relación a su triunfo, Luis Herrera manifestó a José Clopatofsky, enviado especial de El Tiempo:
Fue una etapa muy difícil. Tuve dos momentos de angustia: el primero cuando me sentí mal a la salida de Grenoble. El suero que me pusieron el día de descanso me tenía engranado y no estaba con las fuerzas habituales. Luego a la llegada al Alto de Coq, porque se me salió la cadena y tuve que parar para arreglarla, justamente en el momento en que Patrocinio estaba halando muy duro. Me costó trabajar llegar nuevamente.
Después -sigue Herrera- la carrera resultó normal y en la subida pude desempeñar mi ritmo habitual, que a la larga fue suficiente para ganar.
Pero hay una cosa que me satisface mucho: logré mantenerme a la par de Fignon en la bajada hacia el plano. Antier había perdido la rueda en un descenso, pero hoy me sostuve, lo que me permitió rodar con él hasta cuando decidí soltarlo en la subida.
Hoy el ataque sí se produjo en el momento exacto. Tampoco era cuestión de precipitarme.
Luis Alberto Herrera Herrera nació en Fusagasugá (Cundinamarca) el 5 de mayo de 1961