Las carreras de vallas no existían en la antigüedad. Específicamente la prueba de 400 metros con obstáculos figuró por primera vez en los Juegos Olímpicos de París a comienzos del siglo anterior, pero escasamente reunió a cinco competidores. Solamente hacia 1920 esta modalidad atlética logró una plena aceptación.
La prueba de 400 metros con vallas utiliza 10 vallas de 91,4 centímetros de alto, ubicadas a 35 metros una de otra. La distancia entre la última valla y la meta es de 40 metros. En esta exigente carrera cimentó Jaime Aparicio Rodewaldt su nombre para la posteridad, máxime en este mes, cuando llega a la respetable cumbre de los 80 años de edad, desde donde puede contemplar, con gran orgullo, la estela de éxitos que dejó en el firmamento deportivo de Colombia y todo el continente.
Las marcas de Aparicio se comenzaron a tener en cuenta en el ámbito internacional desde los II Juegos Bolivarianos con sede en Lima en enero de 1948, cuando se consagró campeón del área en los 400 metros con vallas, título que refrendó luego en los Juegos de Caracas en 1951. Pero el gran reto era los I Juegos Panamericanos.
Como una adecuada preparación atlética a la gran cita de Buenos Aires, a finales de enero de 1951, se programó el Campeonato Nacional en Bogotá. En una actuación formidable igualó su marca para los 400 metros vallas, con tiempo de 53 segundos y 06 décimas. Por aquellos días la marca suramericana estaba en 53 segundos y 03 décimas, en poder del Brasil.
Luego de superar la fase eliminatoria, donde Aparicio dio muestras reiteradas de sus excepcionales condiciones como vallista, el 28 de febrero se cumplió la gran final en la pista atlética del estadio del River Plate. En un duelo frenético de principio a fin, el título Panamericano fue para el colombiano, con tiempo de 53 segundos y 04 décimas. El segundo puesto fue para brasileño Wilson Gómez Carneiro, quien impuso 53 segundos y 07 décimas.
De aquella final Aparicio recuerda: “En verdad, antes de la prueba yo creí que el gringo Hardeman barría. Había además un brasileño que tenía un magnífico tiempo. Mi meta más modesta era traerme una medalla de bronce para Colombia, superando al chileno que más o menos estaba en condiciones similares a las mías.
“Arranqué mirando al chileno a quien logré pasar en los primeros 100 metros, pero al salir de la segunda curva, me di cuenta que yo estaba solo, a la cabeza de la competencia y atrás los favoritos, Estados Unidos y Brasil. Entonces corrí como loco, confiado en que podía ganar el oro. Tuve un momento de apremio -sigue Aparicio- cuando sentí a mis espaldas los pasos de otro corredor pero no se de dónde saqué fuerzas y sintiéndome las piernas como de trapo, puse en la carrera todo el corazón, pensé en Cali, pensé en Colombia y logré terminar en primer lugar”.
Ubicado en los primeros planos del atletismo americano, gracias a sus triunfos a nivel Bolivariano (1948-1951), Centroamericano (1950) y Panamericano (1951), los éxitos fueron múltiples para Aparicio en todo el discurrir de 1954. El 9 de marzo del citado año, con motivo de los VII Juegos Centroamericanos y del Caribe con sede en México, revalidó su conquista de cuatro años antes en tierras guatemaltecas y al fijar un tiempo de 53 segundos y 03 décimas, no sólo impuso un nuevo registro para dicho evento, sino que también rebajó la marca Panamericana que estaba en su poder.
A propósito de ese nuevo triunfo, cinco días más tarde manifestó en declaraciones exclusivas a El Tiempo: “Ser campeón suramericano es mi máxima aspiración”.
Ese justo anhelo se hizo realidad el 24 de abril de 1954, cuando al cumplirse la penúltima jornada del XVIII Campeonato Suramericano de Atletismo en el estadio de Pacaembú en Sao Paulo -Brasil- se alzó con el título de campeón en los 400 metros con vallas, con el excepcional registro de 52 segundos y 02 décimas, logrando así su definitiva consagración como el primer vallista continental. Siguieron al colombiano los brasileños Wilson Gómez Carneiro y Ulises Dos Santos.
Dos años más tarde, en abril de 1956, Santiago de Chile, sede del XIX Campeonato Suramericano de Atletismo, pudo admirar y aplaudir a Jaime Aparicio, al hacer éste una triple demostración de sus enormes facultades. En primera instancia ganó la prueba de 400 metros planos con tiempo de 47 segundos y 07 décimas, seguido por su compatriota y máximo rival de todos los tiempos, el samario Zadoc Guardiola. Con seis días de diferencia se repitió la historia en la prueba de 400 metros con vallas. En la pista del Estadio Nacional, ante algo más de 40.000 personas triunfó con tiempo de 52 segundos, escoltado una vez más por Guardiola y por el brasileño Anubes Ferraz.
La espléndida carrera de Jaime Aparicio Rodewaldt como deportista activo podría decirse que terminó el sábado 26 de abril de 1958, en Montevideo, sede del XX Campeonato Suramericano de Atletismo. En la final de los 400 metros con vallas se tituló subcampeón, luego de sostener una titánica lucha con el brasileño Ulises Dos Santos. A ese respecto y como respuesta a la pregunta de un periodista en 1961, respondió: “Amigo, yo me retiré antes que me retiraran. Tomé la determinación en Montevideo, cuando el brasileño Ulises Dos Santos me venció en reñida competencia. Ello y el tiempo impuesto me hicieron considerar seriamente mi retiro del atletismo. Y así lo hice poco después.”
Bien cabría manifestar aquí, citando a Sócrates: “Saber retirarse a tiempo es, en cierta forma, una manera de triunfar.” Y en verdad, Jaime Aparicio es uno de los pocos deportistas nacionales que consultó en tiempo oportuno la hora del retiro. Un retiro cuando todavía las multitudes decían al unísono: “No te vayas…”
Los tiempos impuestos por Aparicio, en una época tan carente de recursos técnicos para la práctica del atletismo fueron de tal magnitud, que solamente el 6 de noviembre de 1961 en Buenos Aires, el argentino Juan Carlos Dyrzka, dos años más tarde campeón Panamericano en Sao Paulo -Brasil- pudo implantar un nuevo guarismo para los 400 metros con vallas, al registrar 51 segundos y 02 décimas. La marca anterior era de 51 segundos y 08 décimas, en poder de Aparicio desde los II Juegos Panamericanos celebrados en México a comienzos de 1955. Una vigencia de seis años y ocho meses.
De este colombiano de corazón y caleño de voluntad, máxima figura atlética de Colombia en los Juegos Olímpicos de 1948 en Londres y 1956 en Melbourne, dijo un célebre entrenador europeo cuando lo vio correr los 400 metros con obstáculos en México: “Este atleta con una pulgada más de pierna podría ser el campeón del mundo, pero su estatura es baja para un vallista.”
Según una prestigiosa publicación europea de 1955, a Jaime Aparicio se le llegó a considerar el quinto mejor vallista del mundo.
Jaime Aparicio Rodewaldt nació el 17 de agosto de 1929. Felicitaciones Jaime, tus compatriotas nos sentimos orgullosos de un señor, un atleta y un astrónomo de tan brillantes ejecutorias.