Rodolfo Kraly, quien nació en la vieja Yugoslavia, fue jugador del Ferrocarril Oeste de Argentina entre 1932-1936 y posteriormente 1946. En Lanús fue técnico entre 1958 y 1960. A comienzos de la década de 1960 llegó como entrenador a Santa Fe de Bogotá. Tuvo un paso fugaz por el equipo ‘Cardenal’ de Colombia.
Hizo estudios universitarios y mantuvo su actividad profesional, vinculada al fútbol por lapso de 34 años. Realizó múltiples cursos de capacitación como técnico de fútbol, hasta llegar a ser una autoridad en el tema.
Hace 50 años, para la desaparecida publicación ‘Correo Deportivo’, dirigida por el no menos prestigioso ‘filósofo’ gaucho, Julio Tocker, que tenía como Jefe de Redacción a Luis Fernando Barros, apodado ‘El Relojito’, escribió la siguiente importante nota, que tiene plena actualidad:
“El eterno tema: atacar o defender” – Por: Rodolfo Kraly
‘Partiendo de la premisa general, según la cual la mejor defensa es un buen ataque y que pega dos veces aquel que aplica el primer golpe, parece evidente que también el fútbol asociado confirma esta vieja regla, pues concentrando sus practicantes los mayores esfuerzos en atacar, más fácilmente alcanzarán su verdadera meta que es el triunfo final.
‘Para vencer en un encuentro de fútbol, es indispensable convertir goles, para convertir goles es necesario tirar al arco contrario, para efectuar remates hacia la valla adversaria, es indispensable accionar en la mayor cercanía posible de la misma. Por consiguiente, es indispensable atacar para triunfar. Si tenemos en cuenta que las comprobaciones estadísticas prueban que, en promedio, siete (7) tiros al arco significan la obtención de un gol, resulta evidente la impotencia de conversiones en el cuadro que limita sus esfuerzos al juego defensivo.
‘Considerando que toda jugada es tanto más peligrosa cuando más cercana al arco, es notoria la ventaja que otorga al adversario todo conjunto que juega en forma netamente defensiva, pues a tal fin sus jugadores se repliegan en su propia zona de mayor riesgo que es el área penal. Sabido es que los delanteros, por ejemplo, cometen numerosos errores que, es su buena parte, pasan casi desapercibidos, mientras una falla del zaguero es simplemente medio gol y toda falla del arquero puede ser gol a favor del contrario.
‘De ahí surge, igualmente, la importancia del juego en el medio campo. Aún para practicar un juego defensivo o para conservar un resultado ventajoso, es un craso error el replegarse. El medio campo tiene la gravitación esencial tanto para el juego defensivo, como para el juego ofensivo. A fin de reforzar su defensa, de concentrar el juego en medio campo, en vez de retroceder en propia área penal. Asimismo el equipo que juega ofensivamente, nunca debe embotellar al adversario en sus últimas posiciones, sino que debe concentrar su acción en el medio campo, a fin de atraer hacía allá a defensas contrarios, con lo que se le ofrecerá mayores probabilidades de brechas y desmarcaciones positivas. Todo defensor tiene una tendencia natural a replegarse (sea cuando quiere conservar el resultado, sea cuando está en un mal día) por cuanto en el menor espacio y con mayor número de compañeros supone mayores posibilidades de defensa. Pero estas supuestas ventajas quedan completamente anuladas por el hecho de que toda e insignificante falla (de las cuales nadie está exento) encierra en sí el máximo riesgo y peligro.
‘A causa de todo ello, en el fútbol moderno (recordamos que este artículo data de 1960) todos los integrantes de un equipo deben ser, simultáneamente, tanto defensores como atacantes. Cuando el balón está en posesión de un compañero, todos deben atacar. Cuando la pelota pasa a poder de un jugador adversario, todos deben defender. Por consiguiente, al defenderse cada uno debe marcar a su hombre de frente y al atacar cada uno debe controlar a su contrario de espaldas. El punto, la distancia, el lado y el momento de marcación, es de carácter netamente individual. Pero ninguno de los componentes de un cuadro de fútbol, en ningún instante del juego, debe olvidar que es, al mismo tiempo, defensor y atacante. Cada uno tiene su propia zona y a su propio hombre, pero cada uno de ellos tiene, también, las obligaciones para con la zona y el hombre ajeno, por cuanto el fútbol asociado es el juego de socios, donde nadie puede considerarse eximido de deberes de conjunto, mutuos y recíprocos. Cada uno de los que forman un once tiene su propia misión específica y, al mismo tiempo, su tarea colectiva. Ninguna de la dos puede descuidarse, pues ello atentaría contra el poderío conjunto y contra el éxito final.
‘Ningún jugador de futbol tiene derecho, por ejemplo a desprenderse del balón de la manera que a él, personalmente, más le convenga, sino del modo más útil para su conjunto. Nadie debe ‘rifar’ la pelota, sino todos deben ‘jugarla’. Vale decir, entregarla limpia y libre a su compañero. (El resaltado es nuestro). En imposibilidad de realizarlo, es preferible que pierda la pelota el jugador que esté en la posesión de la misma, pues de lo contrario malgasta y arriesga las energías propias y del compañero mal ubicado.
‘Las mejores armas de un defensa son la marcación, el amague y la anticipación o antelación –adivinación- de jugadas adversarias. Las mayores armas de un ataque son la desmarcación, la gambeta y el remate.
‘Anteriormente hubo diferencias entre las misiones y entre las convenientes características de defensa y de delanteros. La tarea del defensa era más simple, porque su principal deber consistía en el rechazo. El accionar del atacante era más complejo, porque tenía, al mismo tiempo, que llevar el balón, cuidarlo del adversario y observar a los compañeros. Por ello se consideraba que era más fácil actuar en la defensa que en la delantera, con cierta razón. Pero desde que el fútbol moderno (esta nota -repetimos- es de 1960) impuso a todos los jugadores ser tanto defensores como atacantes, mucho han aumentado las exigencias a sus condiciones individuales y, hoy en día, un buen defensa debe poseer todas las virtudes de un buen atacante, como igualmente un buen delantero debe disponer de todas las calidades de un buen defensor.
‘Contándose con jugadores de tales capacidades, esta será una razón más para preferir un juego netamente más ofensivo que defensivo, pues ello contribuirá, sensiblemente, al mejor lucimiento individual, al mayor poderío de conjunto, al superior brillo del espectáculo, a más momentos de grandes emociones y por ende más atractivos para los asistentes’.
Hasta aquí la nota del profesor Rodolfo Kraly, que bien valdría la pena, luego de transcurrir medio siglo, que los técnicos de hoy, leyeran a sus dirigidos.
Transcripción de Tobías Carvajal Crespo – Marzo 18 de 2010
‘Correo Deportivo’ No. 10