Es uno de los campos más antiguos del mundo, a pesar de su aspecto futurista y moderno, ya que lleva en pie desde 1877, cuando el London Athletics Club mandó construir un recinto deportivo donde poder practicar el atletismo. Ha llovido mucho desde entonces, y más en Londres.
A pesar de contar con tan temprana construcción, no fue hasta 1904 cuando Stamford Bridge no fue destinado a la práctica del Fútbol. Desde entonces, en su césped ha jugado siempre el Chelsea, ya que la fundación del club está ligada al cambio de uso de su estadio.
El estadio tal y como lo conocemos ahora es el fruto de múltiples remodelaciones y sorprende que con el espacio que hay en los alrededores del estadio, Este sea (y con todos los respectos) una caja de cerillas. Porque esa es la sensación que se tiene cuando se entra en él.
Las gradas de detrás de las porterís no son más altas que las del Mini Estadio. Los laterales, son tremendamente verticales. Puede que esta sea la causa que parezca el campo mucho más grande de lo que verdaderamente es.
Los asientos están muy pegados unos a otros, y para una persona de más de 180 tiene problemas para ver cómodamente el partido. Aunque las incomodidades de los asientos intentan ser paliadas por algunas televisiones de la más alta calidad en los vomitorios, para que las esperas por los Fish&Chips se hagan más amenas.
Pero no solo los espectadores sufren. El espacio destinado a los medios de comunicación es, siendo benévolos, muy mejorable. A parte de lo incómodo que es, la visibilidad desde la zona de prensa es pésima, ya que está a ras de suelo, perdiendo mucha panorámica del juego.
The Digital Garden, 21 de octubre de 2009