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Fútbol|Crónicas|Qué es personalidad en el futbolista y su importancia vital
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Qué es personalidad en el futbolista y su importancia vital

Un concepto con más de medio siglo, continúa teniendo plena vigencia.
De la pluma del cronista Ernesto Lazztti, publicada en un viejo ejemplar de ‘El Gráfico’ de Buenos Aires hace precisamente 50 años, esta definición de Personalidad, en cuanto al futbolista hace referencia. Dice así en algunos de sus apartes: “Personalidad es la diferencia individual que distingue a cada persona de los demás. Llevada al fútbol, entonces es el cúmulo de cualidades individuales que hacen de un jugador una figura distinta, diferente de los otros. Es la conjunción de aptitudes que lo facultan para distinguirse, para destacarse.

“El hecho de que un futbolista posea una fuerte personalidad no significa, de ninguna manera, que sea un brillante jugador. Puede no serlo, y sin embargo resulta pieza fundamental de un conjunto, porque dicha personalidad, al traducirse en ascendiente, sirve para orientar un trabajo general. Como puede ocurrir que un brillante futbolista no adquiera, a pesar de sus muchas condiciones, la personalidad necesaria como para imponer su manera sobre todo el equipo, o simplemente para representar individualmente lo que es capaz, sin el respaldo del otro, que con menos condiciones cuenta con aquélla.

“Porque dentro de las cualidades que hacen falta para configurar una personalidad positiva debe estar la de dominar el panorama general del fútbol, y, además, saber exponer esos conocimientos en beneficio de todos. Pues no es suficiente conocerlos, sino también aplicarlos, y ello no es posible si no se tiene ese ‘algo’ que fluye casi sin notarlo de los que están dotados para dirigir, para orientar.

“En todos los órdenes de la vida existe esa diferencia en cuanto se relaciona con la capacidad de ejercer y de dirigir de cada individuo. Por eso en todas las actividades hay quienes ejercen simplemente y quienes, a más de ejercer, orientan, encaminan y dirigen.

“En el fútbol, que es una de ellas, también tiene sus ‘peones’ y ‘capataces’. Grandes ‘obreros’ del fútbol cumplen magníficamente su misión y no intervienen para nada en la organización. Otros menos completos en su trabajo individual colaboran también en la tarea de los demás, y algunos, que representan lo ideal, unen a su gran faena propia su amplio sentido organizativo. Los últimos son por lo general lo que alcanzan a configurar una personalidad definida. Que escapan a su simple condición de pieza, para transformarse en el motor que impulsa a su ritmo la marcha de la máquina, o bien para constituirse en preocupación constante del rival y esperanza permanente de los suyos por su valor personal.

“El fútbol, en todos los tiempos, ha contado con jugadores, que a su manera, han hecho valer su personalidad. Algunos en su aporte personal, otros en el trabajo conjunto, y los que cumplieron con eficacia en las dos formas, individual y colectivamente.

“De ahí que la personalidad de los jugadores varía en el valor que proyectan al conjunto, en relación directa de cómo la exponga cada uno. Bien en forma amplia, generosa, con influencia favorable en todo el conjunto, o como fuerza notable en su puesto, en su función, pero siempre en beneficio del equipo que integren. Pero puede darse el caso que la misma se torne negativa, que es cuando su personalidad más fuerte que la del resto de los componentes, influye para que todos jueguen para él, aun cuando su concepción de juego sea equivocada. O bien cuando la presencia de dos o más figuras de equilibrada fuerza en su personalidad, pero de distinto sentido del juego, interfieren entre sí, o resienten la unidad del equipo, o cuando una de ellas absorbe a otras, anulándolas o disminuyéndolas en su valor.

“En las misma situación están también los jugadores que teniendo una personalidad fuerte, desbordante en algunos casos, no la emplean para hacerse ‘dueños’ del equipo, sino que la aplican como ‘suplemente’ personal en beneficio del conjunto”.

Hasta aquí los principales párrafos de la nota gaucha. Después de transcurrir medio siglo, pareciera tener plena vigencia. Usted, amigo lector tiene la palabra.

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